Maduro cumple (a destiempo) con Navantia: paga 215 millones en un año

El régimen venezolano reduce a 48 millones de euros los pagos pendientes a Navantia por la fianza de las ocho patrulleras encargadas en 2006

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A destiempo y a cuentagotas, Venezuela hace frente a su millonaria deuda contraída con Navantia por la construcción de ocho patrulleras en sus astilleros de la Bahía de Cádiz. El régimen de Nicolás Maduro ha cancelado avales por valor de 215,92 millones de euros con la empresa pública, según se desprende de sus cuentas anuales del año pasado.

El Gobierno venezolano, que desde que recibió el primero de los ocho buques en 2010 tan solo había abonado 48,3 de los 312 millones de euros que Navantia depósito en su día como fianza para el megacontrato, aceleró el pago de deudas con la compañía precisamente en un año marcado por la crisis económica, social y política en el país sudamericano.

Los 48 millones pendientes

La entrega de una fianza es un paso habitual en la firma de contratos navales. La empresa encargada de llevar a cabo esta tarea en sus astilleros entrega una determinada cantidad de dinero a la firma que le encarga el contrato como muestra de su capacidad financiera para construir buques. Todo normal salvo la cuestión de los plazos.

Y es que el Gobierno venezolano, que firmó el megacontrato durante el mandato de Hugo Chávez, se comprometió a devolver estos 312 millones a Navantia conforme se fuesen alcanzando determinados hitos (corte de chapa, botadura, entrega etc.). Sin embargo, pese a que siete de los ocho buques ya fueron entregados a la Armada venezolana entre 2010 y 2012, los pagos no llegaban. Hasta 2017, un lustro después de la última entrega, tan solo se habían desembolsado 48,3 millones y aún ahora, pese a la oleada de pagos realizada el año pasado, todavía adeuda otros 47,75 millones de euros.

Sin noticias del octavo buque

La Armada venezolana cuenta desde el año 2012 con siete de los ocho buques encargados a Navantia. Todas ellas fueron construidas en las instalaciones de Navantia en la Bahía de Cádiz (Puerto Real) excepto la restante. Rebautizada con el nombre de Comandante Eterno Hugo Chávez, la última de las ocho patrulleras sería construida en los astilleros de la empresa pública venezolana Dianca.

Sin embargo, la construcción del buque acumula ya ocho años de retraso y sin una fecha de finalización en el calendario. Pese a que once de los doce bloques del barco fueron enviados desde los astilleros de Navantia en Cádiz y que las tareas de Dianca se limitaban grosso modo a ensamblaje y equipamiento interior, el buque todavía se encuentra realizando pruebas de mar.

El otro pufo de Venezuela

Navantia, que redujo sus números rojos de los 296,35 millones de euros de 2017 a los 225,71 millones del año pasado, ha aflorado en sus cuentas otro roto procedente de Venezuela y, en concreto, de una derivada de las ocho patrulleras valoradas en 1.246 millones de euros.

La compañía controlada por la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI) avanzó en su día en la construcción de motores y consolas para el Warao. Se trata de uno de las ocho patrulleras encargadas por la Armada Venezolana y que operó durante varios años hasta que en agosto de 2012 encalló frente a la costa brasileña. Navantia se adjudicó buena parte de las tareas de reparación, pero cuando ya había registrado avances significativos en la producción de estas consolas y motores, decidió abortar la operación ante “las importantes incertidumbres en relación con el cobro por parte del cliente”. Un contrato de 11,34 millones de euros al que Navantia ha renunciado y cuyas piezas no ha conseguido colocar en el mercado desde entonces.

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