Los cierres de Caramelo y Viriato dejan en la calle a 290 trabajadores

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La textil de Ordes aplicó un ERE a 40 empleados el año pasado y mantenía a 120 entre la fábrica y las tiendas; la Xunta, atrapada en ambas empresas

Imagen de una de las promociones de Viriato, la textil de Ordes que está en proceso de liquidación

en A Coruña, 15 de noviembre de 2016 (15:48 CET)

Segundo revés consecutivo para la clase media del textil gallego, ese ramillete de empresas con vocación exportadora que estando muy lejos de los volúmenes de negocio de Inditex o de Textil Lonia, habían posicionado con fuerza su marca en el mercado, hasta que sus ventas se contrajeron de manera alarmante.

Es el caso de Adolfo Domínguez o de Caramelo. Viriato también sufrió para competir en costes, hasta que las tensiones de tesorería la abocaron condenándola a la liquidación. Entre la filial de Inveravante y la textil de Ordes, ambas en proceso de liquidación, se destruyen 290 puestos de trabajo.

200 trabajadores afectados en Galicia

Viriato tenía en la fábrica de Ordes a 109 trabajadores, que alcanzaban los 120 si se sumaban los de las tiendas. En 2015, la empresa aplicó un ERE para 40 empleados, a los que se adeuda todavía algunos de los compromisos adquiridos en el expediente de regulación, en concreto, varios meses del complemento a la prestación por desempleo.

En el caso de Caramelo, contaba con unos 170 trabajadores, 79 en Galicia --una quincena en tiendas y el resto en fábricas--. La compañía también aplicó un ERE para 180 trabajadores que se inició en 2013.

La Xunta atrapada

El otro vínculo entre ambas empresas es la Xunta. El Gobierno gallego inyectó numerosas ayudas en Caramelo, en la que mantiene una participación de 3,1 millones. Durante el concurso de acreedores, los préstamos concedidos a través de Xesgalicia atrapados en la suspensión de pagos ascendían a 14,8 millones, según las cuentas de la sociedad pública de capital riesgo.

En el caso de Viriato, la empresa lanzó un plan de negocio tras aplicar el ERE que fue apoyado por la Xunta con un millón de euros. Los socios inyectaron otro millón y medio, que ahora dan prácticamente por perdido.
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