Isidro de la Cal hipoteca sus marcas y piscifactorías como garantía ante el Igape

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El organismo dependiente de la Xunta otorgó a la compañía dos préstamos a través de Xesgalicia y un aval ante los bancos de 9,7 millones; la deuda es el principal achaque que arrastra Isidro de la Cal en el relanzamiento de su negocio

Caminones de Isidro de la Cal en las instalaciones de la empresa | Isidro de la Cal

en A Coruña, 16 de junio de 2016 (02:29 CET)

La nueva etapa de Isidro de la Cal, la empresa coruñesa de procesado de pescado, nace con una mochila cargada. La nueva directiva ha hecho malabares para cuadrar la financiación para reflotar la compañía y los vencimientos de deuda. Aunque en la firma son optimistas sobre afrontar los pagos adeudados, lo cierto es que buena parte de sus activos están hipotecados y sirven de garantía ante el Igape, que ha ejercido de salvavidas, como financiador y avalista de la firma.

Entre los bienes hipotecados están las piscifactorías de Baio, Louzara, San Tirso de Abres, Ouro, Carballo y Présaras; también las marcas Rías Altas, Rías Gallegas e Isidro de la Cal. Sobre la concesión administrativa que tiene la empresa en los muelles de San Diego de A Coruña pesan otras dos hipotecas. La deuda del grupo, según consta en las cuentas correspondientes al ejercicio 2014 de Setmanager –el brazo inversor con el que controla el grupo el presidente, Pablo García-Gascó-- ascendía a cerca de 80 millones con vencimientos más allá de 2020.

El mapa de la deuda

El abultado pasivo se contrajo por tres préstamos sindicados por un importe conjunto superior a los 30 millones de euros concedidos por varias entidades financieras. A este hay que añadir el préstamo de 9,8 millones que grava la planta central del grupo, en el polígono Espíritu Santo de Cambre, que sumaba a cierre de ejercicio hasta tres hipotecas. Existen otros dos préstamos pendientes de amortizar con entidades de crédito, por valor de 4,2 millones y 3,9 millones respectivamente.

El Igape también se remangó para ayudar a Isidro de la Cal, que en 2013 ha pasado a estar controlada por antiguos directivos de la firma, siendo el primer accionista Pablo García-Gascó. El organismo dependiente de la Consellería de Economía aportó un préstamo participativo a través de Xesgalicia que se novó en 2013 y del que restaban por devolver 6,2 millones. Xesgalicia también financió a Norte Sur, la división de logística, con un préstamo del que restan por pagar 9,9 millones.

La lista de acreedores financieros se completa con el Instituto de Crédito Oficial (ICO), con un préstamo a largo plazo de más de 4 millones.

A Sepides, Isidro de la Cal tiene que retornar 717.000 euros y Luso Hispana, la división de acuicultura, casi 500.000 euros. Por último, al Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial otros 900.000 euros.

Compromisos con el Igape

Ante este escenario, la compañía adquirió determinados compromisos con el Igape, que además de conceder financiación, ejerció como avalista de la empresa ante Abanca por un máximo de 3 millones y ante el resto de entidades financieras hasta un importe de 9,7 millones. La Xunta se portó.

Para responder ante el Gobierno gallego, Isidro de la Cal procedió a poner como garantía sus activos. Así, el aval de 9,7 millones concedido por el Igape tiene como garantía las piscifactorías de Baio, Louzara, San Tirso de Abres, Ouro, Carballo y Présaras, por un importe máximo conjunto de 3,6 millones.

Un segundo contrato entre empresa e Igape como contragarantía para la devolución de la deuda financiera afecta a otros cuatro activos.

La concesión administrativa en el muelle de San Diego tiene una hipoteca de primer rango por valor de 6,3 millones y una hipoteca de segundo rango por valor de 5,3 millones.

La marca Rías Altas está hipotecada en 4,9 millones, Rías Gallegas en 5,3 millones y la marca Isidro de la Cal en 1,9 millones.

Optimismo en la empresa

Tras el relanzamiento del negocio y reposicionar la marca, en la dirección de la empresa tienen buenas perspectivas. Explican que la reestructuración de la deuda fue el paso para encarrilar la situación y atender a los compromisos.

La apuesta por crear una línea de negocio de alto valor añadido, con platos preparados, requirió una apuesta inversora, incluida la apuesta por el sushi, un producto que tuvo un gran éxito en su puesta en el mercado.

Tanto que Isidro de la Cal invirtió alrededor de un milón de euros en acondicionar una planta de 800 metros cuadrados en su sede de Espíritu Santo. Tiene una capacidad para producir 200.000 piezas diarias cuando esté a pleno rendimiento.  
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