Frinsa, el rey gallego de la marca blanca, logra su récord histórico de beneficios

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La compañía con instalaciones en Ribeira casi duplica ganancias, con 17,6 millones de euros, y eleva su facturación hasta los 438 millones, consolidándose como la tercera conservera gallega

Rubén Rodríguez

El empresario Ramiro Carregal (c), entrega al doctor Carlos López Otín (d) el tercer Premio Internacional de Investigación Oncológica, "Ramiro Carregal"
El empresario Ramiro Carregal (c), entrega al doctor Carlos López Otín (d) el tercer Premio Internacional de Investigación Oncológica, "Ramiro Carregal"

11 de octubre de 2014 (00:42 CET)

“Los beneficios suponen un porcentaje relativamente pequeño en relación al importe neto de la cifra de negocio (4,02%), pero que ya quisieran para sí una gran mayoría de empresas de este país, sobre todo en esta época”.

Podría ser una declaración de una rueda de prensa cualquiera, pero la conservera gallega Frinsa deja esta idea escrita sobre el papel en su informe de gestión correspondiente al año 2013, que firma el singular anciano Ramiro Carregal, tan capaz de situar a la empresa que preside como tercera conservera de Galicia a la estela de Calvo y Jealsa, como de departir en un restaurante con la ministra de Fomento Ana Pastor.

Debe estar feliz porque Frinsa ha logrado en 2013 un récord histórico de beneficios. Su techo quedó fijado en 17,6 millones, casi el doble que el año anterior (9,4 millones). La cifra puede que no asuste demasiado, pero la progresión del grupo en el fragor de la crisis ha permitido a la compañía repartir dos dividendos a cuenta durante 2013 por importe de 3 millones de euros cada uno. Las ventas de Frinsa, que forjó su imperio surtiendo de marca blanca a las grandes superficies, superan ya los 438 millones, relativamente cerca de los 560 que facturó Jealsa en 2012.

Orgullosos de sí mismos

El grupo con instalaciones en el polígono de Xarás en Ribeira (cuya calle central lleva el nombre de Ramiro Carregal) está controlado ampliamente por su presidente, con el 64% de la acciones, y su hijo, Jorge Carregal Varela, con un 35%. Es el sucesor y ejerce como tal. Frinsa cerró el ejercicio con un beneficio de explotación de 27,8 millones (se multiplicó por 1,7), el resultado de explotación casi se duplicó y la cifra de negocio creció un 15,22%. Es difícil ponerle una pega al balance, quizá el elevado endeudamiento, que roza los 95 millones de euros.

Pero la sociedad no quiere dejar lugar para equívocos. Se da un homenaje en su memoria de ejercicio: “Creemos que la gestión ha sido francamente buena. Hemos incrementado nuestra dimensión, aumentaron los fondos propios (un 32% más) y el patrimonio neto (un 29,90% más); generamos una tesorería muy elevada en las actividades de explotación que se ha dedicado en parte a inversiones, en parte a reducir deuda y en otra parte al dividendo (…) Dichos resultados son a todas luces más que aceptables en el entorno de crisis en el que nos movemos”.

La mitad de las ventas en el extranjero

Quizá el secreto del éxito, o al menos parte, es que Frinsa es cada vez una empresa más internacionalizada. Le gusta matizar a la familia Carregal sobre este aspecto que el compromiso con su tierra es inamovible y que a nadie se le ocurra cuestionarlo. Mantuvo un empleo medio en 2013 de 1.377 personas y los gastos de personal se incrementaron un 8%. “Pero ello enmarcado en una aparente paradoja, en un contexto de mayor internacionalización y de un porcentaje de ventas al exterior que supera el 48%”, dice la empresa.

En concreto, las ventas en España alcanzaron los 234,2 millones, mientras que en el extranjero Frinsa facturó 211,4. “Como se puede ver, todo ello es compatible en una misma empresa”, insiste la compañía, satisfecha, enfundada ya en el traje del récord histórico y confiada en que este año seguirá la buena línea y se mantendrá “la dedicación, esfuerzo y vigilancia que nos ha caracterizado”.

Así se maneja la crisis

Los ingresos de la conservera también se han visto lastrados por la reforma eléctrica impulsada por el Gobierno central, aunque de manera poco significativa. La planta de cogeneración de Frinsa sufrió el recorte de primas, como todas. Su facturación pasó de 8,2 millones a 7,1 en 2013. Pero el incremento de las ventas en el exterior y de los ingresos por venta de mercaderías compensaron con creces el decrecimiento en el mercado eléctrico.

Durante la crisis, impasible, Frinsa fue creciendo en beneficios hasta dar un gran salto el pasado año. El año del récord. Lo que más valora en su memoria la compañía es precisamente el crecimiento sostenido de los últimos ejercicios. Desgrana poco de su secreto. Se ha centrado en la contención de gastos, como toda empresa con dos dedos de frente y ha ido incrementando la intensidad en “la búsqueda de nuevos clientes, el control del proceso productivo, el ajuste de la cifra de existencias, la inversión en programas informáticos para tener una mejor gestión, control e información y la formación del personal”.
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