Juan Carlos Escotet, presidente de Abanca, quiere hacer crecer el banco gallego. Foto: Abanca

Escotet entierra otra herencia envenenada de las cajas

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Abanca firma en conformidad varias actas de inspección de Hacienda que se remontan a 2010, el año de la fusión de Caixa Galicia y Caixanova

en A Coruña, 27 de junio de 2017 (05:00 CET)

Con permiso del ladrillo y las preferentes, la fiscalidad se convirtió en un particular quebradero de cabeza para la cúpula de Abanca tras su aterrizaje en la entidad, en diciembre de 2013. El motivo, las actas de inspección levantadas por los chicos de Cristóbal Montoro y que se remontaban a las años anteriores a la fusión. Ahora, la entidad que preside ya Juan Carlos Escotet declara que durante al año pasado tuvo que hacer lo propio, firmando en conformidad actas de inspección que se remontan a 2010, el año de la integración de Caixa Galicia y Caixanova.

Para la historia de las finanzas gallegas quedará que las cajas llegaron a la fusión con muy pocos deberes hechos, sobre todo en cuanto a su solvencia y capacidad de resistencia en un entorno adverso, como se demostró tras la integración. Sin embargo, poco o nada han trascendido los problemas fiscales que dejaron para la posteridad tanto José Luis Méndez, desde Caixa Galicia, como Julio Fernández Gayoso, en Caixanova.

La junta general de accionistas que este lunes aprobó las cuentas de la entidad, y sirvió para dar el relevo de Javier Etcheverría en la presidencia, que recae ahora en Escotet, también validó un informe de gestión en el que se constatan algunos desvelos pretéritos, y que afectan al fisco.

Las inspecciones de Hacienda

Abanca, como es preceptivo y sucede en cualquier empresa o entidad financiera, tiene abiertos a inspección los cuatro últimos ejercicios. Sin embargo, la entidad deja claro en su informe anual que "en el ejercicio de 2016, como consecuencia de la actuación inspectora de las autoridades fiscales, se incoaron actas de inspección al grupo hasta el ejercicio 2010 inclusive, todas ellas firmadas en conformidad, que devinieron en firmes en el propio ejercicio de 2016". Sin desvelar importes, la entidad señala que dichas actas "no supusieron un importe significativo para la comprensión de las cuentas consolidadas en su conjunto".

Ese viaje hasta 2010 de las inspecciones de Hacienda llega precisamente al año de la fusión entre Caixa Galicia y Caixanova. Como en su día adelantó Economía Digital, Gayoso, incluso, llegó a la fusión con el aliento de la Agencia Tributaria en la nuca.  En julio de 2009, Caixanova recibió comunicación de inicio de actuaciones de comprobación e investigación relativas al Impuesto sobre Sociedades correspondiente al ejercicio 2004

Cara y cruz

Caixa Galicia no fue menos antes de la fusión. En la etapa de José Luis Méndez procedió a revalorizar contablemente parte de su inmovilizado material, para ajustarlo a su valor razonable al 1 de enero de 2004, sin que dicha revalorización se incluyera en la base imponible del Impuesto sobre Sociedades. La revalorización contable se practicó en el ejercicio 2005, y su importe ascendió a nada menos 168 millones de euros.

“Fueron tres años de gran intensidad en los que, entre otras muchas acciones, creamos una nueva cultura corporativa, implantamos un nuevo modelo de relación con nuestros clientes, potenciamos nuestra dimensión omnicanal y lanzamos un nuevo concepto de productos y servicios más sencillos y transparentes", ha resaltado Juan Carlos Escotet durante su intervención en la junta general de accionistas que dio el relevo a Javier Etcheverría en la presidencia. Ahora ya es notorio, a la luz de las cuentas aprobadas este lunes, que los problemas con el fisco de las cajas también fueron un obstáculo a salvar.

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