El negocio eólico de Finsa naufraga antes de comenzar

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La renuncia a los megavatios del concurso de la Xunta pone fin a la tentativa de la maderera de entrar en el negocio eléctrico, que se limitará a las plantas de cogeneración

Francisco Conde en las instalaciones de Finsa | E.P.

21 de julio de 2014 (03:14 CET)

Otra vez en punto muerto. La renuncia de Finsa a los 21 megavatios que logró en el reparto eólico de la Xunta deja a la primera maderera gallega sin aspiraciones en el negocio del viento. Y no porque no tuviese intención de hacer caja. Entre 2010 y 2011 creó hasta tres filiales enfocadas exclusivamente a la explotación de parques eólicos, dos en Galicia y una tercera en Teruel, todas ellas vinculadas a sus centros productivos. Pero el proyecto nunca llegó a cuajar y la empresa tampoco tiene intención de gastar energía en ponerlo en marcha después de que la reforma eléctrica pusiera en duda su rentabilidad.

Bajo el control de Finsa están actualmente Ecar Eólica, con domicilio en Lugo. Se constituyó en 2010 vinculada a Aglomerados Ecar, la sociedad que daba nombre a la planta de Mondoñedo y que fue absorbida por la matriz. Vinculada a la planta central, en Santiago de Compostela, la maderera constituyó en 2011 Electricidad Eólica de Galicia. Ninguna de las dos sociedades, que tienen por objeto social la construcción, explotación, operación y mantenimiento de parques eólicos singulares, tuvo nunca actividad. Y tampoco la tendrán ni a corto ni a medio plazo.

Soria se cruzó por el camino

Las empresas fueron creadas a contracorriente, cuando Finsa, tras el aterrizaje de la tercera generación en los mandos de la maderera, estaba reorganizando su sobredimensionada estructura y reduciendo el número de filiales. La excepción era el prometedor negocio eólico, para el que sí se constituían empresas a la espera de una buena oportunidad para ponerlas en marcha.

Laminada la rentabilidad de los parques por el recorte a las primas de las renovables, la dirección de Finsa no tiene cuerpo para aventuras arriesgadas. Sobre todo después de haber sufrido como pocas durante la crisis económica. En su último balance de cuentas presentó números rojos por valor de 13 millones, después de perder otros 11,5 millones el año anterior.

Venta de Utisa


Las opciones pasan entonces por liquidar o, simplemente, mantener las filiales sin actividad porque no estorban. Electricidad Eólica de Galicia tiene un capital social de 6.000 euros y Ecar Eólica de 3.000, cantidades que coinciden exactamente con el valor contable que les atribuye Finsa en su memoria.

La maderera contaba con una tercera eólica, Utisa Renovables. Constituida en 2011 en Teruel al calor de Utisa Tableros del Mediterráneo, con fábrica en la misma provincia. La sociedad fue absorbida por la matriz, Finsa, y Utisa Renovables acabó vendiéndose, una vez más, sin llegar siquiera a iniciar su actividad.

Cogeneración

La verdadera vocación de la compañía en materia de energía se centra ahora en la cogeneración, un proceso que le permite rebajar la factura de gastos en las plantas de Rábade (Lugo), Ourense y Santiago y, al mismo tiempo, obtener ingresos acudiendo al mercado eléctrico.

Finsa cogenera con gas y fuel y aglutina sus plantas en la sociedad Cogeneración del Noroeste, que presentó un resultado positivo en 2012 de 5,2 millones de euros.
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