Pescanova cumple un año de crisis a la espera de un acuerdo que evite la quiebra

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Banca e inversores interesados en la multinacional intensifican sus negociaciones para llegar a una propuesta de convenio

Urgoiti, Yago Méndez, Demetrio Carceller y Fernández de Sousa | EFE

27 de febrero de 2014 (00:52 CET)

La propuesta o propuestas de convenio para sacar adelante a Pescanova deben presentarse antes del próximo lunes, 3 de marzo. La multinacional afronta una fecha decisiva justo cuando se cumple un año desde la presentación del preconcurso de acreedores. Fue el 28 de febrero de 2013 cuando la compañía anunció a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que no iba a presentar sus cuentas y balance en tiempo y forma. Un día después, el 1 de marzo, tras un consejo de administración que acabaría de madrugada, llegó el anunció de la suspensión de pagos. Se destapó una crisis sin igual en la segunda empresa más grande de Galicia que muy pocos se atrevían a predecir.

La crisis de Pescanova no ha dejado a nadie indiferente a lo largo de los últimos doce meses. No ha sido una debacle empresarial al uso. Con el paso de las semanas fueron saliendo a la luz no sólo las guerras accionariales internas que mantenían los principales inversores de la compañía, sobre todo, las supuestas prácticas irregulares que propiciaron que la multinacional tenga una deuda que roza ya los 4.000 millones de euros.

La marcha de Sousa

El momento más crítico en la secuencia de hechos que enmarcan el annus horribilis de Pescanova, se produce a principios de julio, cuando la consultora KPMG finaliza su análisis forensic, en el que destripa las actuaciones tanto de Manuel Fernández de Sousa, todavía presidente del grupo, como los principales directivos de la cúpula. Para entonces, Anticorrupción ya había solicitado al juez la imputación tanto del histórico empresario como de Alfonso Paz-Andrade, José Antonio Pérez-Nievas y José Alberto Barreras.

Facturas falsas, entramado paralelo, testaferros, ramificaciones en paraísos fiscales y deuda oculta. Todo ello discurre a lo largo de las 334 páginas del informe de KPMG que acabó por tumbar a Fernández de Sousa, que acabó por dejar la presidencia de la multinacional. Se fue, aunque siempre defendió que todo lo hecho había sido por el bien de la empresa y sus trabajadores.

El futuro de la multinacional

Pasado ya un año de la crisis, Pescanova tiene mucho de lo que arrepentirse, pero también cosas de las que alegrarse. A pesar de la suspención de pagos, de momento no se ha producido una reducción de plantilla, y la intención es mantener los puestos de trabajo. Apenas se ha tenido que recurrir a la venta de activos (a excepción de una filial australiana) y no ha habido retraso en el pago de nóminas (Xunta y bancos inyectaron 54 millones en junio para destinar a pagos corrientes). Durante 2013 logró unas ventas de más de 1.200 millones, un 18% menos de las alcanzadas un año antes.

Ahora la banca negocia in extremis un convenio de acreedores con los interesados en hacerse con las riendas de Pescanova. Los contactos se están intensificando en los últimos días. La opción que gana más enteros es la posibilidad de que las principales entidades atrapadas en la pesquera se hagan con el control de la compañía, aunque con la ayuda de un socio industrial, la cervecera Damm, de Demetrio Carceller.

Sin embargo, hay más opciones. La del ex ministro Eduardo Serra, que lidera un consorcio de fondos internacionales, entre ellos Blue Crest y Knight Head.
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