Finsa suprime trece filiales en tres años

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Con la tercera generación a los mandos, la maderera acometió un proceso de simplificación que redujo su estructura más de un 30%

Protesta en la planta central de Finsa en Santiago por el cierre de Inama | CIG

01 de diciembre de 2013 (04:26 CET)

En paralelo a la crisis económica y a las fatigas del sector maderero, Finsa inició un proceso de simplificación de su estructura societaria. Básicamente, una reordenación que arrancó en 2009 con el objetivo de adelgazar el número de filiales del grupo, que se disparó durante los años de bonanza. Cierto es que la acusada caída del sector y algunas aventuras desafortunadas, como la de Inama en el País Vasco, acentuaron la dieta del primer grupo maderero gallego. Pero más que combatir la crisis y reducir gastos, la compañía intentó racionalizar su estructura, convertir filiales con administración propia en centros dependientes de la matriz, Financiera Maderera, y mantener las plantas productivas y el empleo.

En ese proceso, una de las primeras medidas tomadas por la tercera generación del fundador que asumió el mando tras la repentina muerte su presidente y consejero delegado, han desaparecido trece filiales. El primer paso, hace cuatro años, fue la absorción de siete sociedades, entre ellas Orember o Fibras del Noroeste. El último, por razones muy distintas, la integración de Inama, la filial ubicada en Muxika (Vizcaya), que llevaba un año y medio en concurso de acreedores.

Entre 2009 y 2012, las sociedades controladas por el grupo maderero se redujeron más de un 30%. Gestionaba cerca de 40, que, en su última cuenta de resultados depositada en el Registro Mercantil, quedaron reducidas a 23.

Siete filiales menos sin tocar el empleo

Finsa comenzó su reestructuración tras un periodo de fuerte crecimiento que llevó a que cada fábrica tuviese una carga administrativa propia. En 2006 se hizo con el grupo valenciano Faus, actualmente en venta, para, posteriormente tomar el control de Utisa, con plantas en Teruel y Levante.

Coincidiendo con la llegada de la tercera generación a los mandos de la maderera fundada por Manuel García Cambón, se dio un giro en la dirección contraria. Finsa absorbió siete filiales, preservando el empleo en los centros. La planta especializada en tablero y contrachapado Fibras del Noroeste (Fibranor) con 271 empleados y sede en Rábade (Lugo), y Orember, el centro de producción del polígono de San Cibrao (Ourense) con una plantilla entonces de 157 personas, integraron sus balances en Financiera Maderera.

Junto a ellas, sucedió lo mismo Compras y representaciones de madera, sociedad concebida para el transporte y logística, y Forestal del tambre, una empresa de explotación forestal.

Absorción, venta y liquidación

En su último balance anual, la maderera da cuenta de más movimientos que estrechan su volumen societario. Los más destacados son la absorción de Utisa Tableros del Mediterráneo y Aglomerados Ecar, la filial del grupo en Mondoñedo en la que trabajaban 65 personas y que echó el cierre el año pasado.

Pero no todo han sido fusiones para simplificar la estructura. Finsa también ha vendido sociedades. Entre ellas, Utisa Renovables, la empresa aragonesa dedicada a la promoción de parques eólicos y plantas de generación energética. En el apartado de ventas también consta el traspaso de una filial radicada en China, Shangai Yixiang Timber.

Finalmente, Finsa ha liquidado una de sus filiales dedicadas a la promoción inmobiliaria, la compostelana Urbanizadora de Palas.

Problemas en el País Vasco

A estas sociedades ya absorbidas, vendidas o liquidadas, hay que sumar varios centros que permanecen prácticamente inactivos, la mayoría sociedades de carácter administrativo, como la portuguesa Luso Orember. Pero también aventuras fallidas, como la incursión del grupo maderero en el País Vasco.

Finsa absorbió este año a su filial Inama, ubicada en la localidad de Muxika (Vizcaya) y que llevaba un año y medio en concurso de acreedores. En el proceso ha tenido que devolver 7,5 millones de euros en subvenciones concedidas al amparo de las denominadas “vacaciones fiscales” vascas, un sistema de exención de impuestos que la Unión Europea declaró ilegales.
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