Ence y Finsa abanderan la reforma del sector forestal

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Los dos principales consumidores de madera en Galicia impulsan la certificación y la agrupación de propietarios para ganar espacio en el mercado europeo

Bosque de eucaliptos

03 de noviembre de 2013 (04:14 CET)

La creciente demanda de productos certificados en Europa y la estructura de la propiedad del monte gallego, marcada por el minifundio privado, casan mal. Los estudios indican que el propietario gallego posee una media de dos hectáreas y que el 70% de las propiedades no supera las 100 hectáreas. Un problema no solo para el aprovechamiento de la capacidad forestal de Galicia, sino también para la certificación, un proceso de evaluación de hasta 164 indicadores, basado en criterios ambientales y de sostenibilidad, entre otros. Para el pequeño propietario no es rentable la certificación porque obtiene pocos ingresos por la venta de la madera, pero en Europa crece y es cada vez más demandada.

Lo saben en las principales madereras gallegas, que han expresado su compromiso con la certificación y abogan por una propiedad más concentrada, dos de los puntos clave en las demandas para mejorar el aprovechamiento forestal gallego y relanzar el sector. Así estaban recogidas, por ejemplo, en el informe que la Asociación de Becarios de la Fundación Barrié entregó al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. El proceso de certificación permite a las empresas abrir mercados en el continente y vender más caro, aunque paguen más por la madera. Ence fue una de las pioneras en la obtención de madera certificada, a través de su brazo forestal. En su última cuenta de resultados cerrada en 2012, Norte Forestal gestionaba 13.000 hectáreas, casi la mitad con certificación internacional.

La pastera también forma parte del grupo de certificación Gestores Forestales Sostenibles, impulsado por Nicolás Portela. El otro gran consumidor de madera en Galicia, Finsa, ha expresado públicamente su compromiso para potenciar la certificación y participa en las jornadas de difusión de FSC, uno de los dos sistemas utilizados en Galicia (el otro es el PESC). También cuenta con certificados en cadena de custodia, un seguimiento que va desde la tala del árbol hasta el producto manufacturado.

Empresas y agrupaciones tiran del carro

Los últimos datos de FSC, actualizados este mes de octubre, muestran que en el certificado único de Ence se comprenden 6.377 hectáreas de Norte Forestal, además de 20.582 hectáreas procedentes de otra filial, Silvasur Agroforestal. En el registro está también Maderas Villapol, el grupo familiar con sede en Trábade (Lugo), con 382 hectáreas.

Las asociaciones de propietarios Promacer y Xefosnor, que agrupan a más de 700 familias de productores de Cedeira, As somozas, Cariño, Mañon y Cerdido, suman otras 2.163 hectáreas. Finalmente, entre la consultora lucense Cerna y Gestores Forestales Sostenibles añaden otras 4.500 hectáreas a la cuenta.

En el sector, castigado con dureza por la crisis, tienen claro que el impulso modernizador procede de las agrupaciones de propietarios y de las empresas, que intentan abrir espacio en el mercado europeo. Finsa y Ence compartieron mesa en la Asamblea Anual de FSC celebrada en Galicia el pasado año. La maderera cuenta desde 2010 con esta certificación para su cadena de producción. En el caso de la pastera, el propio presidente, Juan Luis Arregui, expresó su apoyo a la certificación, haciendo hincapié en la sostenibilidad ambiental.

Imprescindible para Zara e Ikea

En realidad, se trata de un factor clave para el desarrollo del sector. Al menos así lo asegura Confemadera y el estudio realizado por la Asociación de Becarios de la Fundación Barrié, que sitúan la asociación de propietarios y la certificación entre los primeras necesidades para mejorar el sector forestal. “Ahora mismo, supone perder oportunidades de negocio, pero en el futuro será un problema para las exportaciones. Pensemos en que Ikea o las tiendas de Zara solo utilizan madera certificada”, explican en Confemadera.

También hay datos para apoyar esta tesis. La madera certificada que sale al mercado es cada vez mayor, (la superficie forestal con certificado alcanzó en mayo los 417 millones, un 8,5% más que hace un año y 115 millones de hectáreas más que en el inicio de la crisis, según el último informe de UNECE/FAO), pero en Galicia hay poca. Apenas un 6% del total, que la sitúa en el tercer lugar entre las comunidades españolas por detrás de Andalucía y Navarra, pero muy lejos, al igual que España, de las grandes potencias europeas, como Suecia o Finlandia.

Las llamadas a la reforma, que han procedido en los dos últimos años de las empresas y de las asociaciones de empresarios y propietarios, llegan en un momento crítico para el sector. Se mantiene como una potencia dentro del Estado, que supuso el 2,9% del PIB gallego el pasado año. Pero la superficie forestal desaprovechada, en torno a un 30% (Finlandia tiene el 12%), la estructura de pequeños y dispersos propietarios y el dañado tejido empresarial siguen lastrando sus números. La industria de transformación de la madera perdió en Galicia 794 millones de euros en facturación y 6.800 empleos en los últimos cinco años.
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