Los Domínguez, la saga que sabe reponerse a las rupturas

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La salida del gigante Louis Vuitton del capital de Textil Lonia, con la venta del 25%, marca un nuevo episodio para un grupo familiar con caminos dispares

Tienda de Carolina Herrera, una de las firmas de Textil Lonia

15 de julio de 2014 (22:33 CET)

No serán ni una ni dos ni tres las veces que una de las sagas familiares por excelencia de la moda afronta una ruptura. Y, hasta ahora, siempre ha sido para bien. Para crecer. Los Domínguez, los cuatro hermanos (Adolfo, Josefina, Jesús y Francisco Javier), y cinco de sus descendientes que ocupan puestos directivos en tres de las compañías pilotadas por la familia, afrontan caminos divergentes que si algo han permitido demostrar es que la saga sabe recuperarse a las escisiones.

La salida del grupo francés LVHM del capital de Sociedad Textil Lonia SA con la previsible venta del 25% a los tres hermanos de Adolfo supone un capítulo más en una dinastía de la moda que llegó a romperse, e incluso que afrontó deslealtades que acabaron en los juzgados, pero que siempre salió adelante desde Ourense.

La salida de LVHM

El propietario de marcas como Louis Vuitton o la española Loewe deja a su socio estratégico en España tras años de convivencia estable, que han permitido consolidar marcas de referencia como Purificación García y Carolina Herrera, y llevar a Josefina, Jesús y Francisco Javier a lo más alto del sector, superando con creces a Adolfo Domínguez en beneficios e ingresos. Todo apunta a que serán los hermanos los que ejerzan su derecho de tanteo sobre el paquete. Y, también, que Patrick Houël, consejero de Lonia en representación de LVHM, deje el máximo órgano de la compañía ourensana tras la próxima junta general, convocada para el próximo 18 de agosto.

Fue la salida a Bolsa de Adolfo Domínguez, en 1997, lo que propició la primera y más traumática ruptura. Los tres hermanos del diseñador aprovechaban la operación para salir del capital, resolviendo sus diferencias e ingresando nada menos que 90 millones de euros. Y así fue como Adolfo Domínguez tendría unos años después al competidor en casa. Sus hermanos destinaban dos terceras partes de lo ingresado con la salida a Bolsa a levantar Lonia.

Otras rupturas

A Josefina, presidenta de la compañía, y a sus otros dos hermanos no les faltaba dinero, pero sí una marca y un rostro, capitalizado hasta la ruptura por Adolfo. Fue así como ficharon a Purificación García. También ourensana de nacimiento pero afincada en Mallorca, la incorporación de la diseñadora resultó un fiasco que acabó en los juzgados, con denuncias por parte de los tres hermanos acusando a su estrella de sustracción de material propiedad de Lonia.

Saltaba por los aires una relación, en el otoño de 1999 y cuando Lonia comenzaba a despegar, que fue resuelta extrajudicialmente al quedarse la compañía con los derechos de la marca Purificación García. Pronto vendría la alianza con Carolina Herrera para hacer olvidar de un plumazo aquella experiencia.

Escisiones dulces

Otra ruptura, nada traumática en este caso, fue la afrontada por otro de los hermanos, Jesús, el cerebro financiero de la saga, cuando vio crecer como la espuma la firma que habían puesto en marcha sus hijas Uxía y María. Se trataba de Bimba y Lola. Fundada en 2005, Jesús tardó varios años en abandonar las tareas ejecutivas en Lonia. Ha mantenido su participación accionarial, que aglutinan los hermanos con un 75%, y el resto estaba hasta ahora en manos de Sofidiv, una sociedad de inversión de LVHM.

De esa dulce ruptura ha sido testigo una de las hijas de Jesús Domínguez. María Domínguez Rodríguez, que declara una participación del 45% en Bimba y Lola, es hoy consejera de Lonia, órgano de administración en el que ya no se sienta su padre, en una clara muestra de la apuesta de futuro del grupo familiar ourensano. Y, todo ello, al margen de Adolfo, por supuesto.
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