Andreina Gámez y su marido Luis Carlos De León, en prisión por blanqueo de capitales.

El desembarco de las bolichicas

Los arrestos de bolichicos, jóvenes magnates venezolanos que surgieron con el gobierno chavista, impulsa a sus mujeres que asumen el control de los negocios

Bolichica 1. Andreina Gámez, casada con Luis Carlos De León.

Antes de ser detenido por la Guardia Civil para su extradición a Estados Unidos, Luis Carlos De León, un bolichico conocido en las altas esferas sociales de Madrid, gestionaba personalmente su fortuna, sociedades fiduciarias, fondos y su dinero personalmente. 

Pero con su encarcelamiento en Estados Unidos ya no puede estar al frente y gestionar todos los detalles del negocio. Su mujer Andreina Gámez ha tomado las riendas de la fortuna familiar. 

Andreina siempre fue una muchacha más en el grupo de 15 amigos, todos jóvenes de clase media alta caraqueña que estudiaron en su mayoría en el colegio Don Bosco de Altamira, zona pudiente de Caracas y opositora por excelencia a los gobiernos de Chávez y Maduro. 

El grupo fue siempre muy unido por las parrilladas, las fiestas y los viajes. Los muchachos, educados en colegios privados católicos, no tenían grandes intereses fuera de los lugares comunes de los chicos de esas edades: ropa de marca, buenos automóviles y fiestas memorables. 

Andreina llegó al grupo de la mano de su entonces novio, Luis Carlos De León, hoy acusado de blanqueo de capitales y organización criminal. Llevaba una vida llena de comodidades pero, de la noche a la mañana, algunos de los jóvenes del grupo comenzaron a hacer negocios con el gobierno chavista a través de la electricidad de Caracas. Todo comenzó cuando Luis Carlos De León, muchacho hábil y simpático, conoció a Javier Alvarado, un cargo medio de la industria petrolera que ascendió como la espuma con el chavismo al negarse a secundar uno de los paros petroleros contra Hugo Chávez.

A mediados de la década pasada, el chavismo había ordenado la construcción de nuevas plantas eléctricas en varios estados de Venezuela. La crisis energética justificó la concesión de contratos a dedo, sin concurso público. Y la suerte, como una lotería inesperada, cayó en las manos de jóvenes sin experiencia, sin bagaje de ningún tipo pero con unas ambiciones enormes de hacer dinero. 

Andreina

Andreína Gamez en una foto de redes sociales. 

Cuando su pareja, Luis Carlos De León, comenzó a beneficiarse de los contratos millonarios del gobierno, Andreina no podía ocultar su nuevo ritmo de vida. Apenas fue apresado, Andreina tuvo que abandonar el chalet de La Moraleja encargado a un estudio de arquitectura de máximo lujo y que recibió el encargo de transformar la vivienda con el mayor lujo posible. “En el fondo, querían una casa como las Kardashian”, explican fuentes cercanas a la familia. Andreina, aficionada al gimnasio y al deporte, tomó las riendas de los negocios y llevó su vida y sus empresas en España con aparente normalidad. 

Andreina, arquitecto de profesión y extrabajadora del Metro de Caracas, entró en la vida de Luis Carlos antes de la llegada de los millones que hoy están siendo investigados por las autoridades de Estados Unidos. La fiscalía de Houston, con la que ahora colabora Luis Carlos De León para intentar reducir su condena, está encargada del caso. Y como De León nunca se llegó a imaginar los millones que le lloverían gracias a las adjudicaciones a dedo, nunca firmó capitulaciones matrimoniales, es decir, régimen de separación de bienes. 

“Es por ese motivo que Andreina está hasta el cuello en el caso de Luis Carlos”, explica una amiga de la juventud. “Ella y su familia figuran en las empresas que están siendo investigadas”, prosigue. 

Una de esas empresas es Constech Europa, con sede en Madrid, y Sansobino 1997 SL, según datos del Registro Mercantil. Pero Andreina ha tenido que abandonar España, retirar a los niños del colegio y mudarse a Miami, cerca de su marido. También figura en Invermilemiun Sicav con Verónica Betancourt (bolichica 2) y su esposo Julián Osca

La transformación de su patrimonio también llegó con el cambio físico. A sus 41 años recién cumplidos, Andreina está irreconocible para muchos que la trataron en la época de juventud. “Se operó la quijada, la nariz y se puso pómulos. Algunas chicas del grupo le comenzaron a poner apodos despectivos como “Michael” por Michael Jackson o “The Duchess” (La Duquesa) por la Duquesa de Alba”, explica una ex integrante del grupo.  

