Manuel Fernández de Sousa durante su etapa como presidente de Pescanova | EFE

Manuel Fernández de Sousa, el salvador de Pescanova (según su abogado)

La defensa del expresidente de Pescanova culpa al auditor, a la CNMV y a Damm de la crisis y dice que Fernández de Sousa evitó la liquidación

De villano a héroe. O, al menos, a estar en el equipo de los buenos. Ese es el viaje que diseñó el penalista Gonzalo Martínez-Fresneda para el expresidente de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa, acusado de ocho delitos en el camino que llevó a la quiebra de la pesquera. Este miércoles se retomó en la Audiencia Nacional el juicio, que podría quedar visto para sentencia el viernes.

La defensa de Fernández de Sousa ha repartido culpas por la crisis que hundió a la multinacional hasta acabar en manos de la banca acreedora. Las críticas han ido para BDO, la firma que auditaba los números de Pescanova; para la CNMV y para la familia Carceller, accionistas de la pesquera a través de Damm.

"Se ha dicho que en febrero de 2013 mi cliente ya sabía que la situación era irreversible. Parece contradictorio con el hecho de que entonces aportara 15 millones de euros para intentar salvarla, y además no hay documentación ni evidencia digital que muestre que supiera antes del 28 de febrero del alcance de la deuda", ha esgrimido el abogado.

Martínez-Fresneda defendió que el expresidente de Pescanova fue quien enderezó el rumbo de la compañía para evitar males mayores. En sus propias palabras, acabó "encauzando la salvación" de la empresa y evitó que entrara en liquidación al impulsar la solicitud de concurso de acreedores.

Prácticas contables equivocadas

La defensa de Fernández de Sousa sostiene que no intentó maquillar las cuentas, sino que la compañía incurrió en prácticas contables equivocadas que acabaron provocando una deuda de 3.500 millones sin aflorar. Para el penalista, BDO tiene responsabilidad en el agujero por no ser capaz de detectar en sus auditorías “semejante desfase”.

Reconoce, por tanto, que los resultados que presentaba la compañía no eran “correctos”.  “Esto puede constituir un error contable, pero no una falsedad", señaló el abogado, advirtiendo que no se ha encontrado "ninguna contabilidad 'b', ni cajas fuertes, ni libros secretos, ni se han borrado discos duros o destruido ordenadores".

Error de la CNMV

También ha cargado contra la CNMV por levantar la suspensión a las acciones de Pescanova entre el 4 y el 12 de marzo pese a que la propia empresa ya había revelado al mercado que no había aprobado sus cuentas de 2012, que existían dudas sobre la continuidad de la compañía e incluso recomendaba al regulador "motu proprio" que le excluyera de cotización temporalmente.

La venta que frenó Carceller

De acuerdo con su reconstrucción de los hechos realizada por el abogado de Fernández de Sousa, la multinacional gallega se desmoronó por la necesidad de vender una planta de acuicultura en Chile para recuperar liquidez y afrontar el vencimiento de un crédito que expiraba en aquellas fechas. "Si se hubiera vendido la instalación de Chile, no estaríamos aquí", señaló el letrado.

Martínez-Fresneda culpó a la “actitud” de la familia Carceller como clave para hacer estallar la crisis. Explicó que el expresidente pidió a los dueños de Damm a finales de febrero de 2013 que aportaran capital como había hecho él para poder disponer de más tiempo.

Sin embargo, el accionista respondió en la junta celebrada el 28 de febrero exigiendo que las cuentas de 2012 se acompañaran de una alerta de "preocupación por la continuidad de la empresa", lo que en su opinión provocó "que los bancos cerraran la ventanilla a Pescanova, que no se pudiera renovar el crédito y no se ejecutara la venta en Chile".

Un artículo de Economía Digital Galicia

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