El presidente del Celta, Carlos Mouriño, junto al actual presidente del Deportivo, TIno Fernández, la presidenta del Pontevedra, Lupe Murillo, y el principal accionista del Racing de Ferrol, Ignacio Rivera

Los otros negocios (millonarios) de los jefes del fútbol gallego

Ignacio RIvera (Estrella Galicia), TIno Fernández (Altia) o Lupe Murillo (Pescamar) compaginan el mando de sus empresas con el de sus clubes de fútbol

Los clubes de fútbol han recorrido terreno en las últimas décadas hasta comportarse casi como cualquier empresa, aunque con matices. El objetivo de maximizar los beneficios queda, en la mayor parte de los casos, supeditado al logro de éxitos deportivos capaces de contentar a los miles de aficionados que acuden cada fin de semana a los estadios y que no solo pagan su abono, sino que, en muchos casos, llegan a contar con un puñado de acciones de los clubes.

A ello se une el hecho de que los encargados de llevar las riendas de los clubes (los presidentes) no tienen dedicación exclusiva ni, en muchos casos, llegan a percibir sueldo alguno. Un factor que, sin embargo, no ha impedido que los máximos responsables de empresas como Estrella Galicia, Altia, Pescamar, Frisaqués o el Grupo Ges hayan decidido dar el salto y entrar en la sala de mando de los clubes a los que hasta entonces animaban desde la grada o el palco.

Carlos Mouriño y su imperio que cruza el Atlántico

Tras el descenso del Deportivo a la Liga 1,2,3 (Segunda División), el Celta se ha quedado como único representante gallego en la categoría. A los mandos del club celeste está el empresario Carlos Mouriño, vigués de nacimiento, pero que ha desarrollado buena parte de su actividad profesional al otro lado del Atlántico: en México.

Mouriño decidió emigrar al país centroamericano a finales de los años 70 y allí encontró el lugar para dejar su huella empresarial. Allí se hizo con el Grupo Energético del Sureste (GES), con el que ahora despliega una red de casi 30 gasolineras por el país y que cuenta con 2.500 empleados en plantilla. Es el activo estrella de Carlos Mouriño, que con el Grupo Ges como matriz depliega una red de empresas en España. Desde el propio Celta de Vigo (se hizo con el 52,3% de su capital tras un acuerdo con el anterior presidente, Horacio Gómez) hasta su bodega Grandes Pagos Gallegos de Viticultura Tradicional, impulsada con su socio Manuel Estévez, pasando por la madera de la mano de Molduras del Noroeste, con sede en Cambre.

El presidente del Celta también ha dado el salto en los últimos años al sector aeronáutico. A través de su brazo inversor Inverhismex, Mouriño controla el 45% de la tudense Utingal, proveedora de las tres grandes aeroáuticas (Airbus, Boeing y Embraer), con el que diversica un patrimonio en el que también figura una participación significativa en la constructora gallega Puentes y Calzadas.

El despacho del Dépor busca dueño

Una dilatada trayectoria empresarial a sus espaldas fue también uno de los puntos en la carta de presentación de Tino Fernández para hacerse con la presidencia del Deportivo. El empresario coruñés fundó hace 25 años la tecnológica Altia Consultores, que ya roza el millar de empleados y que con un valor en bolsa de 136 millones  de euros se erige como la tercera mayor empresa del Mercado Alternativo Bursátil.

Sin embargo, la dimisión en bloque de Tino Fernández y todo el consejo de administración pone punto y final a su andadura en el club herculino, que el próximo 28 de mayo eligirá a su nuevo presidente. El único aspirante a la presidencia que ha presentado su candidatura de manera oficial es Jesús Martínez Loira. Empleado de la diputación provincial y vinculado al club desde el mandado de Augusto César Lendoiro, Martínez Loira es el propietario de la también tecnológica Igalux Innova Capital, con la que hace siete años llegó a controlar el 5,3% de la propia Altia.

En la lista de nombres llamados a dar el paso para ocupar la presidencia emerge el de Fernando Vidal. Ya sabe lo que es sentarse en el consejo de administración (llegó de la mano de Tino Fernández, pero acabó dimitiendo por discrepancias con la propia directiva) y cuenta con una extensa hoja de servicios en el ámbito empresarial. No en vano, es el hombre fuerte de la naviera Ibaizábal en Galicia y además, es el administrador de dos empresas eléctricas Electricidad de Seteventos 94 y Electricidad de Seteventos 96, ambas con sede en Lugo.

Saqués derrotó a los millones de la emigración y el Skype

Mientras el Deportivo lucha por reengancharse a los puestos para disputar el payoff de ascenso, el Lugo, por el contrario, trata de salir de los puestos de descenso y aferrarse a la categoría de plata en el quinto año de la era Tino Saqués.

El empresario lucense, propietario de la empresa dedicada al frío industrial y la fontanería Frisaqués, accedió a la presidencia del Club Deportivo Lugo a comienzos de 2015 tras imponerse en la subasta a uno de los empresarios de origen gallego que mayor nombre ha logrado labrarse fuera de nuestras fronteras.

La Diputación de Lugo adjudicó a Tino Saqués las acciones del club en manos tanto del ente provincial como del concello tras estimar que su oferta (1,6 millones de euros) era mejor que los 1,5 millones propuestos por Gerard López. De nacionalidad luxemburguesa pero con origen en Riotorto (Lugo), Gerard López fue presidente de la escudería de Fórmula 1 Lotus entre los años 2012 y 2015, a la que dedicó parte de la fortuna lograda con su inversión en Skype cuando esta no era más que una startup. Una vez finalizada su aventura en las cuatro ruedas, López ha redoblado sus inversiones en el sector energético con la compra del 50% de la sueca Rise Capital, que gestiona las inversiones de infraestructuras en la Península de Yamal (Rusia), la mayor reserva de gas del mundo, y, además, ha dado el salto al fútbol de la mano del Lille, clasificado en segunda posición en la Ligue 1 gala.

Los cargos infinitos de Lupe Murillo

Entre la política y sus numerosos proyectos empresariales emerge la figura de Lupe Murillo. Cogió las riendas del Pontevedra Club de Fútbol en el año 2014, con el equipo asfixiado por las deudas y que se había desplomado hasta la Tercera División. Desde entonces el club ha saneado su situación financiera y, ya afianzado en Segunda B (es su cuarta temporada consecutiva), el club grante se encuentra en la pugna por acceder a los puestos de play off a la Liga 1,2,3.

El del Pontevedra no es el único despacho que ocupa la empresaria gallega en su día a día. Y es que Lupe Murillo también desempeña el cargo de directora general de la conservera Pescamar, además del de consejera en el Obradoiro, unas labores que tiene que compaginar con su trabajo como diputada autonómica por el PPdeG.

Ignacio Rivera apuesta por un histórico en horas bajas

El último gran empresario gallego en dar el salto al accionariado de un equipo de fútbol de la comunidad ha sido Ignacio Rivera, consejero delegado de Hijos de Rivera (Estrella Galicia). A través de su sociedad Elite Administración y Gestión se hizo en 2017 con el 39% de las acciones del Racing de Ferrol que estaban en manos del concello y con el 12% de la familia Silveira, aunque, sin embargo, ha optado por que la presidencia del club siga en manos de José Criado.

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Tras coger las riendas del equipo a mitad de temporada, la llegada de nuevos propietarios no fue suficiente para salvar al equipo del descenso a una Tercera División en la que se distancia como primer clasificado del grupo I, allanando un ascenso a Segunda B del que solo le separaría una eliminatoria contra otro campeón de grupo.

Un artículo de Javier G. Casco

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