Manuel y José María Fernández de Sousa-Faro

La saga rota de los Fernández de Sousa: entre el Ibex y la cárcel

José María y Manuel Fernández de Sousa pasan por un 2020 bien distinto: el primero despega con Pharma Mar; el segundo es condenado por quebrar Pescanova

El año de la pandemia del Covid-19 está resultando muy distinto para dos miembros de la saga Fernández de Sousa-Faro. Los hermanos José María y Manuel, presidente de Pharma Mar y expresidente de la vieja Pescanova, respectivamente, recorren caminos opuestos. El primero está firmando un ejercicio “histórico” en el buen sentido, con su biofarmacéutica alcanzando beneficios millonarios, algo que, en buena medida, ha motivado su salto al Ibex35, el principal indicador de la bolsa española. Por el contrario, el segundo ha tocado fondo después de que esta semana la Audiencia Nacional lo condenase a 8 años de cárcel por el desempeño de distintas prácticas irregulares al frente de Pescanova que atraparon a cientos de inversores y que obligaron a la banca acreedora a hacerse con el timón de la histórica pesquera. 

Paradojas de la vida, este mismo 2020, mientras José María Fernández de Sousa ve cómo su empresa pasa de ser uno de los chicharros de la bolsa española al Ibex, la trayectoria de Manuel Fernández de Sousa, quien llegó a ser uno de los empresarios más influyentes de Galicia --Manuel Fraga ya lo rescató en el año 1995 del acoso de Unilever con 7.000 millones de las antiguas pesetas— se desmorona completamente, tras siete años desangrándose, los que separan este momento de 2013, cuando se destapó la quiebra de Pescanova

Manuel Fraga visita Pescanova en el año 2002 (Efe/ Miguel Riopa)

Manuel Fraga en una visita a las instalaciones de Pescanova en Chapela en el año 2002 (EFE/Miguel Riopa)

Herederos de una de las sagas empresariales más prolíficas de Galicia, la realidad es que José María y Manuel llevan ya muchos años distanciados. Casados con dos hermanas (María del Rosario y Montserrat Andrade Detrel) que, como ellos, también juegan papeles fundamentales tanto en la antigua Pescanova como en Pharma Mar (antes Zeltia), la ruptura de la saga empresarial se produjo en la década de los noventa

Quienes han tratado con ellos califican a José María de empresario "tranquilo y paciente", unas características contrapuestas a las de su hermano Manuel, conocido por su genio (cuentan extrabajadores que era imposible llevarle la contraria) y por su carácter enérgico. Lo cierto es que, hasta llegar a un 2020 triunfal, Pharma Mar ha ido escalando peldaños lentamente, con escasos socios pero con Rosalía Mera (y ahora su hija, Sandra Ortega) como gran apoyo. La Pescanova de Fernández de Sousa, por contra, tocó el éxito rápidamente. Con el aval tanto del Gobierno Fraga como de la Caixa Galicia de José Luis Méndez pronto se erigió como el primer grupo pesquero privado de España.

Divorcio empresarial en los noventa

Para entender el papel fundamental de los Fernández de Sousa en la historia empresarial gallega hay que remontarse muchas décadas atrás. Ya antes de la Guerra Civil, los hermanos José (padre de José María y Manuel) y Antonio Fernández López iniciaron la construcción de un imperio a partir del negocio familiar de exportación de ganado. Ese fue el embrión de empresas tan importantes en la historia reciente de Galicia como Frigolouro, Pescanova, Transfesa, Corporación Noroeste o Zeltia. La segunda generación de los Fernández entró en acción en la década de los ochenta. José María, catedrático de bioquímica por la Universidad de Santiago de Compostela, tomaría las riendas de Zeltia, mientras que Manuel cogió el timón de Pescanova con tan solo 29 años, iniciando una política de expansión que llevaría a la compañía a salir a bolsa en el año 85. 

De Pescanova a Pharma Mar, la historia de ambas empresas es también la crónica de una dinastía rota. El divorcio empresarial de Manuel y José María se produjo en la década de los noventa del siglo pasado. Tal y como se recoge en el libro Señores de Galicia (La Esfera de los Libros), fue entonces cuando Pescanova dejó de participar en Zeltia (contaba con el 7,5% del capital) y la empresa química se desprendió del 3,9% que tenía de la pesquera. 

