Manifestación de los trabajadores de Poligal / CIG

Isidro 1952, Vulcano, Poligal, Emesa... Empresas gallegas buscan dueño

Las cuatro compañías, que empleaban a medio millar de personas antes de entrar en concurso, buscan desesperadamente un nuevo dueño para asegurar su futuro

Carteles de 'se vende' en el tejido empresarial gallego. Tras un 2019 marcado por las ventas de la planta de Alcoa en A Coruña y del complejo de Ferroatlántica en Cee-Dumbría, 2020 arranca con una ristra de empresas gallegas buscando un nuevo comprador que les permita dar carpetazo a sus respectivas crisis.

El listado lo componen la cambresa Isidro 1952 (antigua Isidro de la Cal), el fabricante de propileno Poligal (con sede en Narón), el productor betanceiro de estructuras metálicas Emesa o el astillero vigués Factorías Vulcano. Paradójicamente es esta última, inmersa en un proceso de liquidación desde hace meses, la única que cuenta con una propuesta firme sobre la mesa para cambiar de dueño y continuar adelante.

La incógnita de Vicalsa

La viguesa Vicalsa, especializada en la prestación de servicios de reparación naval, es el único posible comprador al que se le pone cara ahora mismo. La firma entregó meses atrás un plan de inversión al Puerto de Vigo en el que detalla la hoja de ruta para Vulcano. La firma se compromete a invertir hasta 10,5 millones de euros para implementar su plan de negocio y modernizar las actuales instalaciones de la centenaria Vulcano en el barrio vigués de Teis

Sin embargo, Vicalsa se ha topado con el Puerto de Vigo en su camino por hacerse con el control de las instalaciones de Vulcano (que en su etapa final daban empleo a 80 personas). La institución presidida por Enrique López Veiga presentó un recurso contra el plan de liquidación del astillero vigués para que sea el Consejo de Estado el que se pronuncie sobre si se debe mantener una concesión que en principio se prolongaba hasta 2027 o si, una vez liquidada Vulcano, estos terrenos regresan definitivamente al Puerto de Vigo para aumentar su superficie de descarga de contenedores.

Isidro de La Cal, en concurso

La última gran empresa gallega en entrar en concurso de acreedores ha sido Isidro 1952. La compañía, que emplea a 225 personas entre su sede de Cambre y sus cinco piscifactorías, dio el paso el mes de enero ante su "crisis de liquidez" y una "delicada situación financiera" marcada por la losa de los más de 72 millones de euros de deuda. 

El presidente de Isidro 1952, Pablo García-Gascó, selló un acuerdo inicial de venta con Carlos García Martín (propietario de Centro Óptico Galego y de Feca-Neón) para, apenas unos días darlo por roto tras saberse que este último fue condenado a cuatro años y seis meses de cárcel a comienzos de siglo por un delito continuado de estafa y los retrasos en los pagos de las nóminas a los trabajadores de Feca-Neón y Centro Óptico Galego, según avanzó La Opinión de A Coruña. 

El laberinto de Poligal

Más prolongada está siendo la agonía de Poligal. La compañía naronesa, fundada por un grupo de emigrantes gallegos residentes en Argentina, entró en concurso a comienzos de 2019 y en verano despidió a sus más de 110 empleados.

El Instituto Galego de Promoción Económica (IGAPE) aseguró entonces que había dos grupos interesados en hacerse con el histórico fabricante de film de propileno (material empleado, por ejemplo, en las bolsas de patatas fritas), sin que desde entonces se haya articulado ninguna propuesta formal para hacerse con la compañía. 

La situación de Emesa

También en la provincia de A Coruña tiene su sede otra empresa que se aferra a un cambio de dueños para poder salir adelante. Se trata de Emesa, con sede en Betanzos y propiedad del grupo Soil, que el mes pasado anunció su entrada en liquidación y un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) de seis meses para sus 84 empleados en Coirós (Betanzos). 

"Con la propiedad actual no hay futuro", censuraron los sindicatos, que critican la deriva de una empresa que se asoma al abismo tras acumular seis meses de impagos de nóminas. La Agencia Tributaria dio la puntilla a la empresa al mantener abierto un acta por responsabilidad de Isolux (su anterior propietario) y exigir un aval de cuatro millones. Ahora le toca mover ficha al administrador concursal y presentar un plan de viabilidad que permita atraer a compradores con la intención de reflotar un gigante que en su día llegó a empear a casi 300 personas.

Un artículo de Javier G. Casco

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