Navantia recurre a un truco contable para evitar la quiebra

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Una inyección de 268 millones de fondos públicos en forma de préstamos participativos impide que el grupo de astilleros públicos entre en causa de disolución

Protesta de los trabajadores de Navantia en Ferrol

en A Coruñar, 30 de junio de 2016 (02:31 CET)

Navantia llega al final del tunel con la lengua fuera. La sequía de pedidos, insuficientemente aliviada por el encargo de la petrolera mexicana Pemex, castigó tanto sus ingresos que terminó el pasado curso en quiebra técnica. Solo una maniobra contable y el apoyo de los fondos públicos que maneja la Sepi, su dueño, evitaron que entrara en causa de disolución, tal y como la establece la Ley de Sociedades de Capital.

El Estado accedió a transformar más de 200 millones que había concedido a Navantia como crédito para el desarrollo tecnológico e industrial en préstamos paticipativos y aprobar un préstamo adicional a la empesa de 60 millones con el objetivo de esquivar la quiebra.

A cierre del año, Navantia presentaba un patrimonio neto negativo por valor de 108,8 millones, tras incurrir en pérdidas de 166,7 millones, las mayores de su historia. Una quiebra técnica de manual que se poduce tras acumular años en números rojos.

La maniobra contable

Para revertir esta situación, que con la ley en la mano metería a Navantia en causa de disolución y obligaría a una reducción de capital, el consejo de administración propuso a la Sociedad Estatal de Participaciones Industiales (Sepi), su socio único, transformar créditos por valor de 207,8 millones en préstamos participativos. De esta manera, pasarían a computar como fondos propios de Navantia, que suman para el patrimonio neto.

Como Sepi y Navantia son ambas entidades públicas y están bien avenidas, el socio único de los astilleros no tuvo problema en acceder a la petición. Mágicamente, el patimonio neto de Navantia pasó de la cifra de 108,8 millones en negativo a 159 millones en positivo.

Para culminar el viraje contable y evitar la quiebra técnica fue necesario que las arcas públicas inyectasen otros 60 millones más en forma de préstamo participativo.

En conjunto, el Estado aportó préstamos participativos a Navantia por valor de 267,8 millones en dos tandas. El 29 de mayo de 2015 transformó préstamos por valor de 128,8 millones y el 30 de diciembre del año pasado transformó otros 79 millones, además de aportar los 60 millones adicionales.

[Lea Navantia hunde los resultados de su dueño, la Sepi, que pierde 151 millones]

Trabajo para cinco años

La solución no funcionó mucho tiempo porque en marzo de 2016 la empresa que dirige José Manuel Revuelta incurrió en pérdidas por valor de 20,8 millones que redujeron el patrimonio neto. El nuevo traspiés llevó otra vez a Navantia a entrar en causa de disolución, pues la ley de sociedades de capital establece que el patrimonio neto no puede reducirse a consecuencia de pérdidas a una cantidad inferior a la mitad del capital social.

Sobre esta situación, Navantia se limita a explicar en su memoria que "los resultados de la propia actividad permitirán realizar sus activos y liquidar sus pasivos"; que la Sepi "monitoriza la situación financiera y patrimonial mensualmente"; y que se ha reforzado la situación financiera para atender a los nuevos contratos que permitirán un desarrollo de negocio "muy favorable para los próximos cinco años".

El auditor mira para otro lado

Hay que recordar que los astilleos públicos firmaron en mayo un contrato clave con la Armada australiana para la construcción de dos buques de aprovisionamiento de combate por valor de 430 millones.

¿Qué dice el auditor de la situación contable de Navantia y de las maniobras contables? Absolutamente nada. PwC firma una auditoría inmaculada, sin salvedades y sin incluir párrafo de énfasis sobre el estado patrimonial del grupo.

[Las cuentas de Navantia son públicas y pueden consultarse aquí]
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