Imagen de archivo de protestas frente a la sede del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) en los días previos al 1-O. EFE/Marta Pérez

Empresarios gallegos en Cataluña: “Nos sentíamos olvidados por el Estado”

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“Tristes” por el conflicto institucional, empresarios gallegos coinciden en que la actuación del Estado fue errática e infravaloró al independentismo

Rubén Rodríguez

Economía Digital

Imagen de archivo de protestas frente a la sede del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) en los días previos al 1-O. EFE/Marta Pérez

en A Coruña, 05 de octubre de 2017 (06:00 CET)

“Es una situación triste de narices”. Así se pronunciaba un empresario gallego que tiene su actividad en Cataluña apenas unas horas antes de que el rey Felipe VI calentara un poco más los ánimos con su declaración del pasado martes. La idea se repite. Es una constante. Hay empresarios sensibles con el movimiento independentista, que urgen una negociación; los hay totalmente contrarios, que quieren la intervención de la Generalitat. Pero todos tienen en común cuatro cosas: están tristes, están preocupados, consideran que el Estado actuó tarde y defienden el cumplimiento de la ley.

Un calculado comunicado de la Asociación de Empresarios Gallegos de Cataluña, que tiene en su junta directiva a Amancio López (Hotusa), José Antonio Castro (Hesperia) o a Julio Fernández (Filmax), se pronunciaba en este sentido: “Siempre hemos defendido el cumplimiento de las leyes, la libertad y la democracia. Por eso esperamos que, en estos días convulsos, el seny catalán que tanto admiramos finalmente se imponga”, solicitaba AEGA-CAT.

Pero a título individual, a nadie le apetece hablar. Ni Hotusa ni Hesperia ni Filmax se han posicionado sobre el conflicto. “¡Y tanto que hay miedo!. Tienes que ir con mucho cuidado”, asegura Manuel Valdés, histórica voz de Radio Tele-Taxi, empresa que dirigió durante 35 años y que emitía desde Barcelona programas en gallego como Lonxe da Terra. Ahora es propietario de Adegas Valcar, ubicada en la Ribeira Sacra, pero con distribuidora en Cataluña.

Los empresarios prefieren no hablar públicamente sobre el conflicto por miedo a las consecuencias que pueda traer a su empresa

Valdés es duro con el independentismo. Habla sin cortapisas de una educación que adoctrina a los alumnos y de una fractura en la sociedad. “El otro día me encontré con un amigo en un restaurante y se me echó a llorar”. Fue después de una discusión política en casa con el yerno, independentista, que decidió coger a su nieta y marcharse. Ahora ni siquiera responden a sus llamadas de teléfono, según relata.

“La única solución para que esto se acabe es aplicar el artículo 155 y que sirviera para poder convocar unas elecciones y que la gente pudiera votar libremente. Tal y como están las cosas, yo no veo que sea posible un diálogo. Cuanto más se tarde en aplicar, más tarde llegará la solucion. Si le tiene que costar el puesto a Rajoy, que le cueste el puesto, porque en estas situaciones es donde un político se la tiene que jugar”, asevera el empresario gallego.

La Generalitat gana la partida al Gobierno

Valdés asegura que la Generalitat le ha ganado totalmente la partida al Gobierno porque comunica mejor y es más operativa. “Acaba de salir un artículo que explica cómo funcionó la protesta en una comisaría. Hubo un momento en el que ya no interesaba, porque se estaba volviendo agresiva y había cámaras grabando. El que estaba al margen mandó un aviso y en minutos se habían marchado todos”, relata a modo de ejemplo.

Otro empresario gallego que prefiere no dar su nombre, responsable de una empresa que supera los 20 millones de facturación, coincide a la hora de señalar la actuación errática del Estado. “Se necesita que alguien empiece a decir que esto no está olvidado”, apunta. Y deja frases lapidarias. “No nos conocemos. Hay un desconocimiento tremendo. No para mí, que conozco Galicia y tengo la sensibilidad de allí, pero para mucha gente el desconocimiento es total. Ahora mismo es muy fácil sumarse aquí al independentismo y, en el otro lado, es muy fácil sumarse a lo de 'a por ellos'. No se ha calibrado que este es un problema más serio. Se ha pensado que era un tema naif y que era un poco infantil, pero el independentismo lo tenía súper medido. Al final ha ido a votar gente que no tenía pensado hacerlo por la actuación del Estado”, expone.

Pone como ejemplo las cargas del 1-O. “Era un referendum ilegal y, siendo ilegal, no hacía falta que pasara lo que pasó. Los independentistas han conseguido lo que querían, que se convirtiera en un tema internacional. De lo que se trataba era de explicar el día después por qué no se estaba haciendo bien ese referendum y por qué no era válido. Al final se convirtió en una situación dura para la gente que vive aquí. La gente catalana es pacífica, pero esto le da argumentos a los que piensan diferente”, censura.

Aplaudiendo a los tanques

Los empresarios están convencidos de que el conflicto tendrá consecuencias económicas. “Hasta el momento no se ha percibido, pero se acabará trasladando. De entrada ya tienes una inseguridad. Y en el fondo, estamos hablando de un problema que no teníamos en lugar de hablar de problemas reales de la sociedad y problemas económicos. Hemos cambiado el foco”, expone.

"El Estado ha diagnosticado el problema, la ilegalidad, pero el remedio es malo", dice un empresario

"Yo vivo en una zona residencial donde las casas valen bastante dinero. Aquí a las diez de la noche suenan las cacerolas y el 1-O había colas para ir a votar. No estamos hablando de gente que va en masa. Hay gente formada, que tiene las ideas claras y que está dipuesta a apostar fuerte. O los tratas de igual a igual o vas a tener muy difícil arreglarlo. El Estado ha diagnósticado la enfermedad, la ilegalidad, pero el remedio es malo. El tema es para estar triste”, concluye.

Valdés teme incluso que se produzcan episodios de violencia. “El otro día hablaban en la televisión de movimientos de tanques en el Ejército. No creo que tuvieran relación con Cataluña, pero la gente del bar se puso a aplaudir. Muchos de ellos serían de fuera o incluso ultras. ¡Pero aplaudían!.Lo que quiero decir es que esto es muy serio”, alerta. 

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