El 'apagón' bancario alcanza ya a 50 ayuntamientos gallegos

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El Santander rivaliza con NCG para captar depósitos en el rural en pleno repliegue del sector financiero

Oficina de Novagalicia | EFE

06 de febrero de 2014 (21:44 CET)

De las 1.890 sucursales desplegadas por Galicia por una veintena larga de entidades financieras, ninguna está presente en un total de 50 ayuntamientos que han sido alcanzados por un completo apagón bancario. Los rótulos exteriores y la actividad interna han ido desapareciendo por el plan relámpago acometido durante los dos últimos años por gran parte del sector para recortar aceleradamente el número de locales. Algunos municipios no dispusieron nunca de entidad abierta al público.

Según los datos combinados de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (Ceca), la Asociación Española de la Banca (AEB), el Banco de España y el listado de las propias entidades financieras, esta cifra de municipios donde hay una total oscuridad bancaria, representa el 16,9% del conjunto de los entes locales de la comunidad, y una nada despreciable cifra de, al menos, 55.000 personas afectadas directamente porque no cuentan con una oficina comercial o un simple cajero desde el que operar en su municipio.

Ourense, la más afectada

Las zonas de exclusión financiera se reparten entre 15 concellos en A Coruña, dos en Pontevedra y 33 con Lugo y Ourense, concentrados fundamentalmente en esta última provincia. Figuran en el listado de sombra bancaria Castro Caldelas, Coirós, Arnoia, Lobeira, A Merca, Os Blancos, A Bola, Rairiz de Veiga, Sandiás, Quintela de Leirado, Baltar, Toén y Trasmiras, entre otros. Pero también están radicados en A Coruña, Lugo y Pontevedra, como As Nogais, Buño, Sobrado dos Monxes, A Capela, Frades, Mesía, Moeche, Irixoa, Rois y As Somozas, así como Boimorto, Dodro, Camelle, Oimbra, Caión, Dozón, Combarro (Poio) …

Los criterios utilizados genéricamente por parte de cajas y bancos para usar voluntaria u obligadamente la tijera en los últimos años han sido, en términos generales, la escasez de negocio y de clientes. Y estos parámetros de selección que coinciden casi al dedillo con los microconcellos gallegos que tienen una población que no supera los 3.000 habitantes.

Cierre tras 50 años

La alcaldesa del concello ourensano de A Bola, Teresa Barge (BNG), donde NCG Banco echó el cierre en junio de 2013 después de 50 años de servicio, ha ofrecido como gancho a las entidades financieras que quieran operar en el municipio la adscripción de todas las cuentas del consistorio y las de los trabajadores públicos, además de un local semiacondicionado. “Estamos en negociaciones –aclara-- pero las condiciones que ellos plantean no son fáciles, porque sólo ofrecen un puesto de trabajo remunerado a través de las comisiones”.

La regidora apela a motivos extraeconómicos para un hipotético regreso de NCG a esta población de 1.500 habitantes: “Los clientes siempre fueron leales a la entidad aun cuando se les ofrecieron otras posibilidades; muchos son emigrantes, además de que también hay preferentistas que deben ser atendidos”.

100 oficinas menos

La reducción de la red financiera autonómica sólo en el último año se ha traducido en un centenar de oficinas menos, de las que 49 pertenecían a NCG. Aunque en menor medida, otros grandes grupos en fase de repliegue son el Popular-Pastor, Bankia, Caixabank y Barclays. Novagalicia, por su parte, minimizó su red al dar cumplimiento al ajuste impuesto por Bruselas tras el rescate bancario.

Aún así, desde la entidad aseguran que ofrecen asistencia "al 98% de la población gallega". De hecho, ha aumentado el radio de acción de sus dos bancobús, con los que da servicio todas las semanas a más de una veintena de concellos en los que no dispone de oficina física.

Por su parte, el Santander tiene en marcha un plan en el que su objetivo principal es la búsqueda de depósitos allí donde se hayan replegado otras entidades. Y lo hace ahorrándose las oficinas propias y el personal, yendo de la mano de agentes comerciales individuales que reportan sus actividades a la entidad y que cobran sus comisiones por operar con el apoyo directo del grupo.

Desertización rural

La Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp) considera que el repliegue de las cajas y bancos es el reflejo de una permanente dualidad en el rural gallego. “Es difícil de encajar –aseguran fuentes de la entidad- que poblaciones con menos de 2.000 habitantes puedan tener polideportivos o conservatorios de música, como sí es el caso de una cabecera de comarca; pero también es dramático ver que la desaparición de las entidades no es más que otro elemento que fomenta la desertización del rural”.

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