Protesta de los trabajadores de Isidro de la Cal en Cambre en su primera jornada de huelga indefinida, que paralizaron al realizarse la venta y suspensión del ERE

Isidro del Cal: cuatro meses sin cobrar en los tiempos del Covid-19

La situación de la plantilla de Isidro de la Cal es desesperada. Sin cobrar desde mediados de noviembre, esperan que el juzgado apruebe el ERE de extinción

La pandemia del coronavirus se ha traducido en un drama tanto social como económico. Con una comunidad que espera alcanzar el pico de contagios en próximas fechas, el número de personas infectadas crece cada día. Lo hace también la cantidad de empresas que solicitan poder acogerse a un Expediente Temporal de Regulación de Empleo (ERTE). El último dato oficial de la Xunta habla de casi 25.000 firmas en toda Galicia con 124.000 empleados afectados. No obstante, las compañías pueden acogerse a la nueva figura habilitada por el Gobierno y acometer un ajuste por causas "de fuerza mayor". Este expediente trae aparejadas una serie de compensaciones para los asalariados afectados: podrán cobrar paro aún sin tener el tiempo cotizado preciso y, además, tampoco consumirán los meses acumulados de subsidio. Pero, no obstante, siguen existiendo en Galicia cuadros de personal que ni siquiera pueden agarrarse a este consuelo. Un ejemplo claro está en A Coruña, en la plantilla de Isidro de la Cal, histórica compañía pesquera inmersa desde enero en un concurso de acreedores que, ahora, se antoja muy complicado superar. 

La plantilla de la compañía, que supera los 220 empleados, lleva sin cobrar desde mediados del mes de noviembre. Más de cuatro meses. En estos momentos, todos los trabajadores, a excepción de ocho empleados (que acuden a trabajar pero siguen sin percibir salario), están en sus casas. El comité de empresa explica que hace casi dos semanas, el administrador concursal, Ramón Juega, les indicó la intención de presentar un segundo ERE para aquellos trabajadores, cerca de la centena, que no se vieron afectados por el primer expediente de regulación de empleo acometido por la compañía en suspensión de pagos. "Lo presentó ante el Juzgado sin acuerdo, lo mismo que el primer ERE, de 122 personas", explica Olga Rodríguez, presidenta del comité de empresa por el sindicato CIG. A estas alturas, no obstante y según la versión de la parte social, ni los afectados por el primer ERE ni los del segundo han conseguido ingresar algo. Esperan que, cuanto antes, el expediente reciba luz verde.

A la espera del paro

"La tramitación del primer ERE lleva retraso. No sabemos si se estaba esperando a juntar los dos expedientes de regulación. En cualquier caso, la gente lo que quiere ahora es que el juzgado apruebe ya esto y, por lo menos, poder ir al paro", explican los representantes de los trabajadores. "Hay personas que tenían posibilidad de poder ir a otro empleo pero que estaban a la espera de que se resolviese el ERE", cuentan. Y todo eso, antes de que el Covid-19 irrumpiese en escena, paralizando gran parte de la actividad económica del país.

"Muchos de los trabajadores que ahora mismo se tienen que ir a casa de forma temporal con un ERTE por el estado de alarma están siendo comprensivos. Entienden que es una situación muy complicada y que hay empresas que tampoco tienen otra solución, porque no tienen fondo para aguantar. Pero esta situación particular es muy dura. Gente que lleva meses sin cobrar y que está esperando para poder ir al paro", indican, a la vez que lamentan que ninguno de los intentos de compra sobre la compañía ha llegado a fructificar, por lo menos de momento. 

Una losa de más de 70 millones

La compañía pesquera, cuyo principal cliente es Lidl, entró en concurso de acreedores el pasado febrero. La deuda del grupo se eleva sobre los 70 millones de euros, entre la sociedad dominante, Isidro 1952, y las piscifactorías. 

En realidad, fue ya en julio de 2017 cuando se acordó una nueva refinanciación de la deuda de la compañía por valor de 72,5 millones de euros. De esa cantidad, cerca de 26 millones fueron a parar a la nueva sociedad Isidro 1952. A esta se transmitió la mayor parte del balance del grupo así como la deuda considerada “sostenible”. La entendida como no sostenible, unos 46 millones, se distribuyó en las antiguas sociedades del grupo. Además del pool bancario que refinanció su deuda en el pasado, entre los acreedores de Isidro de la Cal también se encuentra la propia Xunta de Galicia. La deuda reconocida por la propia administración gallega llega hasta los 23 millones de euros10,2 millones en préstamos participativos y 12,7 millones en avales que, por el momento, eso sí, no han sido ejecutados.

Con la losa de la deuda encima, la única alternativa posible para los trabajadores pasa porque un grupo adquiera la compañía o, al menos, parte de la misma.

De Pescanova a Profand, los últimos pretendientes de Isidro

La última crisis de Isidro de la Cal ha estado plagada de anuncios inconclusos. En enero de este año, el empresario coruñés Carlos García Martín anunció que se hacía con el grupo, una venta que nunca llegó a materializarse, según la dirección del grupo porque no se cumplieron las garantías acordadas. Posteriormente, el comité de empresa indicó que existían firmas de peso, en concreto, Nueva Pescanova y Profand, interesadas en hacerse con las piscifactorías del grupo en Valdoviño y Lorbé.

Por el momento, nada ha trascendido sobre la posibilidad de que la opción de venta de las piscifactorías se cierre

Un artículo de C.D.P.

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