Urgoiti, la opción de Carceller, más cerca de la presidencia de Pescanova

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Damm, que asegura contar con un abultado respaldo, plantea una propuesta de compromiso que se podría enfrentar a Elena Espinosa, apoyada por Fernández de Sousa

Juan Manuel Urgoiti, en una imagen de archivo | EFE

09 de septiembre de 2013 (22:31 CET)

Acostumbra decir de sí mismo que es un modesto coleccionista de arte, sobre todo de autores españoles contemporáneos. Pero también guarda toda una antología de cargos, en lo más alto de las finanzas y la empresa, desde que, a finales de los años 80, decidiera dejar el primer puesto ejecutivo del recién fusionado Banco Bilbao Vizcaya y comenzase una aventura profesional que le ha traído una y otra vez a Galicia. Es Juan Manuel Urgoiti y López Ocaña (Madrid, 1939), un venerable ejecutivo que se embarca ahora en un proyecto sobre aguas turbulentas: la presidencia de Pescanova.

Urgoiti, muy alejado del mundo pesquero, y con ciertos anclajes en Galicia (ex presidente del nacionalizado y reprivatizado Banco Gallego, consejero de Inditex y con el bipartito máximo responsable de la Fundación de la Cidade da Cultura) coleccionará un cargo más si accede finalmente a la presidencia de la multinacional viguesa.

Los números de Carceller


Damm, con Demetrio Carceller al frente y su hermano José como consejero de Pescanova, ha liderado a los opositores de Manuel Fernández de Sousa-Faro desde el principio de la crisis de la compañía, y quiere hacer valer su paquete accionarial (controla algo más del 6% del capital), por debajo del algo más del 7% que tiene Fernández de Sousa-Faro. Sin embargo, la compañía mantiene que en torno a su propuesta de consejo está nucleado hasta un 40% del accionariado de Pescanova, lo que coloca la opción de Urgoiti como la más probable. Luxempart e Iberfomento también apoyan esta candidatura. Frente a ellos, Elena Espinosa podría encabezar la opción de Manuel Fernández de Sousa-Faro para desbancar esta propuesta. Conoce bien el sector pesquero, y su vinculación a Vigo podrían pesar a su favor.

Frente a su desconocimiento del mundo pesquero, la opción de Urgoiti presenta entre sus activos su amplia agenda en el mundo de las finanzas, y su relación directa con los muchos acreedores bancarios que tiene Pescanova, que son quienes finalmente inclinarán la balanza aunque oficialmente prefieren mantener cierta distancia ante la junta. Sin embargo, la cita del jueves en primera convocatoria, y el viernes en segunda, se celebrará a puerta cerrada y con presencia de un notario para levantar acta. Todo ello añade más incertidumbre sobre su resultado, que podría llevar también aparejada una solución de compromiso con los accionistas minoritarios, que cuentan con el fondo Cartesian como sólido apoyo, y a quienes atribuyen también un tibio apoyo a Fernández de Sousa.

Un financiero con agenda

Juan Manuel Urgoiti presidía el Banco Gallego desde mucho antes de que Caixanova se hiciera con su control. Fue a mediados de los 90, cuando la familia Entrecanales (Acciona) requirió sus servicios para desarrollar un proyecto en el que participaban empresarios gallegos; entre ellos, Amancio Ortega o Epifanio Campo. Se llamaba Banco 21, a través del que llegarían a controlar el Gallego, en una de las primeras incursiones del grupo textil al margen de su negocio tradicional. Hoy Urgoiti se sienta en el consejo de Inditex en calidad de independiente como uno de sus miembros más veteranos y forma parte de sus principales comisiones. En Arteixo compartió sillón con otro histórico del Banco de Vizcaya, Francisco Luzón, hoy lejos de Inditex. Urgoiti también fue vicepresidente y consejero de Acciona.

Pero la semana se presenta llena de obstáculos para la multinacional, ya que antes de la junta general extraordinaria, hoy mismo, se celebra una junta de bonistas de la que es seguro que saldrán nuevas querellas. La banca acreedora lo da por seguro, habida cuenta de que de las tres emisiones que llevó a cabo la compañía, las dos últimas han quedado paralizadas, arrojando a los tenedores de bonos convertibles en acciones de Pescanova a una suerte de corralito, al igual que sucede con sus accionistas, con la cotización suspendida desde el inicio de la crisis.
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