La fábrica de Seat en Martorell, uno de los puntos en los que está afincada la compañía automovilística. EFE

España es el ejemplo a seguir (según The Economist)

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The Economist afirma que las reformas encaradas por España deben ser el camino para la recuperación económica del sur de Europa

Barcelona, 17 de junio de 2017 (13:55 CET)

En su última edición The Economist resalta que las reformas económicas encaradas en los últimos cinco años han servido para que España supere gran parte de la crisis, y afirma que estos cambios deberían ser el camino que tendrían que seguir Grecia e Italia para su recuperación.

El medio británico recuerda que en 2012 el gobierno de Mariano Rajoy tuvo que solicitar un auxilio financiero de 100.000 millones de euros para evitar la quiebra del sistema bancario, y compara aquella situación con el crecimiento económico de los últimos años, en el orden del 3%, “el mayor de las economías más importantes de la zona euro”.

Los motores de la economía española

Además de crear 500.000 empleos anuales, The Economist puntualiza que el país logró alcanzar un PIB superior a los niveles pre crisis. Mientras que antes del 2008 la economía era impulsada por la construcción, ahora el motor son las exportaciones (que pasaron del 23% del PIB en 2009 al 33% actual). Además, España es el segundo productor de automóviles más importante de Europa, detrás de Alemania. Y el boom del turismo es otro de los resortes de la economía.

The Economist: el crecimiento de España ha sido el más alto entre las grandes economías de Europa

El empuje de las exportaciones ha sido posible, además, por el descenso del euro y el crecimiento del comercio mundial; pero la economía también ha crecido gracias a la diversificación de sus sectores, según cita a Jesús Sainz, del Círculo de Empresarios.

The Economist sostiene que la reforma laboral aportó “dinamismo a un sistema rígido” y permitió que las empresas ganen competitividad. En cuanto al panorama bancario, admite que las entidades cuentan con una cantidad de préstamos de difícil recuperación mayor que otros países de la UE, pero el crédito ha vuelto a fluir y alimenta los engranajes de la economía industrial y doméstica. La compra de Banco Popular por el Santander es, a criterio de la publicación, un ejemplo de rescate sin que se produzca un golpe al sector bancario.

La comparación con Italia y Grecia

Al comparar el caso de España con el de otros países del sur europeo, este medio recuerda que las reformas laborales de Italia quedaron a medias y que el país enfrenta diversos problemas en el ámbito bancario. En cuanto a Grecia, recuerda que la UE le exigió emprender una reestructuración de su sistema fiscal y el saneamiento de su economía, pero que estos cambios no se realizaron en profundidad. “España pudo realizar estas reformas antes y de forma más efectiva. Los esfuerzos han dado sus frutos”, dice el artículo.

The Economist destaca que la compra del Popular evitó un impacto mayor en el sector bancario

El PIB de Italia no ha caído tanto como el de España en la crisis ni ha tenido el pico de parados, pero su crecimiento se ha estancado en torno al 1%. Mientras que España redujo los costes laborales, en Italia han crecido. Si bien en Grecia la contratación es mucho más barata, las empresas exportadoras –por la falta de inversión- no pueden aprovecharlo para recuperar puestos de trabajo.

Cuentas pendientes

Pero para The Economist la economía española no es un campo de rosas. La deuda pública llega al 100% del PIB. Más de 230.000 empresas han desaparecido por la crisis, el poder adquisitivo se estancó a niveles de hace una década y todavía hay 3,5 millones de parados (17%), aunque por debajo del pico de cinco millones de cinco años atrás.

The Economist advierte que gran parte del empleo recuperado es precario y poco calificado

Tomando como ejemplo la crisis de la industria alfarera en Talavera de la Reina, The Economist puntualiza que las pymes son las que menos beneficios reciben de la recuperación, debido a las barreras regulatorias y las cargas fiscales.

Además, cita a los economistas de Funcas y Fedea, que detallan cómo los nuevos puestos laborales son trabajos precarios, poco calificados y con contratos temporales.

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