Preparado de bandejas de sushi en las instalaciones de Isidro 1952 / Isidro 1952

Isidro de la Cal: una losa de 70 millones de deuda fuerza otra crisis

La empresa coruñesa anuncia despidos y recortes de salario por la caída de ventas y la deuda que arrastra desde su reestructuración

Isidro 1952, el nombre que tomó la antigua Isidro de la Cal en la nueva etapa pilotada por Pablo García-Gascó, anunció este miércoles un ERE para “redimensionar” la empresa y adecuar su estructura a “las actuales circunstancias y volúmenes de mercado”. En la comunicación a los trabajadores, la empresa puso sobre la mesa un procedimiento de despido colectivo y una modificación sustancial de las condiciones salariales y laborales.

Dicho de otra forma, la comercializadora de pescado y marisco, con una plantilla que ronda los 225 trabajadores, plantea un despido colectivo, recortes salariales y una modificación de turnos y jornada. La mesa de negociación debe constituirse en los próximos siete días. Será entonces cuando se desvele el impacto real del ERE. Por el momento se sabe que afectará a los distintos centros del grupo, cuya base de operaciones está en el Polígono Espíritu Santo de Cambre, pero que cuenta con instalaciones de acuicultura y piscifactorías en Lorbé (Oleiros) o Valdoviño (Ferrol).

La transformación de Isidro de la Cal

La caída de las ventas en el último ejercicio y la losa de deuda que arrastra la compañía heredada de la anterior etapa precipitó la crisis. Fuentes sindicales aluden también a la finalización de contratos con grandes distribuidoras, como Lidl, pero en Isidro 1952 lo niegan y aclaran que continúan trabajando con la multinacional alemana.

El grupo actual, que activa un proceso de adelgazamiento, procede de una fuerte reestructuración que comenzó en los últimos años de la crisis económica, entre 2013 y 2014, y que consistió en abandonar la venta de pescado fresco del puerto de A Coruña y los congelados a granel, potenciar los platos preparados y, finalmente, abrir en el parque empresarial de Cambre una gran planta de procesado de sushi que se inauguró en 2016.

La mochila de deuda

Detrás de esta estrategia está Pablo García-Gascó, quien tomó las riendas de la empresa junto a un grupo de directivos en 2013, coincidiendo con la salida de la presidencia de José Bretón Fernández, yerno del fundador, Isidro de la Cal Llorente. Además del mando de la sociedad, recibió también una deuda que pende como de espada de Damocles sobre la evolución de la empresa y que le exige obtener liquidez para atender a los vencimientos.

El año del traspaso de poderes ya se produjo una primera reestructuración del pasivo ampliando el periodo de carencia, mientras que en julio de 2017 se acordó una nueva refinanciación por valor de 72,5 millones. El grueso de la deuda financiera, 46,5 millones, se la quedó Comercial de Cultivos Piscícolas de Galicia, la antigua Isidro de la Cal Fresco; mientras que Isidro 1952 asumió 25,9 millones. En esta suma de 72,5 millones a cierre de 2017 se incluían préstamos sindicados, préstamos participativos y diversos préstamos bilaterales con vencimiento a diez años, en 2027. Abanca, Banco Pastor (ahora en manos del Santander) o Caixabank estaban entre los acreedores. 

Un agujero de 56 millones

Las ventas de la nueva Isidro de la Cal se situaban por encima de los 56 millones en 2017, aunque habrían registrado una caída en este ejercio. Además de con la deuda, la empresa cargaba varios años en números rojos que, previsiblemente, se mantendrán en 2019. García-Gascó controla el grupo a través de la sociedad Setmanager, que perdió 7 millones en 2016 y 2,2 millones en 2017. Como resultado de las pérdidas acumuladas, la empresa cerró aquel año con un patrimonio neto negativo de 54,6 millones.

Fuentes de Isidro 1952 afirman que “no albergan dudas sobre la continuidad” de la actividad y que mantienen el propósito de ser “una empresa referencial y pionera en el sector de elaboración, transformación y comercialización de productos del mar”. Sin embargo, entienden que el tijeretazo es la “única alternativa posible” para garantizar esto.

“La decisión, dolorosa e inevitable, se toma desde la base del respeto que siente la compañía hacia sus trabajadores. Ellos conocen, porque son el principal apoyo de la empresa, las dificultades financieras sobre las que se gestó este nuevo proyecto y los esfuerzos realizados para adaptar todos los magníficos recursos humanos a un contexto que ha cambiado y que exige redimensionar la compañía”, aseguran.

Un artículo de Rubén Rodríguez

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