Navantia busca en la eólica marina una alternativa a la crisis del naval

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La compañía realiza proyectos de investigación en el sector, mientras que los sindicatos destacan el potencial de los astilleros de Ferrol para la construcción de torres

Manifestación en demanda de carga de trabajo de los empleados del naval | EFE

19 de noviembre de 2013 (20:41 CET)

Este martes más de 2.000 trabajadores, entre empleados de Navantia y sus auxiliares, se movilizaron en Ferrol cortando los accesos a la AP-9. El motivo de la protesta es conocida. La falta de ocupación y las promesas que, por ahora, no se han materializado, han llevado al sector a una situación de crisis profunda. En tres semanas, las gradas de los astilleros de Ferrol y Fene quedarán vacías y, de momento, no hay noticias, ni de Pemex ni de los cuatro gaseros de Gas Natural, que según diversas filtraciones serán construidos por astilleros asiáticos. Todo ello a la espera de que el próximo 4 de diciembre la compañía presente su plan industrial.

Ante la crisis aguda de la construcción naval y la ausencia de contratos, ¿hay alguna alternativa? En sus cuentas correspondientes al ejercicio 2012, la propia Navantia apunta a un nuevo mercado: el denominado eólico offshore. Según explica la compañía presidida por José Manuel Revuelta en su informe de gestión, el año pasado, cerca de un 50% de la capacidad eólica instalada en Europa se correspondió con el denominado eólico offshore. “En la próxima década se han aprobado campos offshore en toda Europa que totalizarán 18.000 megavatios adicionales a los ya existentes”, apunta Navantia.

Un sector en expansión

Hasta 2030, las previsiones de las que habla la empresa pública dedicada a la construcción naval establecen que este nuevo tipo de potencia eólica marina instalada en Europa puede crecer cerca de los 100 gigavatios lo que supondría “más de 11.000 estructuras de acero correspondientes a las bases de las torres eólicas y más de 50 buques instaladores de turbinas eólicas”.

No obstante, este nuevo mercado al que mira Navantia todavía no ha explotado. Según la propia empresa reconoce “aunque a largo plazo sigue con su expansión tendencial, a corto plazo está sufriendo retrasos respecto a los plazos y objetivos inicialmente previstos”.

Construcciones a la medida de Ferrol

Ignacio Naveiras, portavoz de la plantilla de la antigua Bazán, explica como, efectivamente, de desarrollarse, la tecnología eólica marina podría tener cabida sin problemas en los astilleros ferrolanos. “Navantia cuenta con un grupo específico que trabaja en este sector. El mercado todavía está naciendo pero las demandas podrían ser solventadas sin problema. Las torres que se construyn miden más de 80 metros y se necesitan astilleros que sean grandes y además con una grúa como la de Ferrol. Por el momento, no obstante, tan sólo se están realizando actividades de este tipo en el Mar del Norte”, explica. “En este tipo de producción se tiene que ir de la mano de un tecnólogo, es decir, una Iberdrola, Acciona o Gas Natural, que en los últimos tiempos tampoco es que nos estén dando muchas alegrías”, comenta en relación a la polémica por los gaseros.

De momento, Navantia realiza distintos proyectos de I D i que se centran en la eólica marina.

Otros mercados

Parece claro que la falta de materialización de contratos en la construcción naval tradicional hace que el grupo mire hacia otros mercados. El informe de gestión elaborado correspondiente al pasado año destaca que a partir del acuerdo de licencia firmado con Mitsubishi, que permite la fabricación y comercialización de turbinas de vapor de entre 3 y 15 megavatios se ha desarrollado un plan de información a los potenciales clientes “que ha permitido recibir 45 consultas que se han traducido en la presentación de 33 ofertas”. Eso sí, a cierre de 2012, no se había conseguido ningún encargo en firme.

Números rojos

Los números de Navantia son difíciles de digerir. El grupo cerró el pasado ejercicio con unos números rojos de 78,2 millones de euros, frente a los 42,2 que ya acumulaba de 2011. Además, de un pasivo total de 4.600 millones de euros, algo más de 3.000 millones de euros son deudas a largo plazo, 80 millones a corto y otros 211 millones endeudamiento contraído con empresas del grupo.

De esos 3.000 millones de euros a largo plazo la mayoría proceden del endeudamiento contraído con el Ministerio de Industria. Tradicionalmente, dicho departamento otorga a los astilleros públicos “financiación específica, mediante préstamos que no devengan ningún tipo de interés, que posibilita el desarrollo de ciertos programas militares para el Ministerio de Defensa”, explica la compañía.
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