La ‘dieta Dukan’ de Renta Corporación da resultados tres años después

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INMOBILIARIO

20 de julio de 2011 (20:28 CET)

Hace ahora tres años, la ex ministra Anna Birulés dejaba la vicepresidencia de Renta Corporación. Pocas semanas antes, el grupo había anunciado los resultados del primer trimestre de 2008: unas pérdidas de 8,7 millones de euros, los primeros números rojos de la compañía. Empezaba una larga travesía del desierto que terminó ayer con el anuncio de que el grupo ha vuelto a los beneficios en el primer semestre, de 3,4 millones.

La vuelta a los beneficios de la inmobiliaria especializada en la compra, remodelación y cambio de uso de inmuebles singulares en las grandes capitales europeas llega después de un ejercicio de adelgazamiento extraordinario de la empresa. Renta fue la primera gran inmobiliaria que entendió que el ciclo había cambiado y que para sobrevivir había que adoptar una economía de guerra.

Ni se podían soportar salarios como los de Birulés -junto a ella salió el consejero delegado César Bardají- ni una estructura totalmente sobredimensionada para el tsunami que iba arrasar los años siguientes con el negocio del ladrillo y que se ha llevado por delante a torres cotizadas tan altas como Martinsa Fadesa, Metrovacesa o Colonial.

En un proceso de ajuste de costes sin apenas precedentes en una empresa cotizada española, el grupo ha metido la tijera a todos los niveles. En 2007, sus consejeros cobraron 4,33 millones de euros; en 2010, apenas 1,6 millones. Y la alta dirección, que hace tres ejercicios se embolsaba 1,8 millones, ingresó unos escuálidos 403.000 euros el año pasado.

El resultado es que desde que empezó la crisis, los costes de estructura del grupo se han reducido hasta los 8 millones de euros desde los 34 que soportaba antes del comienzo de la crisis. El durísimo ajuste aún continúa hoy. Sólo este año han abandonado Renta 23 personas y los que se han quedado han tenido que asumir un nuevo tijeretazo en sus salarios.

Es la nueva realidad de un grupo que salió a bolsa en abril de 2006 a 29 euros y que ayer cerró a 1,26. Dicho de otra forma, la capitalización bursátil de la inmobiliaria se ha desplomado hasta los 34 millones de euros. Es decir, la misma cantidad que soportaba en gastos de estructura antes del pinchazo de la burbuja inmobiliaria y apenas 13 millones más que los que el grupo obtiene de forma recurrente en su área de negocio de alquileres.

La realidad del sector inmobiliario

El cambio de escenario ha sido brutal. Al mismo tiempo que anunciaba la salida de Birulés, Renta enviaba una comunicación a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en el que, ya en un escenario de crisis, preveía una caída de las ventas de casi el 60% hasta los 175 ó 176 millones de euros en la primera parte del año 2008. Ahora, cuando vuelve a los beneficios, los ingresos del grupo en el primer semestre son de 141,9 millones. Pero 117,5 millones corresponden a las ventas de activos realizadas a entidades financieras en el marco del proceso de refinanciación cerrado durante el segundo semestre.

Es la dura realidad de un grupo que se ha tenido que desprender de algunos de sus mejores activos en la negociación con los bancos acreedores. Un caro peaje que tiene su contrapartida en la cifra de deuda. Hace tres años superaba los 660 millones y hoy es de 191,4 millones.


Nueva línea de financiación


Además, el grupo ha reforzado este mismo mes sus fondos propios con el acuerdo con el grupo estadounidense Yorkville Advisors, que le ha proporcionado una línea de liquidez de hasta 20 millones de euros. Renta puede acceder a estos fondos en dos tramos de 10 millones de euros durante los próximos tres años. La contrapartida es la emisión de nuevas acciones de la inmobiliaria que podrá adquirir Yorkville con un descuento del 5% sobre el precio de mercado.

Además, el grupo ha cerrado un acuerdo con dos fondos para invertir hasta 50 millones de euros en activos inmobiliarios. Los dos fondos aportan el 95% de esta cantidad y Renta el 5% restante. Por lo tanto, hechos los deberes el grupo recupera poco a poco la normalidad. Mucho más pequeño y también mucho menos endeudado, su reto ahora es mantener la senda de los beneficios.
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