Ferroatlántica paraliza las inversiones en sus tres plantas gallegas

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La compañía de Villar Mir, con centros en Arteixo, Cee y Dumbría, prefiere “crecer” en países con tarifas “más competitivas”

Villar Mir y central de Ponte Olveira en el Xallas

11 de mayo de 2014 (23:45 CET)

“Mantendremos la actividad industrial, al menos por ahora, pero el crecimiento será fuera”. Así de contundente se muestra Ferroatlántica, uno de los mayores consumidores industriales de energía en España, cuando confirma que su inversión en Galicia está congelada por culpa de una tarifa eléctrica que “no es competitiva”, según asegura la compañía.

La metalúrgica del grupo de Villar Mir, que cuenta con fábricas en Cee, Dumbría y en el polígono de Sabón (Arteixo), no habla de cierres, pero reconoce que sus plantas están resistiendo “con muchas dificultades” debido a la peligrosa combinación que forman el encarecimiento de la energía y la contracción económica. En este escenario prefiere buscar fortuna más allá de la frontera que subir la apuesta en el mercado doméstico, aunque se comprometa a mantener la actividad.

Impacto en Galicia


Galicia es quizá la más perjudicada en la decisión, que conlleva el parón inversor en las tres fábricas, dedicadas a la producción de ferroaleaciones y silicio metal. En toda España, el grupo suma cinco, añadiendo a las gallegas una planta en Cantabria y otra en Huesca. El plan de futuro de la compañía no pasa, a día de hoy, por ninguno de estos territorios. La compañía considera que el precio de la energía es un factor clave para competir “y en España ha aumentado un 40% en los últimos siete años”.

Así lo explicó Pedro Larrea, el presidente ejecutivo, durante su intervención en el Foro de la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía (AEGE). “El Grupo sufre en España el precio más elevado de todos los mercados en los que opera: un 28% superior a la media y el doble de lo que la compañía está pagando, por ejemplo, en Francia”, sentenció.

Llueve sobre mojado


La misma semana que Ferroatlántica, también Ence anunciaba el parón inversor en Pontevedra, en este caso por la incertidumbre generada alrededor de su continuidad en Lourizán, pero sin olvidar mencionar que sus ingresos por cogeneración de energía se han visto mermados por los recortes de la reforma energética. Otra metalúrgica, Megasa, amenazó con cerrar la planta de Narón si no lograba mejores condiciones en su tarifa eléctrica.

En el caso de la compañía de Villar Mir, no solo es uno de los mayores consumidores de electricidad en España, sino que también es productor. Despliega por el río Xallas cuatro mini centrales eléctricas, a las que hay que sumar otras dos en A Fervenza, entre Ponte Olveira y Dumbría, y la de Carantoña, en la comarca de Bergantiños. Entre todas suman una potencia activa instalada cercana a los 100 megavatios y en las tres últimas, levantadas en el fragor de la crisis, invirtió 107 millones. Este negocio, al igual que el del metal, sigue pendiente del diseño del Gobierno para el nuevo mapa de retribuciones a las renovables. Y la compañía lo tiene claro, si el marco normativo no cambia las inversiones no se producirán.

La fábrica que se escapó a Canada


Ferroatlántica se compromete, eso sí, a seguir “trabajando con la Administración” para avanzar en reformas que rebajen el precio de la energía. En concreto, hace referencia a las tarifas para grandes consumidores y a la prima por interrumpibilidad, la misma que puso contra las cuerdas a Megasa.

Pero el grupo de Villar Mir tiende la mano por un lado y clava un puñal por el otro. Como muestra de que sus planes de futuro no pasan ni por Galicia ni por España, ha puesto como ejemplo la inversión de 200 millones de euros del Grupo en una nueva fábrica de silicio metal en Canadá. “Norteamérica está a otro nivel y nos llevan 15 años de ventaja. Cuando hablamos de energía, hablamos de supervivencia”, sentenció Larrea.
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