El empresario amigo de casi todos

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La retirada de Fontenla está más condicionada por sus asuntos privados que por su gestión al frente de la CEG

Fontenla, en una foto de archivo de 2001, cuando llegó a la presidencia de la CEG / EFE

22 de julio de 2013 (22:03 CET)

Otros vendrán que bueno me harán. Con Antonio Fontenla lejos de la patronal, cabe preguntarse si lo que había hasta ahora al frente de la Confederación de Empresarios de Galicia era un presidente más pendiente de los muchos frentes abiertos que tiene en sus negocios privados, lo que le habría ocasionado no solo un perjuicio en su imagen, sino también en su bolsillo, dejando de atender los asuntos de la CEG como debiera, o un líder que en condiciones normales de presión y temperatura no hubiera sido capaz de revalidar su mandato frente a Fernández Alvariño, como hizo ya en dos ocasiones. A estas alturas, una vez arrojada la toalla para presentarse a un nuevo mandato, parece claro que a Fontenla le han desbordado los muchos líos empresariales en los que, directa o indirectamente, se ha metido en los últimos años, más que su propia gestión al frente de la patronal gallega, a la que llegó en una situación dramática, allá por 2001.

La crisis, con suspensión de pagos incluida, de la empresa familiar de la que en su día fue descabalgado y a la que volvió recomprándole paquetes accionariales a sus hermanos, unido al duro golpe que asestó la crisis al negocio de la construcción, que era el suyo, no fueron más que el preludio de los muchos problemas que le ha generado todo el caso Someso y las derivadas de sus relaciones con el ex regidor coruñés, Francisco Vázquez. También en los tribunales.

Desligar las actividades públicas de las privadas

La estrella de Fontenla comenzó a brillar con menos fuerza precisamente una vez que se destaparon los negocios eólicos del constructor y el antiguo alcalde socialista. Eso fue hace unos años, y desde entonces, con más o menos fortuna, Antonio Fontenla intentó desligar su actividad institucional (sigue siendo presidente de los empresarios coruñeses, y por tanto, será vicepresidente de la nueva CEG) de la corporativa. Es decir, la pública de la privada. Es cierto que con pulcritud separó el grano de la paja y mantuvo un dique entre ambas esferas, pero no lo es menos el hecho de que sus problemas privados influyeron de manera decisiva en su proyección pública.

Antonio Fontenla (A Coruña, 1943) deja una patronal que no tiene nada que ver con la que se encontró, después de la nefasta gestión del ya fallecido Antonio Ramilo Fernández-Areal, ex regidor franquista, cuya herencia (un auténtico agujero negro) todavía colea en los despachos y los tribunales. Pero Fontenla, además de sus públicas y nada rentables desavenencias con el actual alcalde popular Carlos Negreira, no ha atendido en todo este tiempo a los suyos como debiera. De otro modo no se entendería el súbito apoyo de las patronales provinciales de Lugo y, en parte, Ourense, a la candidatura de Fernández Alvariño. Sin duda, el coruñés tendrá ahora mucho más tiempo para resolver sus pleitos.
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