El Santander se apea de las negociaciones con Celsa

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El banco que preside Ana Botín intentó apartar a los Rubiralta pero el resto de entidades frenó su plan, por lo que dejó de participar en las reuniones

Exterior de la fábrica de Celsa en Castellbisbal (Barcelona) / EFE

Barcelona, 02 de marzo de 2017 (05:00 CET)

La negociación de la deuda de la siderúrgica Celsa es de las más complejas que se recuerda en el mundo empresarial catalán. Pronto se cumplirá un año del inicio de las conversaciones con la banca y el acuerdo se hace esperar. Tras presentar el plan de negocio y la contrapropuesta de los bancos, ambas partes todavía negocian numerosos flecos. Pero hay un actor que se ha apeado de las negociaciones: el Santander.

El banco que preside Ana Botín es uno de los principales acreedores de los 2.600 millones de deuda de la compañía de la familia Rubiralta, pero no el primero. Además del Santander, el pool lo lideran Caixabank, el Sabadell y el BBVA, todos ellos con más 300 millones de euros, y los dos últimos bancos tienen algo más que el de Botín, sobre 360 millones.

Pese a que su posición no es mayoritaria, el Santander intentó liderar las negociaciones con Celsa con una propuesta drástica, pero topó con la posición del resto de entidades. El mayor banco español considera que la compañía no tiene capacidad para devolver toda la deuda, por lo que optó por intentar tomar su control.

Botín se alió del fondo estadounidense KKR para impulsar su entrada en Celsa respaldado por la banca, y echar así a los Rubiralta, como adelantó El Confidencial. Fuentes de la compañía negaron que se esté negociando este acuerdo y aseguraron que está al corriente de sus obligaciones con la banca y que seguirá cumpliendo con ellas.

Fuentes financieras confirmaron a Economía Digital que el Santander echó mano de KKR para intentar tomar el control de Celsa, pero matizaron que este intento se produjo en diciembre y que fue rechazado frontalmente por una mayoría de acreedores, por lo que fue descartado. Tal como está repartida la deuda de la compañía, ningún banco puede hacer un movimiento así sin contar con un apoyo mayoritario.

Esta propuesta marcó un antes y un después en las negociaciones porque apartó al Santander, según aseguraron las mismas fuentes. La mayoría de entidades, que no veían con malos ojos el plan industrial de los Rubiralta, optaron por una propuesta más moderada que no contaba con el apoyo de Botín, por lo que el banco dejó de tomar parte en las conversaciones. Asiste a las reuniones pero no participa.

Sin prisa pero sin pausa

En el plan de negocio presentado ante los bancos, y revisado por la consultora KPMG, la compañía presidida por Francesc Rubiralta proponía rebajar su deuda en más de 850 millones en 2021. No contemplaba desinversiones significativas ni cierres de plantas pese a las urgencias financieras de la compañía, y consideraba que la mejora del negocio sería suficiente para cumplir son las obligaciones financieras.

La banca, liderada ahora sólo por Sabadell, BBVA y Caixabank, aunque no es partidaria de entrar ya en Celsa, tampoco confía ciegamente en sus planes. Por ello, quiere que parte de la refinanciación se haga con un préstamo participativo, lo que le permitirá entrar en el accionariado de la compañía si no cumple los plazos de devolución de la deuda. Tampoco descarta exigir alguna desinversión de activos en el extranjero.

Celsa se enfrenta a vencimientos importantes de deuda el próximo año, de unos 650 millones de euros, aunque este 2017 también tiene que hacer frente a un pago. La siderúrgica, que no confirmó estas cifras, sí que aseguró que el primer compromiso importante es 2018, por lo que, si bien está negociando con los bancos, no muestra prisa por cerrar un acuerdo.

El primer grupo siderúrgico español todavía no ha hecho públicos sus resultados de 2015, cuando, a priori, preveía presentar beneficios. En 2014 facturó 3.900 millones de euros, un 2,5% menos, aunque su ebitda creció un 15%. Su ratio de deuda respecto a Ebitda se sitúa por encima del 14%, y el objetivo es que en 2021 quede por debajo del 4% gracias a su reducción y a la mejora del negocio y, por tanto, del Ebitda.

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