Las madereras auguran la ruina del sector "si Ence se marcha"

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Demandan a la Xunta que impulse el proceso de modernización tras perder 6.600 empleos desde 2007

Elier Ojea, presidente de Confemadera

09 de diciembre de 2012 (21:26 CET)

Sin alzar la voz, las industrias madereras gallegas han sufrido los avatares de la crisis económica y de la caída de la construcción, que acabó con una pérdida de facturación de 1,2% en 2011 --situándose en los 1.702 millones de euros--. La previsión para este año es mantener las cifras de 2011, evitando la caída, gracias al impulso de la primera transformación de la madera --aserraderos, industria del tablero y pasta de papel--. La influencia de Ence en este apartado ha sido decisiva. Hasta el punto de que el presidente de Confemadera --agrupación de asociaciones, federaciones y empresas del sector--, Elier Ojea, no tiene problema en reconocer que “plantearse que Ence desaparezca es plantearse la ruina del sector”. La pastera consume el 40% de la materia prima extraída de los bosques gallegos. “Sería una noticia negra --insiste Ojea-- y no estamos para esas florituras. Está exportando, manteniendo sus puestos de trabajo, ha implantado mejoras en vertidos y coeficiente de contaminación, tiene un compromiso de eliminación de los olores y confiamos que en esta línea se pueda replantear su continuidad”.

La previsión de la Xunta es que la compañía abandone su ubicación en la ría de Pontevedra y busque un nuevo emplazamiento en 2018, a pesar de que el presidente de Ence afirmó hace unos meses que la empresa estaba “más cerca de quedarse” en Pontevedra que de marcharse. Una reducción en la actividad de Ence influiría decisivamente en las empresas del sector de la madera, precisamente, donde mejor mantienen el tipo en el contexto económico actual, en la primera transformación --en esta fase incluso llegó a incrementar la facturación un 3% en plena recesión económica--. En la segunda transformación la crisis está siendo más incisiva. Especialmente, en las industria del mueble, cuya facturación cayó un 11% el pasado año y no espera remontar las cifras en el que está apunto de finalizar.

Bonificaciones fiscales


El sector también mantiene el tipo en las exportaciones, balón de oxígeno para el puñado de grandes empresas radicadas en Galicia, como Finsa o Tablicia. Pero la mayoría no alcanza esas dimensiones. El 80% de las empresas gallegas no supera los 20 trabajadores. La constelación de pequeños empresarios que conforma el paisaje del sector en Galicia ha ido perdiendo luces desde la crisis. Según los datos de Confemadera, se han perdido 6.600 puestos de trabajo desde el año 2007.

La institución está preparando un documento para transmitir a la Xunta las demandas de un sector que representa la principal salida laboral el ámbito rural gallego, con 3.000 empresas que suman 20.000 empleos directos y 50.000 indirectos. Entre las recomendaciones que recogerá el texto --los 4 o 5 puntos clave para modernizar el sector--, se abordará la ordenación forestal y medidas para reactivar la comercialización. La primera será establecer un porcentaje de madera en la construcción, siguiendo el modelo francés implantado por Sarkozy, y llevar el mismo espíritu a la rehabilitación de inmuebles. “Fórmulas que puedan mejorar el consumo de madera. Planteamos medidas para la rehabilitación de inmuebles, que permita movilizar madera a viviendas diez o quince años de antigüedad con bonificaciones fiscales”, asegura Elier Ojea.

Ordenación forestal


Estas bonificaciones también deberían destinarse, según Confemadera, a “acabar con el minifundismo extremista que ni hace ni deja hacer” en el monte gallego. Para ello, proponen ofrecer incentivos para estimular la concentración de propietarios, mediante ayudas a la repoblación y la agrupación. “No vemos avances de cara a la mejora de explotaciones. Brasil, Chile o Uruguay son un ejemplo de la apuesta por el sector que no se está haciendo en Galicia. El monte es rentable, pero debemos tener un nivel de producción más alta que beneficie a la empresa y a los propietarios”, exponen en Confemadera.

En el mismo documento, la agrupación pide a la Xunta que “certifique su madera, que no está certificada, y cree ejemplo entre los propietarios para poner en valor el producto”. Galicia, al igual que el Estado español, arrastra un importante atraso en la obtención de certificados para su madera en cualquiera de los dos sistemas mayoritarios --el PEFC y el PSC--. El trabajo de certificación garantiza una mejor comercialización del producto y aumenta su valor. Sin embargo, en Galicia presenta especiales dificultades, debido al gran número de pequeños propietarios y a la dispersión de la madera. Por ello, Ojea reclama que se inicien “campañas” para concienciar a los propietarios de la necesidad de la certificación, “ya que la madera se paga mejor y es imprescindible para poder exportarla”.

El mueble, sin crédito


La facturación conjunta de las empresas de la segunda transformación de la madera disminuyó un 12,3 % en el año 2011 respecto al año anterior. La industria del mueble es la que más dificultades está encontrando para esquivar la crisis. Según reconoce Ángel Hermida, presidente de la Federación de Empresas de Carpintería y Ebanistería de Galicia (Feceg), uno de las mayores problemas es la "falta de crédito" que complica mucho "operar en un mercado tan competitivo".

En Confemadera apuntan también que el mueble importado de China, a un precio más bajo, está afectando al mercado. "A partir de ahí, tenemos empresas que quieren competir en el mercado nacional, donde es muy complicado hacerse un hueco. Las que mejores resultados obtienen son las que buscan alianzas con empresas españolas en la comercialización", explica Elier Ojea. Las exportaciones, tras una drástica caída en 2009, resisten, pero, según un estudio de World Furniture Outlook 2012, sólo los países emergentes mantienen la demanda de mueble.  El crecimiento más importante se registra en el Oriente Medio, África, América del Sur y la región de Asia y el Pacífico.

Futuro

A pesar de la lista de mejoras reclamadas por Confemadera en el proceso de modernización del sector, la institución mantiene el optimismo con respecto al futuro de su producto. Esa idea preside sus informes y estudios, que incluyen datos para la esperanza. Por ejemplo, que el consumo de madera en Europa se duplicó en los últimos años. “Se calcula que en 2025 habrá un déficit de madera de 200 millones de metros cúbicos. No hay muchos sectores que tengan este futuro”, asegura Elier Ojea.
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