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Inditex ha encajado acusaciones de evasión fiscal o explotación laboral que han golpeado su reputación sin afectar a sus ventas

Rubén Rodríguez

Economía Digital

Los trabajadores de Zara protestaron en Nueva York para demandar una mejora salarial. La campaña se llamó #ChangeZara

en A Coruña, 06 de marzo de 2017 (06:00 CET)

Las críticas recibidas la semana pasada por Zara en Irlanda a raíz de una errónea campaña promocional de una línea de vaqueros son un episodio menor en las reitaradas crisis que ha atravesado la reputación de Inditex en los últimos años. Desde la denuncia en Brasil en 2011 por trabajo esclavo, la multinacional ha recibido acusaciones de explotación laboral, de evasión fiscal, de discriminación, de trampear en las rebajas y hasta de fomentar la anorexia.

Entre los distintos golpes, el derrumbe del edifico Rana Plaza en Bangladesh con un millar de fallecidos ha sido el que más en evidencia ha puesto la RSC de las multinacionales textiles y el que más ha exigido una respuesta contundente por parte de la compañía de Amancio Ortega.

Desde entonces, la mayoría de clientes conoce el modelo de producción de Inditex y su red de proveedores. También desde entonces se intensificaron los esfuerzos por explicarlo y auditar la red de suministro. Las ventas de la compañía han aumentado en 7.000 millones desde la tragedia de Bangladesh y su reputación de marca está en los puestos de privilegio de los rankings internacionales, ya sea el de Interbrand o el Global Rep Trak.

 

En el verano de 2011 Brasil abrió una investigación a Zara por trabajo esclavo. El departamento de Trabajo detectó en Sao Paulo a 52 trabajadores bolivianos en situación irregular cosiendo para marcas internacionales. La investigación prosiguió y se encontraron otros dos talleres ilegales que incluso empleaban a menores. Tenían en común las condiciones laborales denigrantes y que confeccionaban prendas para el buque insignia de Inditex.

El responsable de la situación era uno de los 50 proveedores que manejaba la multinacional en el país carioca, AHA Indústria e Comércio de Roupas. Inditex reaccionó exigió al proveedor que cesara en la subcontratación fraudulenta y llegó a un acuerdo para invertir 1,4 millones en labor social en Brasil. El comunicado llegó a las pocas horas de que trascendiera la investigación.

 

Talleres de inmigrantes ilegales cosiendo para Zara en Argentina. Esa fue la denuncia de la ONG La Alameda apenas dos años después de la crisis de Brasil. La organización, muy popular porque el Papa Francisco la visitaba durante su etapa como cardenal en Argentina, llevó a la Fiscalía tres talleres clandestinos en los que inmigrantes sin papeles cosían para varias marcas internacionales, entre ellas, la enseña de Inditex.

La denuncia estuvo acompañada de un vídeo que pretendía ser el estilete de una campaña contra la multinacional. El caso era muy similar al de Brasil, con inmigrantes y menores trabajando en los talleres.

 

Se derrumba Rana Plaza. Fue solo unos meses después de la denuncia en Argentina. Inditex no oculta cuál es su red de suministro, pero si el cliente lo ignoraba, la inconsciencia cayó con el edifico en el que se dejaron la vida más de un millar de personas.

La tragedia precedió a la movilización de las multinacionales afectadas, entre ellas, Inditex y H&M. Se comprometieron ayudas e indemnizaciones a las familias que llegaron con un estuporizante retraso. La multinacional gallega ha aportado dos millones de dólares.

Desde entonces emprendió un camino de la mano con el sindicalismo internacional para fiscalizar su red de proveedores y vigilar las condiciones de trabajo. Fue la primera en firmar un acuerdo marco para esta tarea con IndustriALL Global Union.

El debate sobre la red de suministro de Inditex es recurrente. Pablo Isla lo asumió desde la óptica más liberal posible en la presentación de los resultados del ejercicio 2015 de la compañía al afirmar que estaban orgullosos de generar trabajo y riqueza por todo el mundo.

 

Los trabajadores de Zara en Nueva York se rebelan. Comienzan con una campaña #ChangeZara para solicitar al director general de Zara en Estados Unidos que siente a negociar una mejora en las condiciones laborales y salariales de la plantilla. Acaba con meses de protesta y movilizaciones por la ciudad. Inditex, que siempre restó importancia al conflicto laboral, acabó accediendo a un incremento salarial que se establecería entre los 12 y 14 dólares la hora.

Estados Unidos es una plaza clave para la multinacional gallega al contar con un importante margen de crecimiento. A cierre del último ejercicio, Inditex contaba con 71 tiendas, 68 de Zara y tres de Massimo Dutti.

 

 

Acusaciones de evasión fiscal en el Parlamento Europeo. Los Verdes presentaron un informe en el que explicaban cómo Inditex había evadido 585 millones en impuestos a base de ingeniería fiscal. El documento alude, en concreto, al uso de filiales en Irlanda, Holanda y Suiza, para desviar ingresos procedentes de otros países y aprovecharse de las ventajas fiscales.

Inditex reaccionó rápido y replicó que el estudio cometía errores graves, comunicando a los medios un listado de incorrecciones que ponían en duda la veracidad de las conclusiones. Desde hace unos años, la compañía destaca en la comunicación de resultados los impuestos que paga en España y en el resto del mundo.

 

Los maniquís anoréxicos de Lefties. Muy similar a la polémica acaecida la semana pasada en Irlanda, fue la retirada de maniquís extremadamente delgados de Lefties. Anna Riera, una estudiante, cliente de la tienda, inició una petición en Change.org para que salieran de la tienda que apoyaron más de 100.000 firmas. Inditex pidió disculpas, dijo que los maniquís eran antiguos y procedió a retirarlos.

Es habitual la reacción rápida de la compañía en estas situaciones. Algo similar ocurrió con la camiseta que recordaba al uniforme de los prisioneros judíos en los campos de concentración nazis. Inditex pidió de nuevo disculpas, indicó que la estrella que se asemeja a la de David pretendía aludir en realidad a la de los sheriff del oeste americano, y retiró la prenda.

Imagen de la campaña-denuncia promovida por Anna Riera en la plataforma Change.org

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