El pan de los monjes reniega de sus imitadores

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Aumentan un 30% las ventas de Pan de Cea mientras las "falsificaciones" ponen en peligro su imagen

Horno de piedra tradicional en Cea

08 de septiembre de 2012 (18:41 CET)

La elaboración de pan en San Cristovo de Cea, municipio ourensano de 4.000 habitantes, es más antigua que sus primeros pobladores. Comenzaron a amasar pan en la zona los monjes cistercienses del Monasterio de Oseira y su arte se filtró a los habitantes de la incipiente villa que se formaba a su alrededor.

En la actualidad, el Pan de Cea se distribuye por todo el Estado y se degusta en la alta restauración de ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. Constituye el principal eje económico del pequeño municipio, que exporta más de la mitad de la producción de sus 17 hornos. Alguno de ellos, vende el 80% de su pan fuera de Galicia.

El éxito del producto ha provocado la aparición de una legión de imitadores que comercializan pan “tipo Cea” o “estilo Cea” e, incluso, “falsifican” directamente la marca de la Indicación Geográfica Protegida. “Crean un mal hábito y acaban dañando la imagen del producto”, advierte Carlos Manuel Rodríguez, presidente del Consello Regulador. “El auténtico Pan de Cea tiene que llevar la bolsa y el logo del Consello e incluir el nombre del panadero”, expone.

La Xunta no hizo oídos sordos a las demandas de los hornos. En los últimos dos años investigó 8 panaderías por supuesta venta fraudulenta de Pan de Cea e incrementó las sanciones, que pueden alcanzar los 30.000 euros de multa y el cierre del local.

Distinción en El Corte Inglés


A pesar de la competencia de los imitadores y de la crisis económica, el mercado ha sonreído a los hornos de Cea. Las ventas crecieron en el último año un 30%, impulsadas por las grandes áreas comerciales. En este sentido, Carlos Manuel Rodríguez destacó la inclusión del pan en la sección gourmets de El Corte Inglés.

La noticia no sorprendió a los panaderos de Cea, acostumbrados a mover su producto en la alta restauración española y en los comercios especializados. La receta tradicional, cuyas primeras referencias datan del siglo XIII, se exporta ahora como producto delicatessen y el mercado español ha desbancado en volumen de negocio al gallego.

En este modelo de comercialización, la unidad de pan puede venderse a 8 euros, muy por encima de su precio medio que está alrededor de los 2 euros por pieza.

Dos mil ventas en un día

Como prueba de buena salud quedó la fiesta de exaltación del producto, que celebró este verano su vigésimo primera edición. Acudieron a la celebración 15.000 personas, que agotaron las 2.000 piezas de pan puestas a la venta.

La panadera de Pedrayo

El desplazamiento de las ventas hacia el Estado comienza a producirse en los albores del año dos mil y alcanza en estos días su cota más alta. El pan sale de los hornos de Cea por la noche y se envía por mensajería a Asturias, Extremadura, País Vasco, Madrid, Catalunya y Comunidad Valenciana para la venta a la mañana siguiente.

La primera imagen de la comercialización de Pan de Cea muestra sus más humildes orígenes. La recoge un libro de Otero Pedrayo y muestra a una panadera vendiendo durante una feria en Carballiño.

El pan conserva la misma forma y peso que entonces, entre 15 y 18 cm de ancho y entre 32 y 38 cm de largo, y con un peso de 1 a 1,2 kg.

Una historia en el País Vasco

Aunque el paso decisivo en la evolución de la comercialización del Pan de Cea está relacionado con la distinción de Indicación Geográfica Protegida en 2004, el presidente del Consello de Regulación recuerda que la expansión al resto de la península tiene una historia más reciente.

“Ha sido en los últimos años cuando ha empezado a crecer el mercado español y ha ganado terreno al gallego”, dice Carlos Manuel Rodríguez.

Como ejemplo, rememora una degustación gastronómica en el País Vasco a la que llevó sus productos en el 2009. “Me invitaron a competir y acudí de mala gana porque tenía que presentar pan del día anterior, frente a los otros participantes que tenían pan del mismo día. Para mi sorpresa fui el ganador y comprendí que la acogida de nuestro producto en el Estado iba a ser excelente”, concluye.
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