Botín, de rojo socialista, frente al azul de Francisco González

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RELACIÓN POLÍTICA

Zapatero y Botín, aliados en la crisis./EFE

10 de septiembre de 2014 (20:55 CET)

¿Emilio Botín socialista? No exactamente. Francisco González, ¿favorable al PP? Algo más cercano a la realidad.

Los grandes banqueros de un país apoyan a los gobiernos de turno. O, analizado en otros términos, los presidentes los Ejecutivos, del color que sean, necesitan que el poder financiero no les de la espalda cuando toman decisiones especialmente complicadas.

España ha pasado por una situación crítica en los últimos dos años, cuando estuvo al borde del colapso en el verano de 2012. Y en esa situación los dos grandes banqueros, Emilio Botín, al frente del Santander, y Francisco González, el presidente del BBVA, mostraron querencias y comportamientos distintos.

Un directivo empresarial que conoció bien a Botín, defiende esa sutil diferencia, al precisar que Botín buscó siempre la estabilidad institucional, y que, para ello, no dudaba en apoyar a gobiernos socialistas. Hizo lo contrario, también dio cobertura a gobiernos del PP, pero siempre porque entendía que la estabilidad pasaba por los dos grandes partidos, aunque "siempre se sintió más cómodo con los socialistas, porque apreciaba más sus equipos económicos".

Apoyo al PP

Con el PP ocurrió en 1996, cuando, pese al enorme malestar que causó en el Gobierno socialista, que presidía Felipe González, Botín alabó el programa económico del PP, y apostó por un cambio político, que, por primera vez en España, iba a conducir a un gobierno de derechas desde la etapa democrática. Con Aznar en el poder, Botín entendió que España afrontaba una etapa de gran transformación que le llevaría a formar parte, como miembro fundador, de la zona euro.

Pero, con los gobiernos socialistas había mantenido una gran conexión. Botín había logrado, con Narcís Serra como vicepresidente del Gobierno, hacerse con Banesto, después de que el Banco de España ordenara la sustitución de los gestores de la entidad, entre ellos el presidente Mario Conde, el 28 de diciembre de 1993. Un empresario valora ahora aquella jugada “como una operación clave para el futuro del Santander”.

Bendición a las reformas de Rajoy, algo tarde

Botín protagonizó el mismo apoyo a un Gobierno del PP en mayo de este año. En una reunión con el Consejo Empresarial para la Competitividad, (CEC), que agrupa a las principales empresas y bancos de España, el presidente del Santander alabó la gestión de Mariano Rajoy, y le animó a seguir el ritmo de las reformas y a que fuera, de nuevo, el candidato del PP para optar a un segundo mandato entre 2015 y 2019.

Sin embargo, ese apoyo Rajoy se lo tuvo que ganar, porque Botín rechazó la pretensión del ahora presidente del Gobierno de que el anterior jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, adelantara las elecciones en la anterior legislatura.

Fotos con Zapatero

Ya en marzo de 2011, Rajoy pedía elecciones, mientras que Botín trataba de hacer ver que no era lo más conveniente para el país y que lo mejor era ofrecer el máximo apoyo al gobierno de su país, que era, en ese caso, del PSOE. Y no dudó en aparecer en todos los actos necesarios junto a Rodríguez Zapatero para mostrar su apoyo a la llamada Marca España, pese a que el PP siempre intuyó que lo que deseaba de verdad Botín era el indulto del Gobierno a Alfredo Sáenz, su número dos, que, efectivamente, llegó.

¿Cambiaba de chaqueta Botín? Eso era algo que le molestaba especialmente, según un empresario que tuvo una alta capacidad de interlocución con el financiero. “Buscaba la máxima estabilidad institucional”, asegura, “y eso le diferenciaba de otros directivos financieros”.

La paradoja es que Botín no tuvo problemas en acoger a distintos responsables políticos, o altos directivos de gobiernos de distinto signo. Pero la máxima seguía siendo la misma: estabilidad de las grandes instituciones del país, una pretensión que es, precisamente, la que ahora cuestionan los movimientos de la izquierda alternativa como Podemos.

FG, desde la pública Argentaria

Una de las decisiones de Botín, ya alejadas en el tiempo, fue nombrar al ex presidente de Argentaria, Francisco Luzón, en noviembre de 1996, director general adjunto al presidente en el Santander. La designación tenía toda la carga política, porque Luzón había sido sustituido en Argentaria por...Francisco González.

El PP, tras la victoria electoral, había sustituido a los principales ejecutivos de las empresas públicas. Y Luzón era un damnificado, aunque Rodrigo Rato le buscara un puesto como consejero de Transmediterránea y Empresa Nacional de Autopistas (ENA).

De la misma forma, el presidente del Santander no dudaba en fichar a Rodrigo Rato en enero de 2008, con el inicio de la crisis, porque era el ex ministro de Economía del PP en el que él había confiado para poder apoyar a Aznar en 1996. Y, tras la salida de Rato en 2010, para presidir Caja Madrid, Botín lo recuperaba como miembro del consejo asesor internacional del grupo Santander en septiembre de 2013.

Críticas al sistema de cajas

El contraste con Francisco González, en cambio, es grande. El presidente del BBVA, conocido como FG, acabó presidiendo la fusión del BBV con Argentaria, --que fue privatizada con el Gobierno del PP-- descabalgando a Emilio Ybarra, salpicado por las cuentas secretas del antiguo BBV en el paraíso fiscal de Jersey.

González no ha ahorrado críticas a los gobiernos socialistas, aunque ha tratado, también, de distanciarse del poder bajo los gobiernos del PP. Su máxima es que quien la hace la debe pagar, o la debería pagar. Y en sus numerosos viajes internacionales, no esquivó ninguna crítica al sistema financiero español, como aseguraba en un encuentro con periodistas de información comunitaria, un dirigente eu

Las alabanzas a Rajoy

Pero no evitó mostrar su entusiasmo ante el cambio de gobierno tras las elecciones de 2011. “La percepción sobre España ha cambiado completamente, ha habido un giro radical con el nuevo Gobierno”, aseguraba en los medios de comunicación en febrero de 2012.

La realidad no daba la razón a González, que pedía una prima de riesgo por debajo de los 300 puntos, en relación al bono alemán a diez años, para que España pudiera salir a flote. En los meses siguientes la prima no hizo otra cosa que aumentar, desmintiendo la posible buena nueva de la victoria de Rajoy, hasta el punto de alcanzar en abril los 400 puntos, en mayo los 531 y el punto más alto el 24 de julio con 637 puntos.

Los dos bancos, en todo caso, con estrategias distintas, son los dos pilares de la economía española, y se debaten, cuando toca, entre esos dos colores, el rojo socialista, y al azul popular.
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