José Silveira, el dueño de Povisa, junto a la conselleira de Mar, Rosa Quintana (izquierda) y la exministra de Pesca, Elena Espinosa (derecha) / EFE
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José Silveira Cañizares, dueño de Povisa, también controla Remolcanosa, Elcano y un grupo de navieras repartidas por plazas "off shore"

X.R.M.

José Silveira, el dueño de Povisa, junto a la conselleira de Mar, Rosa Quintana (izquierda) y la exministra de Pesca, Elena Espinosa (derecha) / EFE

en A Coruña, 01 de octubre de 2018 (05:00 CET)

Povisa representa una diminuta isla en el mar de negocios de José Silveira Cañizares. La compañía viguesa, en plena batalla con la Xunta por el concierto con el Sergas, preconcurso de acreedores incluido, no es ni de lejos la única preocupación del empresario extremeño, afincado desde joven en Galicia. Silveira, tan remiso a las apariciones públicas como poco conocido fuera de Vigo y su entorno, es todo menos un recién llegado a esto de los negocios hospitalarios. Y, sobre todo, marítimos.

 A través de sus navieras, que pivotan sobre el holding Grupo Nosa Terra 21, el empresario controla prácticamente una cuarta parte del tonelaje total de los buques cargueros propiedad de armadores españoles. De los más de cuatro millones de toneladas brutas (GT) en manos del sector en España, más de un millón corresponden a la Naviera Elcano, adquirida por Silveira a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (Sepi) en plena fiebre privatizadora del Gobierno del Partido Popular de José María Aznar. Y a las más de veinte unidades de esa flota, que se dedica sobre todo al transporte de productos a granel, petróleo y también gas licuado, se suma la de Remolcanosa, con una treintena de remolcadores, dentro y fuera de España, el gran secreto del éxito de este empresario criado muy lejos del mar.

Duros inicios en Extremadura

En el municipio extremeño de Helechosa de los Montes, lindante con Toledo, como en una esquina perdida del mapa, y con un censo que no llega al millar de habitantes, nació José Silveira recién terminada una Guerra Civil que castigó a aquellas gentes como a pocas. Así son descritos los inicios de Silveira en el libro Señores de Galicia, editado por La Esfera de los Libros. Pronto, apenas siendo  un niño, la familia se traslada a Talavera de la Reina, entonces a años luz de convertirse en el polo industrial que es hoy, en busca de una oportunidad. Desde allí, un Silveira adolescente viaja a Madrid, a preparar el ingreso en la Marina, para luego recalar en la Escuela de Náutica de A Coruña, su primer contacto con Galicia. Ya no se movería de la tierra que vio nacer su emporio. Excepto para surcar el mar, desde el Mediterráneo hasta el Báltico. Entre otras compañías, el naviero trabajó por cuenta ajena para Transmediterránea y Pescanova, ocupando puestos como oficial, jefe de máquinas y, por último, inspector de buques.

Su primer negocio

Fue en el otoño de 1965, justo después de cumplir el primer aniversario con la que todavía hoy es su mujer, cuando el naviero emprende su primer negocio a través de la firma Transportes y Frigoríficos Internacional. En esa etapa compatibiliza su puesto en Pescanova con sus pinitos en el sector del transporte marítimo. Y todo, gracias a su esposa, María del Rosario, Charuca, que con el tiempo daría nombre a uno de los remolcadores del grupo y que entonces era la que pilotaba la incierta aventura empresarial de los Silveira.

Charuca controlaba durante años un paquete accionarial del holding que ya es A Nosa Terra 21, significativamente por encima de su marido, y también de los tres hijos (María del Rosario, José Bernardo y Julio) que tienen presencia en el capital.

El papel de la familia Pintado

Junto a los Silveira, otra histórica familia viguesa comparte dinero, riesgo y beneficios en cuanto negocio que emprende el naviero. Se trata su socio el médico Antonio Pintado Saborido, que participa en el grupo, y sus hijos Carmen y Antonio, también con paquetes accionariales. Pero si las relaciones de sangre han sido sólidas entre las familias, no lo ha sido menos el enlace de uno de los vástagos de Silveira, José Bernardo, con la hija de otro vigués en su día todopoderoso, Julio Fernández Gayoso, presidente de las extintas Caixanova y de Novacaixagalicia. Y fueron precisamente los lazos con esa caja, lo que permitió a José Silveira en el 97 lograr la mayoría de edad empresarial con la compra de Elcano. La privatización de la mayor naviera española fue financiada por Caixanova, una complicada operación, repatriación de capitales incluida.

Otra de las filiales del grupo, Lauria Shipping, domiciliada durante unos años en el semiparaíso fiscal Madeira y propietaria de petroleros y bulkcarriers, tuvo sus acciones pignoradas por parte de la caja de Fernández Gayoso en prenda y como garantía de varios préstamos.

Remolcanosa y el salvamento marítimo

Por relaciones, en los malos momentos, entró el naviero en un negocio que no era el suyo, el hospitalario, y le permitirían luego tomar la mayoría del capital junto a un grupo de médicos del mayor hospital privado de España, Povisa, durante años muy rentable gracias en parte a un concierto con la sanidad pública gallega. En esta aventura también le ha acompañado la familia Pintado.

Pero si a alguna de sus empresas está indisolublemente relacionado el naviero, para bien y para mal, esa es Remolcanosa. Fue uno de sus primeros negocios y sobre el que ha levantado su emporio. Aquello comenzó en 1974. Además de la adjudicación de contratos para el salvamento marítimo en Galicia, hoy en día, esta filial, a través de una flota de una treintena de remolcadores, cubre áreas como Palma de Mallorca, Ibiza, Mahón, Motril y Melilla, y también se ha extendido a Portugal, con base en los puertos de Leixoes, Viana do Castelo y Aveiro. En Argentina y Brasil, a través de Elcano, también está presente el grupo. Parte de las ramificaciones del holding pasan por Nassau-Bahamas, un paraíso fiscal a todos los efectos, siguiendo un esquema tributario muy propio de los navieros, que sin llegar a la evasión, les permite eludir el pago de impuestos.

La alianza con Fernández Tapias

Personalidad y formas de vida casi antagónicas no impidieron que Fernando Fernández Tapias y José Silveira Cañizares cruzasen sus caminos y lograsen cerrar en los últimos años de sus respectivas carreras uno de los grandes contratos a los que puede aspirar todo naviero: el suministro de gas por barco para Repsol. En esta ocasión, desde Trinidad-Tobago. El acuerdo, que establecía el abastecimiento de combustible hasta el año 2021 para las plantas de regasificación de compañías como Gas Natural y Enagás, asciende a la friolera de 1.502 millones de euros, y obligaba incluso a los adjudicatarios a la construcción de hasta tres metaneros de 284 metros de eslora, los más grandes que operan en el mundo.

Si fue precisamente la seguridad de un acuerdo a tan largo plazo lo que se convirtió en el mejor de los activos de la Naviera Fernández Tapias en las negociaciones para su venta a la multinacional Teekay, la operación vendría a dar entrada al otro protagonista de esta historia de mar y dinero, José Silveira, en un sector, el del transporte de energía, durante años anhelado. 

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