Fernández de Sousa maniobra para mantener una Pescanova paralela

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Una vez apartado por el juez, impulsó nombramientos en Novapesca Trading, que controla el entramado internacional y está sin auditar

Manuel Fernández de Sousa, ex presidente de Pescanova | Efe/ED

07 de mayo de 2013 (21:53 CET)

Manuel Fernández de Sousa-Faro, apartado por el juez de la gestión de Pescanova, sigue dictando los destinos de una multinacional que en estos momentos sólo tiene en concurso de acreedores a su matriz y en preconcurso a filiales como Pescafina. El resto, un limbo de compañías repartidas por una veintena de países, muchas de las cuales no consolidan con el grupo. Esta situación ha dejado margen a Fernández de Sousa para tomar decisiones antes de la presentación el concurso, como denunciaron los sindicatos cuando movió a una veintena de ejecutivos de la matriz a las filiales, o para hacerlo después del auto del juez que le apartaba de la compañía. Es el caso de los últimos nombramientos en Novapesca Trading, toda una Pescanova paralela, al margen de los auditores, del propio concurso, del juez y de los administradores designados por el magistrado.

De hecho, el pasado 26 de abril, un día después de que se dictara el auto por el cual se aparta a Fernández de Sousa-Faro de la presidencia y a todo el consejo de administración, se inscribía en el Registro Mercantil de Pontevedra el nombramiento de Olegario Casal Cabaleiro, un ejecutivo muy vinculado al presidente, como administrador apoderado mancomunado de Novapesca Trading. El mismo día de la inscripción en el registro del nombramiento del directivo; es decir, cuando se hizo público a todos los efectos, el comité ejecutivo de la autoridad bursátil proponía como administrador concursal de Pescanova a Deloitte, que aceptaría el cargo tres días más tarde, el pasado 29 de abril. ¿Quién nombró a Casal Cabaleiro tras el cese técnico de Manuel Fernández si los administradores concursales todavía no habían tomado posesión?

¿Vacío de poder?

Lo cierto es que en esa semana, entre el auto y la toma efectiva de contacto de los administradores concursales con la gestión de Pescanova, que se produjo el pasado día 2, la compañía todavía tuvo tiempo de denunciar ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores y ante el propio Juzgado de lo Mercantil de Pontevedra el vacío de poder que se generaba en el grupo ante la falta de timón efectivo, generado por el supuesto retraso en el desembarco de Deloitte. Eso sucedía en Pescanova, no en Novapesca Trading.

Y es que el de Olegario Casal no dejaría de ser uno de los muchos movimientos que ha realizado Manuel Fernández si no fuera por el cargo que pasa a ocupar, apoderado mancomunado, y sobre todo para la compañía que ha sido designado: Novapesca Trading, una suerte de banco malo de Pescanova, que aglutina una deuda multimillonaria, está sin auditar y no consolida con el grupo. Ejecutivo cercano al presidente, Casal Cabaleiro es un histórico de la casa, vinculado a los negocios de acuicultura y langostino, siempre en la sociedad holding, y en primera línea de negocio. Ha ocupado escasos puestos corporativos en Pescanova, al margen de haber sido consejero de Boapesca.

La caja de la instrumental

Sobre Novapesca Trading, según sus propias cuentas y memoria depositadas en el Registro Mercantil, se articula una red de transacciones y endeudamiento entre filiales que se reparte por todo el globo: desde Namibia a Nicaragua, pasando por Japón, Chile, Sudáfrica e Irlanda, entre otros muchos países. Es una sociedad instrumental a todos los efectos, que opera como caja a la que recurrir para financiar participadas, precisamente una de las sombras que se proyectan sobre la compañía. De hecho, esta filial de la multinacional tiene un capital de 11 millones de euros, pero declara unas inversiones financieras de 672,6 millones.

Si una filial de Pescanova bajo sospecha se lleva también la palma de las reticencias de la banca acreedora, una vez que se comienzan a descubrir las cartas de una deuda que podría ascender a los 3.400 millones, frente a los algo más de 1.500 declarados, esa es Novapesca Trading, antigua Gesinor SL. Sólo esa empresa tiene una deuda de más de 806 millones de euros, entre lo que debe a empresas del grupo y a sus acreedores comerciales. Y, lo que es peor, sus cuentas están sin auditar. Ni siquiera por la firma de BDO, la auditora de cabecera de Pescanova que la compañía intentó revocar.

Novapesca Trading declaró en 2011 una deuda de 585,4 millones de euros con el grupo y de otros 220,8 millones con acreedores comerciales. Su facturación, de algo más de un millón de euros, y su resultado financiero positivo, 12,3 millones. De esa facturación de un millón de euros declarada, solamente 16.700 euros fueron por ventas. El resto, prestación de servicios. Así es el banco malo de Pescanova, que ahora tiene nuevo timonel.
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