Los aciertos y tropiezos de Manuel Añón

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El empresario de A Laracha vuelve a la actualidad económica por ser uno de los inversores gallegos de NCG molestos con el Frob

Manuel Añón

24 de noviembre de 2012 (23:25 CET)

Esta semana varios de los empresarios gallegos más renombrados han saltado a las páginas de la actualidad económica. Hace aproximadamente un año que 17 de ellos invirtieron en NCG Banco algo más de 70 millones de euros con la esperanza de que la entidad iniciase una senda de recuperación que la llevase a salir de las manos del Frob. La realidad es que a día de hoy, la inversión de estos empresarios corre el riesgo de diluirse, una vez que la entidad gallega recibirá una nueva inyección de fondos. Esta realidad los ha puesto sobre alerta y, si bien hay posturas muy diferenciadas dentro del grupo de inversores, una parte de ellos está dispuesto a librar batalla con el Frob, al entender que fueron “engañados”. El empresario gallego que más tiene que perder es Manuel Añón, que puso 25 de los 70 millones de inversión, con los que los se hicieron con el 2,59% del capital del banco. No es la primera vez que el empresario tiene tiranteces con la banca gallega. Esos 25 millones de inversión son resultado del cambio de los 100 millones que había invertido en Corporación Caixa Galicia (CXG) por una participación en el nuevo banco.

La figura del empresario Añón no es tan conocida fuera de la comunidad gallega como la de algunos de sus amigos, Amancio Ortega, el fundador del Imperio Inditex, o Manuel Jove (Inveravante), sin embargo, su historia empresarial está repleta de grandes triunfos y decisiones que no llegaron a cuajar.

Nacido en el 62, en A Laracha, Manuel Añón creó junto a su padre Hierros Añón en 1985. A la muerte de su progenitor, en el 92, se hizo cargo de una empresa en pleno crecimiento debido al boom de la construcción. Sin embargo, sus mayores éxitos en el mundo de la empresa vinieron cuando estuvo al lado de Epifanio Campo, tantas que, para muchos, hablar de uno es sinónimo de hablar del otro.

La venta de Siderúrgica Añón

En 2001, el grupo Añón, dedicado hasta el momento al comercio al por mayor de acero, anunció su intención de convertirse en fabricante y exportador. Para la inversión que conllevaba esta transformación, contó con el apoyo de la Xunta de Manuel Fraga que aportó 10 millones de euros. Con el viento a favor, pasados tres años, Epifanio Campo entró en contacto con Arcelor para hacerse con Aciérie de l´Atlántique (ADA), ubicada en Bayona (Francia).

El 100% de la acería pasó a manos gallegas, aunque solo debieron pasar tres años para que se decidieran a vender todo lo levantado hasta entonces. El comprador final de todo el paquete (Siderúrgica Añón, Hierros Añón Comerial y ADA) fue Francisco Rubiralta, fortuna catalana propietario de Celsa. Pagó 415 millones de euros. Sin duda, este fue uno de los mayores aciertos económicos de Añón, a los que le seguirían otras incursiones que no tuvieron tanto éxito.

El negocio del viento

Junto con Epifanio Campo y José Manuel Cortizo, Añón comenzó a interesarse por las energías renovables, en un momento en el que se esperaba mucho más de la parálisis actual. Con la colaboración de Manuel Jove, los empresarios crearon la sociedad anónima Gaelsa Energías, con la que aspiraban a hacerse con gran parte del pastel eólico a repartir de 2.300 megavatios. Sin embargo, Gaelsa quedó fuera del reparto que se hizo en el primer concurso eólico del bipartito, que luego sería repetido por Feijóo.

Pero Añón también decidió invertir en la Corporación Financiera de Caixa Galicia, el brazo industrial de la primera caja gallega. Con 100 millones de euros, compró, a finales de 2007, un 5,6% de la sociedad que aglutinaba todas las participaciones de la entidad de ahorro. Sin embargo, cuando Caixa Galicia y Caixanova fueron fusionadas, Añón reclamó su inversión.

Los 100 millones de Añón

Comenzó entonces un conflicto que tuvo su desenlace en los últimos meses del pasado año en virtud a un acuerdo extrajudicial. El propietario de Hierros Añón vendía su 5,57% de la corporación industrial de la antigua Caixa Galicia y, a cambio, se comprometía a invertir 26,4 millones para adquirir el 1% del banco nacionalizado. Con la operación, Novagalicia recuperaba la totalidad de su cartera de filiales para consolidarla con la de la antigua Caixanova. Ahora, esa inversión de más de 25 millones es parte de los 70 millones que han provocado esa suerte de 'rebelión' contra el Frob de los inversores gallegos en la entidad que dirige José María Castellano.

Más allá de lo que pueda pasar con el conflicto actual los que lo conocen, dicen que Añón es un hombre tranquilo. Afincado en la actualidad en Madrid, “es muy apegado a sus raíces, y siempre hace gala de ellas”, indican. Padre de tres hijos, dos ellos son destacados jinetes del ranking español. Durante años se entrenaron en las instalaciones que Amancio Ortega tiene en Arteixo, de ahí la amistad entre ambos empresarios. De hecho, hace años en la sede de Corporación Caixa Galicia había una foto de un muchacho montando a caballo en una competención hípica. Era Manuel Añón, hijo.
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