La banca solo salvará a Blusens si toma el control

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Las entidades rompen las conversaciones hasta abril para apretar a la tecnológica, que tendrá que admitir la supervisión de los bancos si quiere salvar a su filial de compras

José Ramón García, presidente de Blusens

A Coruña, 05 de febrero de 2015 (23:50 CET)

Punto y aparte en el largo periodo de negociaciones que mantiene Blusens con los acreedores de su filial de compras, Blusens Technology, que suspendió pagos en 2013. La banca se ha levantado de la mesa y ha emplazado a la tecnológica que preside Ramón García para que presente una nueva propuesta en abril. En el camino se quedan un buen número de borradores y propuestas que los acreedores fueron rechazando una tras otra debido, principalmente, a las elevadas quitas solicitadas por la compoañía y a los extendidos periodos de amortización.

El atasco en las conversaciones ha llegado a un punto de no retorno. El propio plazo impuesto por la banca exige mucho a Blusens, que lleva un año intentando salir del apuro. Las entidades, entre las que están Bankia, Popular, y Abanca como principales acreedores, han transmitido a la empresa que quieren tener control sobre sus inversión en la tecnológica. Su postura es que el acuerdo no se cerrará sin establecer ningún mecanismo de supervisión que de voz a los bancos sobre el futuro de la compañía. Este mecanismo podría ser el canje de deuda por acciones, el más lógico, o algún otro. Pero en ningún caso "se pactará una quita y se le otorgará liquidez de nuevo sin que podamos tener control sobre nuestra inversión", explican fuentes financieras.

Quita para la filial, liquidez para el grupo

Blusens Tecnology entró en concurso con un pasivo relativamente pequeño, 45 millones. Cosas peores se han visto. Desde el arranque de la negociación, la compañía fue rebajando sus aspiraciones. Primero planteó una quita cercana al 90% con un periodo de amortización muy largo; en la última propuesta, como informó este medio, la quita se había quedado en el 65% y la empresa comenzaría a pagar dentro de tres años.

Eran los trazos gruesos de una propuesta que volvieron a rechazar las entidades, convencidas de que Blusens todavía no les había aportado una hoja de ruta razonable. Es esto lo que provoca el desplante. La banca entiende que una vez zanjado el pacto debe tener mecanismos de control sobre la empresa, teniendo en cuenta que el grupo presidido por Ramón García previsiblemente necesitará nuevas inyecciones de liquidez.

Reto a Blusens

Si bien el distanciamiento es palpable, las premisas con las que arrancó la negociación no han cambiado. Los bancos mantienen su voluntad firme de llegar a un acuerdo. Les gusta Blusens, esa compañía que fue referente de innovación y que sigue dando muestras de talento para pensar en un futuro mejor. Pero el parón en las conversaciones es un órdago a la espera de que la compañía capte el mensaje y agache la oreja para poder cerrar un acuerdo. La compañía no tiene tanto margen como la banca para alargar el proceso. Y si no quiere seguir remando tendrá que ceder y dar poder a las entidades.

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