José Manuel Loureda: el discreto ingeniero que llevó a Sacyr a lo más alto

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El empresario betanceiro, ex presidente y fundador de la constructora, recibió un millón de euros de una empresa pantalla relacionada con la trama 'Gürtel'

José Manuel Loureda con la ministra de Fomento, Ana Pastor | EFE

09 de enero de 2014 (20:22 CET)

La actualidad ha llevado al centro de la palestra informativa a un empresario gallego que hace años quedó relegado a un discreto segundo plano. Incluso, a pesar de sus éxitos, hay quien piensa que nunca salió de él, pues su figura sigue siendo aún hoy desconocida para muchos. José Manuel Loureda Mantiñán, fundador, ex presidente, y accionista de referencia de Sacyr, nacido en Betanzos (A Coruña) pero residente en Madrid, está en el ojo del huracán. Junto con el también antiguo responsable de la multinacional de la construcción, Luis del Rivero, habría recibido cerca de un millón de euros en comisiones de la trama Gürtel.

Según una providencia dictada este jueves, fue el empresario aragonés Amado Mayo, imputado en la trama por el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz, quien ordenó los movimientos bancarios a las cuentas que ambos directivos tenían en Suiza.

A nombre de Del Rivero aparece, por ahora, un único abono de 100.000 euros. Loureda y su familia, no obstante, habrían recibido cinco transferencias por valor de cerca de millón de euros en total entre enero y febrero de 2006.

Venta de acciones de Sacyr

Pero lo cierto es que el nombre de Loureda, apartado de los titulares de prensa desde que dejó la presidencia de Sacyr en 2004, ya sonaba con fuerza en los últimos días por otro motivo. El pasado 23 de diciembre, el ex presidente del gigante constructor vendió un total de 2,87 millones de acciones del grupo, representativas del 0,597% de su capital.

La operación cobró especial relevancia porque se realizó pocos días antes de que estallase el conflicto del Canal de Panamá, cuando el consorcio liderado por Sacyr anunció que interrumpiría los trabajos de ampliación del canal si las autoridades locales no atendían a sus reclamaciones por sobrecostes. A lo largo de 2013 Loureda se desprendió de más de un 4% de capital de la compañía que fundó, acabando el año tras esta operación, con una participación del 8,4%, a través de sus sociedades Prilomi y Prilou.

Un empresario desconocido


Sin embargo, y a pesar de la vorágine informativa de los últimos días, Loureda, uno de los empresarios más ricos de Galicia, sigue siendo un gran desconocido. Nacido en el 39 en Betanzos, sus inicios estuvieron en Ferrovial. De la compañía de la familia Del Pino salieron en 1986 un grupo de ingenieros que fundaron una pequeña empresa que, en menos de dos décadas, pasó de ser una pyme a un líder de rentabilidad en el sector de la contrucción: Sacyr. Loureda fue presidente y consejero delegado hasta 2004, cuando abandonó sus cargos ejecutivos a la edad de 65 años.

Marchó en un momento dulce, muy distinto al actual. Con un 12% de su capital, la constructora estaba en lo más alto del sector y comenzó un decidido proceso de diversificación que la llevó a convertirse en accionista de Repsol. Hoy en día Loureda continúa siendo consejero de la petrolera.

Autopistas y contactos


Un año antes de dejar Sacyr en manos de Luis del Rivero, Loureda consiguió cerrar una de las grandes operaciones de la compañía. No sólo fue el promotor de la fusión con la constructora Vallehermoso –adquirida a BSCH--, sino que también tuvo tiempo para comprar la Empresa Nacional de Autopistas (ENA) y la filial Autopistas del Atlántico al Estado, así como adquirir la constructora portuguesa Somague.

Aunque escasamente reconocido en Galicia, Loureda se hizo con las autopistas de la comunidad. Sacyr, a través de Itínere, poseía la principal arteria de la comunidad, la AP-9, y también resultó adjudicataria de Autopistas Galicia (que posee los viales que unen A Coruña y Carballo y Puxeiros y Val Miñor). En 2008, el grupo Intínere a la estadounidense Citigroup.

De jefe de obra a presidente

Cuentan también que es Loureda uno de los principales responsables de los contratos que la constructora logró cerrar durante años con Libia. El betanceiro supo mantener a buen recaudo los contactos que se labró durante los tres años en los que fue delegado de Ferrovial en dicho país.

Los que lo conocen, más allá de las polémicas que lo envuelven en estos días, destacan que es el prototipo de un gran empresario hecho a sí mismo. Comenzó como jefe de obra, pero consiguió labrar un gran imperio constructor, hoy, sin embargo, en horas bajas.
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