José María Fernández de Sousa en 2002, anunciando un acuerdo con  Johnson & Johnson. EFE/Espinosa

José María Fernández de Sousa en 2002, anunciando un acuerdo con  Johnson & Johnson. EFE/Espinosa

En el año 95, una reunión del consejo de administración de Pescanova acordó excluir al presidente de Zeltia del máximo órgano de dirección de la compañía ante el asombro colectivo. En el 96, sería Fernando, el menor de los hermanos Fernández de Sousa presentes en el capital de la pesquera, quien vendería un paquete equivalente al 3,2% del capital de la misma. Fuentes empresariales argumentaron entonces que la práctica salida del accionariado se debía a su escaso interés en el negocio familiar y al hecho de que vivía a caballo entre Miami y Baleares, lejos del centro de operaciones de Vigo.

Desavenencias públicas

Con las desavenencias ya al descubierto, en 1998, fue Manuel Fernández de Sousa quien causó baja en el consejo de administración de la farmacéutica. Se habló de motivos estatutarios y se argumentó que el empresario no podía asistir al número mínimo de reuniones fijadas.

La distancia dentro de la saga familiar quedó retratada posteriormente en 2013, durante los interrogatorios que el juez Ruz llevaría cabo por la quiebra de Pescanova. Ya entonces, y según relató a este medio en ese momento uno de los abogados de la acusación, Fernando Fernández de Sousa declaró que a pesar de compartir mesa con Manuel Fernández en el consejo de administración de Pescanova hacía una década que “estaban distanciados”. El motivo, argumentó, había sido un supuesto incumplimiento de un acuerdo de compra de acciones al que había llegado con su hermano en una de las principales empresas en las que participaban, Sodeco.

El futuro

Siete años después del destape de Pescanova, José María y Manuel Fernández de Sousa siguen siendo noticia por causas bien distintas. Pharma Mar va viento en popa. Tras su salto al Ibex, la biofarmacéutica nacida en O Porriño cerrará un año triunfal. En breve presentará sus resultados trimestrales y el consenso del mercado, según Bloomberg, es que la compañía mejorará todas las parcelas de su cuenta de resultados, pudiendo alcanzar un beneficio que rondará los 50 millones de euros, algo que supondría elevar las ganancias de la farmacéutica hasta los 160 millones de euros en los nueve primeros meses del año

El acuerdo con la compañía americana Jazz Pharmaceutical para la comercialización de la lurbinectedina, las ventas de Yondelis y su kit de detección del Covid-19 juegan a favor de la firma de origen gallego. Además, Pharma Mar está a la espera de poder dar a conocer los resultados del ensayo clínico en fase 1 del Aplidin, antitumoral de origen marino que, sostinen, puede frenar la reproducción del virus.

Mientras tanto, el capítulo de Manuel Fernández de Sousa y Pescanova aún está lejos de cerrarse. La sentencia de la Audiencia Nacional conocida el pasado martes relata, como hechos probados, que a consecuencia de la crisis financiera que empezó a detectarse en el año 2008, el empresario vigués, con el objeto de poder seguir disfrutando de la financiación bancaria de la que Pescanova dependía por el gran esfuerzo inversor acometido en años anterior, planeó, junto con sus hombres de confianza, una serie de mecanismos irregulares con el objetivo de seguir obteniendo créditos. En informe forense que realizó la auditora KPMG en 2013 indicó que, donde Sousa afirmaba que había beneficios, en realidad había una deuda de más de 3.600 millones de euros y un agujero patrimonial de 1.600 millones.

De momento, la vieja Pescanova, sociedad cartera sin actividad, ya ha anunciado que recurrirá la sentencia, que también la considera culpable, junto a la auditora BDO, de avalar los delitos contables realizados por la antigua cúpula de Pescanova. La sentencia obliga a estas dos sociedades, así como a Sousa y a otras 12 personas más al pago de indeminizaciones a accionistas y entidades financieras por un valor que supera los 160 millones de euros.

Un artículo de C. Díaz Pardo

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