Manifestación de los trabajadores de Poligal en Ferrol contra el cierre de la factoría / CIG

Poligal: fin al sueño de las fortunas de la emigración gallega

La empresa naronesa fue fundada por Benito Blanco y Florencio Aldrey, dos emigrantes gallegos que apostaron por Galicia tras hacer fortuna en Argentina

El lalinense Benito Blanco fue uno de los miles de gallegos que se vio obligado a cruzar el charco para buscar las oportunidades que se le negaban en la comunidad donde se hundían sus raíces. Con 20 años recién cumplidos hizo las maletas rumbo a Buenos Aires, en donde consiguió levantar un imperio empresarial encabezado por la Compañía Minera del Lago. Residente desde hace más de medio siglo en Argentina, Blanco se negó a que su vinculación con Galicia se limitase a su DNI y decidió dedicar parte de su patrimonio a levantar Poligal, una de las empresas que mejor plasma la historia de éxito de la emigración gallega y que ahora se juega su futuro en medio de acusaciones de deslocalización hacia sus factorías de Arcos de Valdevez (norte de Portugal) y Polonia. La sombra del ERE de extinción extintivo para sus 106 trabajadores y del concurso de acreedores se cierne sobre la que en su día llegó a ser único fabricante de propileno de toda España.

“Mi único deseo era que hubiera trabajo y prosperidad en mi tierra nai”, rememora el también presidente de la Federación de Sociedades Españolas de la República Argentina, que afirma sentirse “muy mal” con la situación que atraviesa la compañía. Fue en el año 1991 cuando Blanco impulsó la puesta en marcha del fabricante de propileno con sede en Narón tras una inversión "de 18 millones de dólares”.

Benito

Benito Blanco, tras ser invitado al Parlamento Europeo como presidente del Club Europeo de Argentina. Mariana Vicat

Lo hizo de la mano del también empresario de éxito en Argentina pero con origen gallego, Florencio Aldrey. Cada uno controlaba el 25% de una empresa que él mismo define como “pionera”. “Supimos que España importaba polietileno de Alemania y quisimos que se autoabasteciera”, recuerda Blanco, quien, junto a Aldrey acabó vendiendo su participación al Grupo Peralada de Arturo Suqué, que inicialmente figuraba entre el resto de inversores que aglutinaban el 50% del capital restante.

Su ascenso

“Cuando vendimos nuestra participación a la empresa le iba tan bien que se amplió y llegó a proveer polietileno no solo a España sino también a Alemania”, asegura Blanco. “Éramos una empresa puntera y comercializábamos 15 referencias que eran reconocidas también fuera de España por su calidad”, rememora Rafael Souto, presidente del comité de empresa. Entre ellas el film de propileno con el que surte al sector de la alimentación y que sirve para envasar, por ejemplo, patatas fritas, permitiendo que estas se mantengan conservadas durante más tiempo que con otros materiales.

Florencio Aldrey Iglesias, en una imagen de archivo

El empresario Florencio Aldrey Iglesias, en una imagen de archivo

El presidente del comité de empresa es también uno de los trabajadores con más años de trayectoria en la empresa. En los 22 años que acumula en Poligal, a Souto le ha tocado vivir las dos caras de Poligal. Desde los años de ascenso fulgurante en los que en solo unos meses la compañía ya tenía asegurados los encargos para la producción de todo un año hasta la pérdida de peso de su centro de Narón en favor de Portugal y Polonia, los ajustes de empleo y ahora, el concurso de acreedores. “Llegamos a ser más de 200 trabajadores”, recuerda Souto, que considera que el cambio de tendencia de la compañía se inició tras la jubilación del que era director general de Poligal, Arturo Varón.

Dinero que retorna, ¿dinero que sale?

“A partir de entonces se empezó a potenciar más la fábrica de Portugal, a la que se dedicaron inversiones que en principio tenían que ser para Galicia, porque así podían pagar unos salarios más bajos”, lamenta Souto. A partir de entonces, Poligal invirtió su tendencia. De atraer capitales del extranjero para levantar su fábrica en Narón a desviar estos recursos hacia sus dos fábricas en el extranjero.

Este proceso que culminó en 2017 con la apertura de su factoría en Polonia, a la que se dedicó una inversión 40 millones de euros. “Estaba en España cuando leí la noticia del cierre de Poligal y el traslado de los capitales a Portugal”, comenta Benito Blanco, que lamenta que todo el esfuerzo dedicado tanto por el equipo fundador como por la plantilla de Narón acabe quedando en segundo plano “para que el fin sea el interés económico de unos pocos en perjuicio del resto”.

La planta gallega ha quedado relegada a un segundo plano en materia de inversiones frente a Polonia y Portugal. Y, además, una que sí se ha realizado en Galicia, la planta de cogeneración en la parte trasera del complejo de Narón, no ha llegado a ponerse en funcionamiento por errores a la hora de solicitar los permisos. “Está terminada pero si se quiere poner en funcionamiento hay que pagar unas penalizaciones muy grandes porque se había presentado la solicitud fuera de plazo y así no compensa”, argumenta Souto.

El futuro

El juzgado ha tumbado esta misma semana las pretensiones del Grupo Peralada de iniciar la liquidación de la factoría de Poligal en Narón. El administrador concursal de Poligal, Pedro Franco Corrons, ha aprobado el concurso de acreedores para buscar una solución a una planta que, según asegura la plantilla, “tiene futuro”. “La mejor prueba de que somos competitivos es que casi un 80% de nuestra producción se destina al exterior”, argumenta Souto, que se resigna a pensar que el mayor fabricante de polipropileno de España se vea obligado a cerrar sus puertas. “Lucharemos todo lo que haga falta porque estamos seguros de que esta fábrica es viable”.

Un artículo de Javier G. Casco

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