Las amigas que nunca habían fallado en los cumpleaños y en las bodas, comenzaban a notar que el cambio de ritmo de vida y también la transformación física de Andreina estaban asociadas a los negocios que su esposo, Luis Carlos De León, había comenzado a firmar con el gobierno chavista

De inmediato llegaron las peleas, las confrontaciones. Algunos miembros del grupo le reprochaban que, después de haber marchado en contra del gobierno de Chávez, los jóvenes del grupo comenzaran a firmar contratos millonarios para llevar una vida de lujos y desenfreno. De la crítica pública al gobierno pasaron a enmarcar cuadros de Chávez y Maduro en sus despachos. 

Bolichica 2. Verónica Betancourt, casada con Julián Osca.

El matrimonio Betancourt-Osca se trasladó desde Venezuela hasta Madrid con la ayuda de Luis Carlos De León. Osca figura en algunas empresas del clan de los bolichicos. Hombre discreto, según lo describen sus amigos, su carácter contrasta con el su mujer Verónica, mucho más ostentosa, según su círculo. 

Betancourt sigue residiendo en Madrid junto con Julián Osca, a pesar de las investigaciones que han terminado con la extraditación de su amigo y socio Luis Carlos De León. “En el grupo la recordamos porque solía decir con bastantes ínfulas y cierto desprecio que viajar a Miami era como ir a Río Chico (una playa cercana a Caracas)”, comenta un integrante del clan. Por ahora, ha salido ileso. Su nombre no ha aparecido en el listado de bolichicos solicitados por el gobierno de Estados Unidos.

Verónica Betancourt

Verónica Betancourt en la boda de su amiga Andreina.

Verónica se graduó de la Universidad Católica Andrés Bello como Ingeniero Civil, recuerdan sus amigas. Creció en una familia de clase media alta en la urbanización Los Chorros de Caracas y era la menor de tres hermanos. 

La relación con la pareja conformada por Luis Carlos De León y Andreína Gámez es tan estrecha que ellos son los padrinos de una de sus hijas, según explican desde su entorno cercano. 

Verónica figura como consejera al igual que su marido Julián Osca en Ibermilenium Sicav, una sociedad presidida por Andreina Gámez (bolichica 1). En su entorno aseguran que guarda una relación parental no directa con Alejandro Betancourt, el bolichico por antonomasia que compró el castillo de El Alamín del expresidente de la CEOE Díaz Ferrán por más de 25 millones de eurs y que también entró en Hawkers con una inversión declarada de 50 millones de euros. 

Bolichica 3. Marisa Yánez, casada con Ricardo Lugo.

Marisa Yanez Mussetti es una odontóloga de profesión que estudió en el colegio católico Cristo Rey en Caracas. Cuando ingresó al grupo (que años después se transformaría parcialmente en un clan de bolichidos) casi todos ya estaban casados. En un principio se mostraba introvertida, explican sus amistades, pero cuando su marido, Ricardo Lugo, entró en los negocios del clan, comenzó a cambiar.

Marisa

Marisa Yánez.

“Se convirtió en una mujer muy extrovertida como Andreina y Verónica y también comenzó a presumir del éxito de los negocios de su marido”, explican en su círculo cercano. 

Llegó a Madrid en 2012 para acompañar a su esposo en la operación de las empresas Constech Europa y Clitre Spain, relacionadas con los negocios del clan.  

A pesar de no haber participado activamente en los negocios de su esposo, Ricardo Lugo, su nombre figura en Luyaco Investment LLC, una sociedad de riesgo limitada que tiene la propiedad de uno de sus apartamentos en South Beach, Miami, en el edifico Terra Beachside. También en la compañía hermana Luyaco Investment constituida en Panamá. 

Tras la detención del clan en Madrid y la extradición a Estados Unidos, su entorno cree que ha regresado a Venezuela, desde donde gestionan el patrimonio y viven con mayor tranquilidad, bajo el manto del gobierno venezolano. 

Un artículo de David Placer

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