Álvaro Dorado, presidente de Alcoa en España, antes de la vista /EFE

Juicio a Alcoa: de la guerra de Yugoslavia al futuro de San Cibrao

Todos coinciden en que el futuro de la planta de Lugo depende de intereses ocultos, aunque solo Alcoa cree que son los de Liberty

Como en un día normal, trabajadores de Alcoa en San Cibrao armaban barricadas frente a la planta lucense, la última de aluminio primario en España, para reclamar que se garantice la continuidad de la actividad en la factoría. El presidente del comité de empresa, José Antonio Zan, siempre entendió que la presión social y política acabaría por doblegar a la multinacional y empujarla hacia un acuerdo. Después de la vista en el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia por la impugnación del ERE que afecta a 524 empleados veía claro que llegar hasta allí era “un fracaso como país”.

Como si negociasen Rajoy y Puigdemont, el diálogo entre Alcoa, el Gobierno y Liberty para la venta de las instalaciones acabó en los tribunales, con menos dramatismo que aquel, pero con el futuro de una comarca en juego. Eso consideran, al menos, la Xunta, los trabajadores y la propia comarca de A Mariña, aunque nadie lo diría de escuchar el alegato inicial de la defensa de la multinacional, que entiende que despedir a 524 empleados y parar las cubas de electrolisis para dejar operativa una fundición con 100 trabajadores no supone “ni el cierre ni el desmantelamiento de la planta”.

La multinacional de Pittsburgh cuenta en España con el asesoramiento legal de Garrigues, ya sea para negociar los ERE en A Coruña, Avilés o Lugo o para sus conflictos en los tribunales. La defensa de la compañía alegó que nadie le puede obligar a vender “sí o sí” su fábrica porque va contra la propiedad privada y la libertad de empresa; que Liberty no fue un buen comprador, pues despareció durante días en medio de las negociaciones y ni siquiera llegó a entregar un plan de inversiones; que, en realidad, lo que le interesa es la planta de alúmina pues compró una factoría de aluminio en Dunkerque por 417 millones y se negó a aceptar la de San Cibrao por un euro; que si Alcoa no fue capaz de hacer rentable esa planta, “no hay razón para pensar que un tercero fuera hacerlo”. La venta no es necesariamente la solución para evitar los 524 despidos, así que directamente los ejecuta.

f7ab3c32bc1f39398291b05bf424761b261bebd9w

Miembros del comité de empresa, con José Antonio Zan al frente, antes de entrar a los juzgados / EFE

Las intenciones ocultas

La jornada tuvo mucho que ver con intenciones ocultas. Alcoa, que se quejó de que se retransmitiera en streaming, las ve en la oferta de Liberty y su exigencia de tener control sobre la planta de alúmina. Los sindicatos denunciantes, la Xunta y la Abogacía del Estado están convencidos de que la multinacional nunca quiso vender; que el cierre de Lugo responde a su plan de adelgazar su estructura ante la sobrecapacidad instalada en el mercado; que San Cibrao no es estratégica porque puede introducir aluminio de otras factorías del grupo en el mercado español y europeo; y que, de ninguna manera, iba a acceder a traspasar las instalaciones a un competidor.

“Curiosamente, las dos que no eran productoras de aluminio, Parter y Riesgo, se quedaron con las plantas de A Coruña y Avilés”, dijo al juez Víctor Ledo, responsable de industria en CCOO.

8db9366ecf5da1d125651b1f8439ca6e9f2fb794w

Barricadas: del Casón a la guerra de Bosnia

Desde que Alcoa confirmó los despidos una vez finalizado el periodo de consultas del ERE, la obsesión de los trabajadores fue que las cubas de electrolisis se mantuviesen operativas. No solo por ser una de las condiciones que impuso Liberty para mantener la oferta de compra, sino porque siempre defendieron que la hibernación era la muerte de la planta y que poco futuro tenía ser asalariado de un cadáver.

José Antonio Zan defendió ante el juez la misma tesis, mientras Alcoa reiteraba que parar las cubas cortaba el grueso de las millonarias pérdidas que arrastra la factoría y que podían volver a arrancarse posteriormente. En los ejemplos que puso de reactivaciones de fábricas quedaron claras dos cosas: que ninguna tenía la misma tecnología que la planta lucense y que la historia de Alcoa da para escribir varios libros.

99217764a7367d0035b175c81367dbaf81d2f4d5w

Trabajadores de Alcoa arman barricadas ante la planta de Lugo el mismo día del juicio / EFE

Uno de los casos fue la propia planta de Lugo tras el hundimiento del Casón frente a las costas de Fisterra. El comité de empresa se opuso entonces a que el cargamento de bidones tóxicos del buque con bandera panameña entrase en Inespal. Llevaban inscrito el lema Poison 6 con el dibujo de una calavera. El parón de la empresa entonces pública fue respondido con barricadas como las que este miércoles armaban los trabajadores de Alcoa. Todo el comité de empresa fue despedido y a un juzgado le pareció procedente.

La defensa de Alcoa preguntó a José Antonio Zan si conocía el caso de Mostar, donde también se reiniciaron las cubas. “Sí, fue mi tío”, respondió el presidente del comité de empresa. Cabe en una confirmación la historia de una industria.

Tras la guerra entre croatas y bosnios y el sitio de Mostar, la fábrica de Almo se reactivó. En las labores participaron ingenieros de Lugo que habían adquirido experiencia durante el arranque de las cubas en Galicia tras el naufragio del Casón.

Un artículo de Rubén Rodríguez

Enviaremos un mensaje al correo indicado con el enlace que deberás clicar para completar el alta. No recibirás ningún boletín hasta entonces. Política de privacidad