La productora de 'O Apóstolo' lanza una "campaña desesperada" para pagar las deudas

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Comercializa a través de la web el visionado de la galardonada película por 1,5 euros y acusa de "estafa" a la distribuidora

Fotograma de 'O Apóstolo'

en A Coruña, 04 de noviembre de 2016 (07:13 CET)

Un éxito de crítica y un via crucis comercial. La historia de O Apóstolo, una película dirigida por Fernando Cortizo con seis premios Mestre Mateo y reconocimientos en una larga lista de festivales internacionales, como Annecy, Fantasporto o Monterrey, está marcada por un fiasco en la distribución que acabó con toda posibilidad de rentabilidad para la cinta.

En el reparto actoral estaban Luis Tosar o Geraldinne Chaplin. En la producción, Rosalía Mera, en ese papel menos conocido de impulsora cultural especialmente activa en el sector audiovisual. Y junto a la cofundadora de Inditex, una pequeña productora gallega, Artefacto, que todavía pelea por saldar las deudas que dejó la película cuatro años después de su estreno en salas.



La productora ejecutiva de aquel proyecto, primer film europeo rodado en stop-motion, que incluso llegó a estar preseleccionado para los Óscar, ha realizado lo que denomina una "campaña desesperada" para intentar obtener ingresos de la película y saldar así las cuentas pendientes con actores, proveedores y personas que contribuyeron a su realización, pues también fue pionera en utilizar el crowndfunding para lograr financiación.

Isabel Rey Sastre, de Artefacto Producciones, hace el llamamiento a través de redes sociales y foros del sector, solicitando que accedan a la página web de O Apóstolo para visionar el film por 1,5 euros. Con el dinero recaudado, aspira a atender los pagos pendientes de la producción de la cinta, pero también a devolver las aportaciones que realizaron las personas que participaron en el crowndfunding.

[Puede acceder a la película aquí]

"Esta situación se originó por la múltiple estafa de la distribuidora española Aquelarre, que no pagó el mínimo garantizado y además se quedó con toda la recaudación de los cines, y del coproductor-distribuidor latinoamericano Tayrona Entertainment, que sigue teniendo la película en su web y nunca pagó nada", explica en el mensaje.

Indefensión

El acuerdo para la distribución de la película era de 80 copias, pero finalmente solo llegó a 13 salas. Ese fue el principio del calvario para Artefacto, que estuvo al borde de la quiebra. En declaraciones a Economía Digital, Isabel Rey habla sin ambigüedades de "estafa" cuando recuerda la experiencia vivida con la distribuidora Aquelarre.

"Es increíble la impunidad de estas empresas. El dueño liquidó la empresa y montó otra. Cogen las películas, se quedan el dinero y montan otra empresa. Al final, te das cuenta que es un modus operandi, porque la empresa a la que estafan no tiene recursos. No tienes derecho a abogado de oficio y en una situación ya complicada porque no puedes atender las deudas generadas, tampoco puedes acudir a la vía legal al tener que poner un dinero que no tienes", expone, mientras lamenta que no exista ningún organismo "que defienda a las pequeñas productoras".

Tropiezos en la misma piedra

En Artefacto llevan "mucho tiempo pasándolo realmente mal". La proyección de la película, que se granjeó contratos internacionales con partners de renombre, como Shoreline Entertainment, acabó en frustración, al no repercutir en ingreso alguno para la productora gallega.

El procedimiento habitual es que la distribuidora, como intermediario, se quede un 20% de lo recaudado, y el resto lo traslade a la producción. Pero a Artefacto le pasó de todo, y todo para mal.

"En Rusia nos dijeron que no pagaban porque la película no daba dinero. Y tenemos constancia de que la vendieron a la televisión (...) En Latinoamérica nos pasó lo mismo. Un compañero director de cine que me encuentro en un festival me dice que vio O Apóstolo en la televisión de Chile, pero resulta que oficialmente la distribuidora nos dice que no la ha vendido. Es muy complicado. No hemos podido cobrar de Aquelarre que está en Madrid, imagina las dificultades para cobrar en Moscú o en Latinoamérica", se lamenta Isabel Rey.
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