Trabajadores de Megasa, en una concentración delante de una de las fábricas del grupo en Narón. EFE.

Megasa supera la crisis que desangra a Alcoa, Celsa y Ferroatlántica

La metalúrgica naronesa se mantiene en resultados positivos frente a Ferroatlántica, Alcoa y Celsa, que se ven amenazadas por la subasta de interumpibilidad

La falta de un estatuto de las electrointensivas y las condiciones de la nueva puja eléctrica de interrumpibilidad puesta en marcha por el gobierno en funciones de Pedro Sánchez se han convertido en una importante losa en el camino de la gran industria gallega. La plantilla de Alcoa ya ha levantado la voz de forma pública: en esas condiciones y con las pérdidas que arrastra la factoría San Cibrao dejarán de ser competitivos. Sin embargo, también Ferroatlántica, en Sabón, y Celsa Atlantic, en A Laracha, atraviesan su particular calvario. Fuentes de la plantilla de la primera afirman que podrían verse abocados a un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) si fracasan en la subasta eléctrica. Los trabajadores de la segunda temen la deslocalización: su grupo está a punto de iniciar las obras de construcción de un tren de laminado en su planta de Francia. Una infraestructura que replicará el trabajo que se lleva a cabo en Galicia, con la diferencia de que el precio de la electricidad es más bajo y, por lo tanto, más competitivo, en el país galo.

En el otro extremo se sitúa Megasa. La siderúrgica de la familia Freire, ubicada en Narón, parece la única de las grandes factorías gallegas que permanece inmune a la crisis industrial. Es la única que presenta números positivos y según fuentes de la plantilla, es competitiva, incluso con las situaciones eléctricas actuales. Una isla en medio de la emergencia industrial, un término acuñado por los grupos políticos en la campaña de las pasadas generales.

Una puja recortada

Durante años, las subastas de interrumpibilidad fueron un salvavidas para los grandes consumidores eléctricos. A través de ellas, el Gobierno repartía ayudas a cambio de que los gigantes empresariales se desconectasen del sistema en períodos de exceso de demanda para asegurar su estabilidad. No obstante, a principios de diciembre, el Ejecutivo en funciones asestó un duro recorte a las primas eléctricas en juego en la próxima puja eléctrica, todo esto mientras el prometido Estatuto de la Industria Electrointensiva continúa sin aprobarse.

La subasta anunciada, que tendrá lugar la tercera semana de diciembre reduce a menos de la mitad los megavatios a repartir, pasando de los 2.340 a solamente 1.000. Desaparecen los bloques más grandes, los de 40 megavatios, y solo se subastarán bloques de cinco megavatios. El precio de salida se situará en los 125.000 euros/MW. 

De Alcoa a Ferroatlántica

Alcoa ya ha indicado que participará en la subasta, si bien manifiesta que el recorte aplicado es demasiado drástico. Asegura que la puja derivará en un incremento del precio de la energía. Mientras esto indican en la compañía, los trabajadores se siguen manifestando. La planta de Cervo acabó el año pasado  con unos números rojos de 48 millones de euros. La previsión es que las pérdidas este año acaben en una horquilla que va de los 50 a los 60 millones de euros.

En la planta de Ferroatlántica en Sabón, la situación es similar. Con uno de los tres hornos paralizado desde hace un año ante la escalada de la factura energética, la plantilla tiene marcada en el calendario la semana del 16 al 20 de diciembre. Creen que los precios de la puja bajarán mucho debido a la competición entre las grandes empresas. Un fracaso de Ferroatlántica podría derivar en la aplicación de un ERE en la planta coruñesa, la única ya que le queda al grupo en Galicia tras la venta de las factorías de Cee y Dumbría al fondo TPG. De momento, la compañía ya ha anunciado que llevará a cabo un Erte (Expediente de Regulación de Empleo Temporal) en la planta que posee en Boo (Cantabría). Su director, Alberto Fuentes, afirmaba esta semana que “"si la situación ya era complicada",  con la subasta de interumpibilidad "se pone imposible".

Temor en Celsa

La sangría se extiende a otro de los grandes consumidores gallegos de Energía: Celsa Atlantic, que forma del grupo empresarial dirigido por Francesc Rubiralta y que en el año 2007 integró la, por aquel entonces denominada, Siderúrgica Añón de los empresarios Manuel Añón y el recientemente fallecido Epifanio Campo. La situación de la compañía, con unos 150 trabajadores no es buena de partida. El pasado año firmó unas pérdidas netas de 8,6 millones de euros, frente a los números rojos de 14,7 millones. Fuentes sindicales dentro de la plantilla explican que la previsión este año tampoco pasa por volver a cifras positivas. 

Si bien aseguran que por parte de la empresa no se ha planteado, de momento, ninguna medida de recorte, como en el caso de Ferroatlántica, la situación es tensa, ya que temen una deslocalización hacia Francia. El pasado verano, el grupo Celsa anunció el inicio de las labores de construcción de un tren de laminación en su planta francesa, en Bayona. Con una inversión de 60 millones se espera que quede operativa en unos 20 meses. “Las labores que realizará son muy similares a las que lleva a cabo la planta de A Laracha que, de hecho, trabaja con el acero que se funde en la factoría francesa. Por eso, tememos que se traduzca en una deslocalización, teniendo en cuenta que el precio de la energía es mucho más competitivo en Francia”, indican fuentes de los empleados. 

La isla de Megasa

Así, mientras la tensión se masca en Alcoa, Ferroatlántica y Celsa, la situación semeja, al menos en apariencia, más relajaga en la siderúrgica Megasa. Aunque fuentes de los trabajadores reconocen que la puja eléctrica es "mala, sin ambages" y ya a derivar en una lucha entre las grandes consumidoras de energía, "no va a ser detonante de ninguna acción que pueda perjudicar a la plantilla". La factoría nada contracorriente. En 2018, Megasa Siderúrgica cerró el año con un beneficio que sobrepasaba los 9 millones de euros. La planta, dedicada a la fabricación de productos siderúrgicos, incrementó en un 80% sus ganancias con respecto a 2017, cuando el resultado neto fue de 5,1 millones de euros. Si bien las previsiones para este año no son tan abultada, fuentes sindicales informan de que se mantendrán los números positivos.  Las fuentes consultada por este medio indican que Megasa, con toda probabilidad, acudirá a la puja eléctrica "pero su resultado no va a ser decisivo". "Hace años sí lo era, cuando recibía 6 millones de euros por esta subasta; ahora se va a ir a la baja. La compañçia está saneada, hay más miedo a una desaceleración en el consumo que a lo que pueda derivarse de la subasta, siendo, por supuesto, en sus términos, muy nociva para el sector", convienen.

La situación no siempre fue esta. En 2015, Megasa Siderúrgica cerró el ejercicio con unos números rojos de 10 millones de euros, casi el doble que en 2014, cuando sumó por pérdidas de 5,8 millones. Fueron sus horas más bajas, ya que tuvo que afrontar un ERE que conllevó la salida de 40 trabajadores de la factoría, que nunca volvió a trabajar al 100% de su capacidad productiva.

 

 

Un artículo de C. Díaz Pardo

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