Rajoy llegará a Moncloa con el mapa televisivo de Zapatero arrasado

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La última cadena aupada por el Gobierno socialista, La Sexta, cae en manos del editor del diario conservador ‘La Razón’, José Manuel Lara. Berlusconi aprovechó la debilidad de Prisa para absorber Cuatro. El PP prepara una profunda reforma de TVE

Rajoy y Zapatero en el día de la Constitucion

14 de diciembre de 2011 (10:58 CET)

El azul que tiñó el mapa electoral del 20N se ha extendido al ecosistema televisivo. La absorción de La Sexta por Antena 3, además de un movimiento empresarial, es la puntilla al plan de medios de José Luís Rodríguez Zapatero. Cuando Mariano Rajoy llegue a Moncloa, no quedará ni rastro de las cadenas situadas en la órbita socialista nacidas al amparo del zapaterismo.

El aún presidente del Gobierno concedió Cuatro al grupo Prisa -- editor de El País -- que quería desarrollarse en el mercado de televisión en abierto para ganar influencia y acceder al por entonces apetecible pastel publicitario. Rondaba el año 2005, aún no se había cumplido el primer aniversario de la victoria electoral del PSOE tras la presidencia de José María Aznar.

El imperio urgido por Jesús de Polanco pretendía completar su dominio del sector de la televisión de pago con una porción de la gratuita. Canal Plus cedió la posición en el dial a Cuatro y la oferta de suscripción quedó arrinconada a la emisión por satélite gracias a la modificación que de la licencia original (concedida por Felipe González en 1989) aprobó el Consejo de Ministros aquel primer verano de legislatura. Iñaki Gabilondo abandonó la Cadena SER para imprentar el perfil editorial de la nueva marca.

Equilibrando la balanza

Sin embargo, Zapatero no quiso ceder todo el protagonismo catódico al grupo Prisa, situado por los estrategas del presidente en las proximidades ideológicas de la vieja guardia socialista. La Sexta, apadrinada por Jaume Roures --alineado con Carme Chacón--, llegó al analógico a pocos meses de la transición a la televisión digital terrestre.

El Mundo y ABC explotarían sus señales en el nuevo sistema en breve gracias a las concesiones aprobadas por Aznar y en la órbita del aún presidente consideraron estratégica la nueva cadena, no sólo para contrarrestar la representación de los medios conservadores, sino para generar una señal alternativa a la controlada por Prisa.

El presidente de La Sexta, Emilio Aragón, encendió las emisiones en la primavera de 2006. Roures completó el movimiento lanzando Público, el diario situado a la izquierda de El País. Los dos nuevos actores han respaldado sin fisuras la mayoría de movimientos de Zapatero.

Ambas señales --Cuatro y La Sexta--, junto a una profunda reforma de Televisión Española que la sacó del mercado publicitario, debían conformar el contrapeso al resto de cadenas, básicamente Antena 3 y Telecinco.

Sin embargo, la crisis de los medios ha finiquitado el mapa televisivo de Zapatero. Las tensiones de tesorería de Prisa forzaron la venta del negocio televisivo en abierto que fue adquirido por Mediaset (Telecinco), controlada por Silvio Berlusconi. El ex primer ministro italiano también mordió fuerte la plataforma de pago de Prisa (22%) y hoy por hoy es dueño del mayor grupo audiovisual español. Prisa ha perdido el control editorial de sus canales.

La gran apuesta televisiva de Zapatero caerá este miércoles. Antena 3 dará luz verde a la absorción de La Sexta y asumirá el control del canal principal y de sus dos señales secundarias (La Sexta 2 y La Sexta 3-Todo Cine). El presidente del grupo Planeta, José Manuel Lara, sumará tres frecuencias más a su conglomerado de medios. Sin embargo, bajo el paraguas del empresario catalán, han convivido proyectos editoriales tan opuestos como el diario catalanista Avui y La Razón.

RTVE, en el punto de mira

De la gestión televisiva del antiguo gobierno sólo quedará RTVE. El modelo, ha logrado varios reconocimientos internacionales. Los telediarios han sido elegidos en 2010 como los mejores noticieros del mundo.

Pero en el Partido Popular ya están manos a la obra y los cambios llegarán desde el minuto uno, particularmente en el área de informativos. No habrá transición y sus editores serán invitados a abandonar el ente. Por otro lado, y enmarcado en el capítulo de recortes, el nuevo ejecutivo prevé un profundo adelgazamiento de la corporación pública, que este año ha perdido 22 millones. El despedazamiento y la posterior privatización vuelven a estar encima de la mesa.

La época dorada de las televisiones autonómicas también se da por muerta. Una de las primeras leyes que se aprobará abrirá las puertas a la privatización total o parcial de las cadenas regionales. La unión de muchas de ellas se contempla en el borrador de tercer canal.
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