Las cuentas de la Sareb empiezan a no salir por ningún lado

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Necesitaría devolver en los dos próximos ejercicios el doble de los 8.500 millones amortizados entre 2013 y 2015, de cara a cumplir con el objetivo de pagar la mitad de los 50.800 millones de deuda al cierre de 2017

El presidente de Sareb, Jaime Echegoyen (centro), junto con dos de sus directores.

desde Madrid, 28 de diciembre de 2015 (04:00 CET)

La Sareb, el banco malo que empezó presidiendo Belén Romana y que, tras su dimisión, dirige Jaime Echegoyen, está a punto de cerrar su tercer año de actividad. Lo hace con grandes incertidumbres para poder cumplir con los cuatro grandes objetivos que se marcó en 2012.

A saber, reducir el balance en un 44% a diciembre de 2017, repagar en esa fecha el 49,9% de los 50.781 millones de euros de deuda ordinaria, haber vendido 45.000 viviendas en esa fecha y garantizar a los accionistas rentabilidades de entre un 13% y un 14%.

Objetivos inviables

La mayoría de los accionistas, incluso inicialmente, ya daban por perdida esa rentabilidad. Pero tampoco el resto de los objetivos van a ser fáciles de conseguir, sobre todo el principal, el de amortizar dentro de dos años 25.000 millones de euros, la mitad de lo que pagó para adquirir 197.500 activos. Más de 107.000 activos inmobiliarios y  cerca de 91.000 activos financieros.

A pesar de los esfuerzos realizados en estos tres años, los 8.500 millones devueltos de los 50.781 millones que debe pagar a las cajas de ahorros que cedieron esos activos, quedan muy lejos del objetivo marcado para el primer lustro de actividad de la sociedad. Para repagar la mitad de esa deuda ordinaria, entre 2016 y 2017 deberían amortizarse unos 16.000 millones de euros.

Situación insostenible con subida de tipos

Y todo esto con una situación envidiable de los tipos de interés, que posibilitaba al cierre del primer semestre, y lo hará también al cierre del ejercicio 2015 dentro de dos semanas, rebajar la carga financiera por la reducción del spread en las renovaciones de bonos que se llevan a cabo. En el caso de que suban los tipos de interés, como más pronto que tarde todo apunta que lo van a hacer, la situación se daría la vuelta de manera automática.

El primer paso para devolver la mitad de la deuda a finales de 2017 pasaba por reducir el balance en un 44%. Hasta el pasado mes junio, la reducción de esos activos alcanzaba solo al 14%. Y solo por el buen comportamiento de los activos financieros, menguados en más de 7.000 millones, ya que, por el contrario, el valor de los activos inmobiliarios prácticamente apenas ha variado de los iniciales 11.357 millones de euros.

Mínima reducción de activos

Esa invariabilidad del valor de los activos inmobiliarios obedece al hecho de que las ventas alcanzadas quedan muy lejos de aquella previsión de vender 45.000 viviendas en entre 2013 y 2017, y a que la ejecución de préstamos hipotecarios de promotores termina inflando los inmuebles que entran en el balance.

Los 107.000 activos inmobiliarios que Sareb tenía al inicio de la actividad, en febrero de 2013, seguirán estando por encima de los 90.000 a finales de 2015, a pesar de las numerosas campañas puestas en marcha durante este mes de diciembre, tanto por el banco malo como por los servicers contratados para la venta de estos activos.

Circular

Y, por si fuera todo, la circular del Banco de España. Tan esperada como temida por la Sareb, al obligar a valorar individualmente sus activos a precios de mercado, frente al criterio utilizado en el momento del traspaso, en que se fijaron descuentos medios por tipos de activos.

En principio, se descuenta que el impacto contable de la medida vaya a alterar los flujos de ingresos, y, si como es previsible se requieren nuevas provisiones, se tirará de la conversión en capital de los millones que sean necesarios de los 3.600 millones de deuda subordinada emitida y suscrita por una treintena de inversores, con el Estado, a través del FROB, a la cabeza, con 1.652 millones, seguido de todos los bancos, a excepción del BBVA.

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