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Tras comprar Indipunt, Inditex toma el control total de sus once fábricas pero mantiene alianzas clave en líneas de producción y en la expansión internacional

en A Coruña, 23 de agosto de 2017 (06:00 CET)

Entre las virtudes y los defectos que se le atribuyen a Amancio Ortega hay una característica que está suficientemente probada, la de mantener a largo plazo un personal de confianza al que deriva carga de trabajo generada por el éxito de Inditex. Es el caso, por ejemplo, de los profesionales que montan las tiendas por todo el planeta, tarea que ha convertido a empresas como la naronesa Cándido Hermida en operadores globales en el sector.

Estas alianzas duraderas no lo son tanto cuando afectan al control de la compañía o de sus cadenas. Ortega convivió siete años con la familia Triquell en el accionariado de Stradivarius, pero acabó comprando el 10% que le faltaba en 2005 para hacerse con el control total. En Arteixo siempre se ha preferido tirar de chequera que discutir con socios externos. Pese a todo, en el cerca de medio millar de filiales de la compañía, existen un puñado de excepciones.

Una de ellas era Indipunt, la fábrica de confección de Narón que fundó Manuel Pampín. Con la adquisición del 49% que estaba en manos de la familia Pampín, Inditex lleva a los números lo que ya sucedía en la práctica, un control absoluto sobre sus once talleres, todos ubicados en Galicia y con una plantilla que ronda los mil trabajadores.

Tempe es un caso único en el universo Inditex al tener la multinacional solamente el 50% el accionariado 

La excepción más relevante en el universo Inditex es su zapatería. Tempe, con centro logístico en Alicante, es la más importante distribuidora de calzado de España. Logró unas ventas de 1.237 millones el año pasado, que se convirtieron en 94,8 millones de beneficio.

Allí, en Elche, está el único socio que trata de tú a tú a Amancio Ortega. El empresario Vicente García Torres, presidente y fundador de Tempe, maneja el 50% del accionariado. Jordi Triquell se ha mantenido en la cúpula de Stradivarius desde que Ortega la compró, pero sin peso accionarial de ningún tipo, lo que convierte a Tempe en un caso único en la multinacional.

Expansión en joint-venture

Fue precisamente después de la integración de la cadena catalana de moda cuando en la expansión internacional de Inditex aparecieron nuevos compañeros de viaje, casi todos en la primera década del nuevo siglo y bajo la forma de joint venture.

Inditex aterrizó así en Corea del Sur, donde Zara cuenta con un socio local, titular del 20% del capital. Se trata del Grupo Lotte, uno de los mayores conglomerados del territorio con intereses en el sector hotelero, el comercio minorista, el petróleo o la construcción. Según Kantar Retail, supera los 25.000 millones de dólares de facturación.

Esta fórmula la repitió la multinacional gallega en Australia con Premier Investments, grupo del magnate Solomon Lew, que acumula una fortuna de 1.200 millones de dólares, según Forbes.

Un emigrante ourensano es el eterno socio de Zara en México

En India, Inditex irrumpió en alianza con el grupo Tata, que controla un 49% de las Massimo Dutti y de Zara. El acuerdo se firmó en Arteixo, con la presencia de Pablo Isla de Noel Tata. El conglomerado indio es otro gigante. Engloba un centenar de empresas dedicadas a la automoción, la siderúrgica, las telecomunicaciones o la energía, entre otros sectores.

Antes de entrar en estos mercados, Amancio Ortega llegó a México, un mercado prioritario para casi todas las empresas gallegas del textil. Es, por ejemplo, uno de los territorios de referencia para Adolfo Domínguez en el camino a reflotar sus números. Inditex cuenta allí con un socio eterno, al que con frecuencia identifican los medios aztecas como el dueño de Zara México, aunque lo cierto es que la multinacional gallega tiene el 95% del capital. Se trata de Lino de Prado, un emigrante ourensano, de Celanova, que se convirtió en uno de los empresarios más influyentes de México.

 

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