Pemex se militariza

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Da plenos poderes a un general del Ejército mexicano para implantar una férrea política de seguridad que afectará a todas las empresas de su holding, como Barreras

Trabajador de Pemex en una refinería de Tabasco, en México | EFE

19 de mayo de 2014 (20:43 CET)

La petrolera estatal mexicana Pemex ha decidido dar un paso más en su intento de ser invulnerable a los numerosos y costosos asaltos a sus instalaciones y propiedades industriales, empleando para la tarea a un general de brigada del Estado Mayor del Ejército. Con una subdirección creada especialmente para él y con poderes extraordinarios en relación a la actual la política de vigilancia, el jefe militar asumirá la seguridad en todas las empresas del holding, sus subsidiarias y las participadas, tanto en su propio país como en los activos industriales internacionales. Esto incluiría, según los parámetros del reciente acuerdo tomado por el consejo de administración, al astillero gallego Hijos de J. Barreras, pero descartaría la implementación del medidas sobre Repsol, que ya cuenta con su propio protocolo en este campo.

La cúpula del gigante energético americano tiene en el punto de mira los posibles ataques para la destrucción de sus instalaciones y las actividades de delincuencia organizada para el robo de su costosa maquinaria y equipos tecnológicos. Pero, con todo, la más llamativa y conocida de las fisuras en el sistema de vigilancia y control de Pemex son los constantes robos de crudo refinado y gasolina de consumo. En 2013 se produjeron pérdidas por valor de casi 1.300 millones de euros por estas prácticas, que no sólo suponen un quebranto a las arcas de la petrolera, sino en paralelo también un problema de salud y seguridad para la población que reside en las cercanías de las instalaciones violentadas. La población local los llama "ordeños".

Números rojos


El problema ha crecido de forma alarmante en los últimos meses y el consejo de administración ha decidido reorganizar la gerencia que antes se encargaba de estas actividades y crear una subdirección de Salvaguardia Estratégica con poderes reforzados para formar los equipos humanos y gestionar las actividades por tierra, mar y aire, según refleja el reciente acuerdo del órgano de dirección. Los delitos contra las instalaciones de Pemex son, a juicio de los directivos, una causa perfectamente contabilizable dentro de los cuantiosos números rojos que ha firmado la petrolera al cierre de 2013. Pemex facturó 88.213 millones de euros y perdió 9.271 millones. La nueva subdirección de seguridad es uno de los cambios más sustanciales en la reorganización interna de la petrolera, que ha sido puesta bajo la lupa por el Gobierno de Peña Nieto ante la inminente privatización del sector energético estatal.

Un halcón militar

El nombramiento, dada la colosal misión que supone, no ha recaído en la figura de un desconocido. Muy al contrario: se trata de Eduardo León Trauwitz, quien ya fue en su momento jefe de seguridad del actual presidente de México, Enrique Peña Nieto, cuando este era candidato presidencial. El general goza de las simpatías de la cúpula del Gobierno norteamericano, al menos entre los afines al partido gobernante. Sin embargo, la designación para el ejercicio de tan inmenso poder ha reunido en torno al militar a un coro de voces críticas. Principalmente es censurado por su meteórica carrera en el escalafón militar, al pasar del grado de coronel al de general en muy poco tiempo, en cuyo ascenso influyó de forma determinante el propio Peña Nieto.
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