La banca exige una comisión de vigilancia 'a lo Pescanova' para rescatar a Blusens

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Los acreedores quieren mecanismos de control, entre los que podría estar su entrada en el consejo de la compañía, a cambio de aceptar una quita del 65% sobre la deuda

Pantalla con una imagen de José Ramón García, presidente de Blusens / EFE

en A Coruña, 11 de abril de 2015 (01:10 CET)

Blusens ha logrado acercarse mucho a un acuerdo con la banca acreedora para pactar el convenio de su filial de compras en concurso, Blusens Technology, pero no acaba de marcar gol. Las entidades financieras estarían dispuestas a aceptar una quita del 65%, la última propuesta que puso la tecnológica sobre la mesa y que supone una rebaja sobre el 75% inicial. Pero para que las conversaciones lleguen a buen puerto, hace falta cuadrar todo lo demás, que incluye los plazos y formas en los que se pagará el otro 35%. La filial de Blusens entró en concurso con un pasivo de 40 millones y una deuda bancaria de 18,9 millones. La compañía siempre la ha considerado en sus cuentas de resultados fundamental para la salud del holding que controla el grupo, Blusens Global Corporation.

A pesar de que la suspensión de pagos está lejos del volumen de deuda de los grandes concursos que deja la crisis económica, en la banca quieren curarse en salud. Exigen que se establezcan mecanismos de control en favor de los acreedores a cambio de aceptar la quita. Entre las entidades atrapadas están Bankia, Popular, Abanca, Santander y BBVA.

Los plazos

De ese pool de acreedores ha salido la propuesta de crear una comisión de vigilancia similar a la que se creó para Pescanova que vele por los intereses de los bancos y que supervise las decisiones tomadas por la empresa. Entienden que Blusens seguirá necesitando financiación una vez cerrado el convenio para devolver la vitalidad a la compañía. La otra alternativa que se ha puesto sobre la mesa, con la misma finalidad, es que la banca tenga un sillón en el consejo de la tecnológica.

En todo caso, todavía hay una parte de las entidades que considera excesivamente generosas las condiciones que pide Blusens, y que pasarían por tres años de carencia antes de comenzar a abonar la deuda, que se devolvería en diez años y de manera muy progresiva, pagando las mayores cuantías en los últimos ejercicios.

Pese a estas discrepancias, la liquidación es una posibilidad remota, pues se considera que la empresa es viable y que genera un enorme valor añadido. Pero la banca no está para aventuras y exigirá formas de control a una compañía que opera en un sector muy competitivo y que necesitará el grifo del crédito bien abierto para remontar el vuelo.

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