Elcano pelea en los juzgados con su socio brasileño por los contratos de Petrobras

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El grupo naviero de José Silveira Cañizares lucha por recuperar el control de un astillero de gestión compartida que realiza encargos para el gigante petrolero

José Silveira Cañizares, al  lado de la imagen de un barco de Elcano

13 de mayo de 2014 (19:20 CET)

La Empresa Nacional Elcano (ENE), la mayor naviera española, propiedad de José Silveira Cañizares, tiene problemas en Brasil. Pero no por sus numerosos servicios marítimos y flota propia, sino en el seno de su división de construcción naval. La compañía, cuyo titular mayoritario es la sociedad gallega Grupo Nosa Terra 21, ha puesto a litigar a todas sus filiales brasileñas y portuguesas para recuperar el control y restablecer el orden financiero y la credibilidad de un astillero de gestión compartida en la ciudad industrial de Itajaí, al sureste del país, donde se fabrican módulos de buques gaseros y piezas para plataformas petrolíferas contratadas por el gigante Petrobras.

Las fuertes desavenencias con su socio local, Construçoes Navais Itajaí (CNI), y las supuestas deslealtades de este en los últimos meses han terminado en una batalla judicial en los tribunales de Santa Catarina. Ambas firmas, la gallega y la carioca, mantenían el dominio pacífico del astillero de Itajaí, que funcionaba doblemente bajo el control directo de la primera a modo de arrendataria, aunque con la propiedad de Elcano. En su momento, la empresa de construcción naval, fundada originariamente como Manuel Pires Guerreiro SL fue comprada por el grupo de Silveira, que creó una sociedad con Itajaí para su aprovechamiento en régimen de alquiler.

Embargo y desahucio


Según consta en la documentación del litigio, al que ha tenido acceso Economía Digital, como consecuencia del agujero patrimonial abierto por Itajaí, Elcano ha reclamado en los tribunales brasileños el embargo de su anterior socio por valor de más de 13 millones de euros. Pretende así, con la traba de los bienes resarcirse directamente de los incumplimientos contractuales con su sociedad filial Estaleiro Itajaí SA, propiedad, a su vez, de la sociedad instrumental portuguesa Globalspectre, con sede en Madeira; y, subsidiariamente, con la Empresa de Navegaçao Elcano SA, (sociedad dominante de la Empresa Nacional de Empreendimento Navais, que maneja la flota y los fletes en Brasil).

Además de impetrar judicialmente a su anterior socia comercial para que afronte sus impagos (en la que se incluían salarios de los trabajadores del astillero), la firma gallega estaba más que alarmada ante el tamaño que adquiría la deuda. Así, debido a la inoperancia de su socio local en el cumplimiento de las obligaciones contraídas, también ha solicitado la revocación del dominio que su socia ejerce, a título de arrendataria, sobre el astillero brasileño. Ambas compañías mantenían una aparente buena relación económica y comercial desde 2008.

Cadena comercial

Pero esta relación ha saltado por los aires. Construçoes Navais Itajaí abrió poco a poco un agujero multimillonario y el holding naviero español saltó disparado del caldero hirviendo en que se había convertido su relación comercial con su anterior compañero de viaje. Con todo, otra poderosa razón, además del quebranto económico, también ha movido a la naviera española. La compañía naval carioca fue contratada en su momento por el grupo Ecovix-Engevix como suministradora de grandes bloques de acero para la construcción de varios buques, en concreto tres gaseros y un quimiquero, y plataformas petrolíferas. Al final de esta cadena comercial aparece el verdadero nombre con mayor peso: Petrobras, el gigante energético brasileño.

Imagen debilitada

Elcano está intentando por todos los medios que su imagen no quede debilitada ante uno de sus clientes más relevantes, y que este episodio no empañe la fuerte relación que, aunque con sus altibajos, mantienen desde hace años. “La maraña de contratos”, tal y como califican el litigio los autos judiciales brasileños, ha hecho que el problema haya crecido como una bola de nieve, hasta el punto de haber sido aplazado para su solución judicial definitiva en varias ocasiones, con recursos y contrarrecursos de ambas partes en conflicto tanto en la vía judicial como arbitral.
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