Imagen aérea de la gran balsa de lodos de Alcoa en San Cibraro. Adega.

La factura ecológica de Alcoa: una balsa de lodos que expira en 2025

La asociación ecologista Adega indica que, si Alcoa se marcha de Galicia, debe hacerlo pagando la, a su juicio, enorme factura ambiental que ha contraído

Más presión sobre Alcoa. La semana que viene, la multinacional americana pretende comenzar el periodo formal de negociaciones para dejar en la calle a 534 trabajadores de la planta de aluminio de San Cibrao. Sin embargo, la oposición es frontal. Mientras que los trabajadores endurecen sus movilizaciones, el Gobierno central eleva el tono y exige a la compañía que “se haga a un lado” y facilite la entrada de un comprador si no está dispuesta a quedarse en Lugo. En la ofensiva, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha recordado que la compañía, que ahora parece decidida a enterrar la factoría de A Mariña, ha recibido 693 millones de ayudas públicas desde 2011. No obstante, ha sido la asociación Adega quien este viernes ha recordado una de las grandes facturas pendientes de la firma con Galicia: la ecológica. La mayor deuda, asegura, la tienen con su enorme balsa de lodos rojos, a donde van a parar los residuos de la bauxita. Su vida útil expira en 2025.

Hablar de la deuda ecológica de Alcoa es algo que no convence a algunos actores del proceso. El alcalde del municipio lucense de Xove cree que no es momento de sacar este tema a la palestra, toda vez que la marcha de la compañía generaría un impacto económico fortísimo en el PIB de la provincia y que el embalse en cuestión pasa por una serie de controles periódicos. El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, indicó esta semana que la importancia de Alcoa para Lugo es comparable con la de la factoría de PSA para Vigo o a de Inditex para toda Galicia. No obstante, la agrupación ecologista gallega cree que el Gobierno no enfoca el conflicto desde la perspectiva correcta. “El objetivo del debate no debe ser buscar una solución para Alcoa, sino para Lugo”, explica Adega, que este viernes presentó un informe al respecto. “El motivo de su marcha no tiene que ver con el precio de la luz en el Estado español, sino con un proceso de reconversión industrial del sector en busca de fórmulas de producción más rentables y sostenibles. Por eso es necesario enfocar el debate hacia una alternativa económica, social y ambiental”, exponen. Los ecologistas tienen claro que si Alcoa se marcha de Galicia, antes, tiene que "pagar" su factura al medio ambiente.

Asegura en su informe que el de San Cibrao es de los complejos más contaminantes que posee Galicia y uno de los que más huella debido tanto a sus emisiones como a sus enormes consumos de energía.

Consumo energético y contaminación por flúor

Alcoa consume más de 3.700 GWh/año de electricidad, lo que equivale aproximadamente al 20% de todo el consumo eléctrico de Galicia y al 65% del consumo solo de la provincia de Lugo. Consume tanto como las siete grandes ciudades de la comunidad”, indica en su informe. Opina la asociación que, con la marcha de la térmica de As Pontes, Alcoa necesitará, en base a las nuevas normativas de transición energética, abastecerse con energía que proceda, en su mayoría de fuentes renovables. Los ecologistas ven en este hecho un arma de doble filo, ya que sostienen que Galicia no tiene capacidad para albergar tanto los parques eólicos como las centrales hidroeléctricas que harían falta para poder satisfacer el ingente consumo de la factoría. Pero, al margen de esto, advierte de que “en el proceso de fabricación tanto de alúmina como de aluminio, Alcoa emite sus propios compuestos gaseosos a la atmósfera con efectos perniciosos para la salud humana”.

Alcoa es, según su relato, una de las cinco industrias asentadas en Galicia que más dióxido de carbono emite (1.098.000 t CO2). “Desde hace varios años, las estaciones de control de la contaminación atmosférica de la Xunta situadas en el contorno de Alcoa no están operativas. Estas fueron sustituidas por otra estación controlada por la propia empresa”, asegura. “En su documentación presentada ante la Xunta para la renovación de su autorización ambiental integrada (AAI) reconoce que supera los límites de emisión para flúor y partículas por factores muy altos”, asegura la entidad, que lleva años de lucha contra Alcoa. De hecho, en 2006, y a encargo de algunos vecinos de la zona, realizó un estudio que resolvía que la contaminación por flúor estaba presente en un radio de tres kilómetros alrededor de las plantas de San Cibrao, "lo que no hacía aconsejable beber del agua de los pozos sin antes realizar análisis periódicos”. 

Consumo de agua

En la factura ecológica de Alcoa, Adega también sitúa la presión sobre los recursos hídricos. “Consume al año seis millones de metros cúbicos de agua que capta del río Cobo, lo que equivale al 15% del consumo anual de agua de todos los hogares gallegos”, dice, además de manifestar que, en paralelo, emite cada año unos 7,5 millones de metros cúbicos de tres efluentes que van a parar al mar.

Pero, para los ecologistas, la mayor amenaza radica en la balsa de lodos rojos de la factoría gallega. “De cada cuatro toneladas de bauxita utilizadas por Alcoa como materia prima para la elaboración de la alúmina, tres se convierten en residuos sin tratar que van a parar a la balsa de lodos de San Cibrao, que tiene una superficie de 73 hectáreas”. Cuando el depósito esté lleno, alcanzará un volumen de logos de 41,26 Hm3.

El fin de la balsa de lodos

La vida útil de la balsa llega a su fin, ya que, según la propia compañía afirmó ya hace años, su saturación está prevista para 2025. Alcoa lleva tiempo ya trabajando en una alternativa para cuando se produzca su colmatado, mientras asegura que no existe riesgo de rotura. Ni ahora ni cuando sea sellada. 

Pero los ecologistas gallegas no creen lo mismo. “Dicen que el sellado de la balsa se hará acorde a la normativa y de manera gradual en los próximos diez años, pero la balsa constituye un elevado riesgo para el medio ambiente y las personas”, apuntan. De hecho, la entidad ambiental recuerda la catástrofe acaecida en Hungría en el año 2010, cuando una balsa de lamas de similares características se derrumbó. Nueve personas perdieron la vida, hubo 150 heridos y los lodos contaminaron 40 kilómetros cuadrados, llegando hasta el propio Danubio. “Este hecho provocó que Alcoa invirtiese en el refuerzo del depósito de San Cibrao, que es siete veces mayor que el húngaro y donde se vierten diariamente 4.500 toneladas”, apuntan.

Adega sostiene que la Xunta de Galicia debería exigir a la compañía tener tanto avales al día con respecto al seguro de la balsa como mayores coberturas ante posibles accidentes. También pide que se haga público el proyecto de sellado y clausura de la balsa de lodos. “Nada se sabe, por cierto, de aquellos proyectos de investigación que Alcoa prometía realizar para dar salida a la reutilización de lodos rojos”, recuerda.

Un artículo de Economía Digital Galicia

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