Juan Carlos Rodríguez Cebrián, José María Castellano y Amancio Ortega

Inditex, una historia de tándems

Pablo Isla, Castellano, Rodríguez Cebrián, Carlos Dexeus... Parejas de ejecutivos, con distinta suerte, se han alternado en el puente de mando de Inditex

Cosa de dos el puente de mando. O casi. La historia íntima de Inditex, desde los tiempos de Confecciones Goa, se ha escrito en plural. Amancio Ortega comenzó en familia, como un piña, con sus hermanos mayores Antonio y Josefa, y con su primera mujer, Rosalía Mera. Pero fue su hermano Antonio, fallecido en 1987, quien acabaría repartiéndose las tareas ejecutivas del naciente proyecto con el propio Amancio. Fue el primer tándem del gigante textil.

Antonio falleció dos años después de que se fundara Inditex como sociedad holding del grupo, como paraguas de las empresas que habían creado hasta entonces, cuando el centro logístico de Arteixo, el primero, ocupaba tan solo una superficie de 10.000 metros cuadrados. La empresa daría un año después el salto internacional, con su primera tienda en Oporto.

Antonio y Amancio

Las tareas entre ambos hermanos estuvieron muy bien definidas desde el principio. Hoy un modelo absolutamente integrado, los jóvenes Amancio y Antonio se repartieron al principio áreas muy distintas, aunque convergentes: la fabricación textil para el hermano menor, y las tiendas para Antonio. Fue la llegada a la dirección general de un joven Amador de Castro, procedente del departamento financiero de Astano, quien en los ochenta impulsaría otro tándem con el propio Amancio Ortega. 

Años después vendría otra dupla histórica, la conformada por el fundador de Inditex y José María Castellano, primero consejero delegado y años después, vicepresidente. El puesto que ahora ostenta Carlos Crespo lo detentó desde 1984 hasta 2005 el catedrático coruñés. En aquellos años, solo hubo una mancha en la hoja de servicios de uno de los comités de dirección más cohesionados de la historia de la empresa española: en septiembre de 1996 dejaba el cargo, tan solo seis meses después de su fichaje, el director general, Carlos Dexeus, que había sustituido a Castellano cuando este accedió a la vicepresidencia, cargo que compartía con el de consejero delegado.

Castellano y Rodríguez Cebrián

Pronto emergería otro nombre propio en el universo Inditex: Juan Carlos Rodríguez Cebrián. Casado con Dolores Ortega Renedo, la hija de Antonio Ortega y sobrina de Amancio, Cebrián conocía como nadie los pasillos de Arteixo, y saltó sin vértigo a la dirección general. Otro tándem (Castellano-Rodríguez Cebrián) que compartiría, no sin recelos mutuos, la dirección del grupo y al que llevaron a su estreno en bolsa en la primavera de 2001. Todo un éxito.

La trinidad Ortega-Castellano-Rodríguez Cebrían, sujeta con los mismos alfileres que llevan tantas prendas de Zara, se fue al traste cuando hubo que reinventarlo todo

Llevando al límite ese afán de competencia entre ejecutivos que tanto fomenta y que tan buenos resultados da a Ortega, su sobrino político nunca se entendió del todo desde la dirección general con Castellano, el ideólogo y segundo en el escalafón. Uno, por decirlo de algún modo, era el arquitecto; el otro, un buen capataz. El exquisito barniz académico del vicepresidente contrastaba con los galones, adquiridos sin títulos universitarios y desde muy abajo, del número tres. Fino cálculo frente a brillante ejecución. Ebanista y carpintero. Timidez contra desparpajo.

La llegada de Pablo Isla

Esa “trinidad” Ortega-Castellano-Rodríguez Cebrían, sujeta con los mismos alfileres que llevan tantas y tantas prendas de Zara, se fue al traste cuando hubo que reinventarlo todo. Porque la máquina comenzó a dar síntomas de que no todos los resortes estaban lo bien engrasados que debían. Los analistas esperaban siempre un rendimiento mayor de Inditex. Y la cotización en Bolsa lo acusó. Había que hacer algo. Arrancaba un frío febrero de 2005 y los cambios en la cúpula no se podían retrasar más. El sobrino político no sería el nuevo consejero delegado. Cuatro meses después de la dimisión de Rodríguez Cebrián llegó Pablo Isla. Y lo hizo con muchos más poderes de los tuvo en su día el sobrino político de Ortega.

La convivencia entre Isla, como consejero delegado, puesto al que accedió con 41 años, y Castellano, en calidad de vicepresidente primero pero sin funciones orgánicas definidas, se suponía una transición tranquila que Ortega observaría con atención, pero dejando hacer al flamante fichaje. Hasta que todo saltó por los aires meses después. 

En septiembre de ese año, 2005, Castellano dejaba el grupo entre reproches por la ya conocida como Operación Fenosa, el intento de asalto a la eléctrica en el que participó Ortega con otros empresarios gallegos. Desde entonces, Isla aglutinó ambos puestos, hasta llegar a la presidencia, en 2011. Ahora, con el nombramiento de Carlos Crespo como nuevo consejero delegado, ya hay otro tándem en Arteixo. Y Ortega observa.

Un artículo de X.R.M.

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