Mariano Gómez Ulla, presidente del Club Financiero Atlántico

El Club Financiero Atlántico enfila la liquidación

La incapacidad para llegar a un acuerdo con su casero y el aumento de las deudas hacen que la histórica entidad empresarial encare su disolución

Todo parece indicar que el Club Financiero Atlántico, histórica entidad empresarial coruñesa, no será capaz de superar el concurso de acreedores en el que está inmerso desde finales del año pasado. Distintas fuentes aseguran a Economía Digital que la sociedad, a día de hoy, no solo no puede hacer frente a sus deudas, sino que estas siguen creciendo. Además, y según indican desde la plantilla, las relaciones entre la actual dirección, presidida por Mariano Gómez-Ulla, y el arrendador del edificio en el que se desenvuelve su actividad están prácticamente rotas, algo que también dificulta que la asociación pueda mantenerse en el emblemático inmueble de Salvador de Madariaga.

Por si fuera poco, este viernes, la plantilla del Club Financiero Atlántico llevará a cabo una protesta. La veintena de empleados de la asociación realizará un parón en su jornada entre las dos y las cuatro de la tarde. Piden la dimisión de Gómez-Ulla, que se les ingresen las dos nóminas que se les adeudan y que se despeje su futuro. También ellos opinan que la continuidad del club, tal y como se conoce en la actualidad, es “prácticamente imposible”.

Historia de una caída

Constituido en el año 89, el Club Financiero Atlántico nació con el objetivo de ofrecer a empresarios y profesionales de A Coruña “un lugar de encuentro exclusivo y con total privacidad para desarrollar sus relaciones comerciales y personales a través del intercambio de ideas”. El club contó desde sus inicios con un espacio privilegiado: la lujosa sede de la avenida Salvador de Madariaga, cuya propiedad estaba repartida entre distintos socios, entre ellos, Remocsa, empresa que, a la vez, era concesionaria de los servicios del club.

El germen de la crisis del Club Financiero se remonta ya a la época de Remocsa. La sociedad entró en concurso de acreedores y, a principios del año pasado, el Juzgado de lo Mercantil número 2 de A Coruña sacó a subasta 634 acciones del club en su poder con las que pretendía hacer frente a créditos impagados. Fue precisamente mediante esta puja como el Club Financiero acabó cambiando de casero. Esta y otras operaciones de compra anteriores hicieron que el empresario coruñés Esteban Vales acabase adquiriendo la mayoría accionarial (un 60%) de la sociedad denominada Propietaria Club Financiero Atlántico SA, la dueña del edificio. La Cámara de Comercio llegó a acudir a la subasta, aunque no logró quedarse con los títulos.

Cambio de casero

El cambio de arrendador fue determinante de cara a la presentación del concurso de acreedores. De forma oficiosa, desde el entorno del Club Financiero Atlántico se indicó que la elevada mensualidad que demandaba el nuevo casero era el principal motivo para solicitar la entrada en concurso de acreedores (proceso con el que esperaban “ganar tiempo” para negociar una salida).

No obstante, la plantilla que esta jornada se manifiesta, ofrece un relato un tanto diferente. Aseguran que los problemas con el nuevo arrendador, al margen del aumento de la mensualidad, derivan del hecho de que la entidad acumularía “unos cuatro años” de impagos (que justificaban con el hecho de haber hecho frente a distintas obras de mantenimiento). Además, y siempre según la versión que se da desde el entorno de los trabajadores, el contrato de arrendamiento caducó el pasado mes de octubre, por lo que, en este momento, la actividad del Club Financiero se desarrolla en un espacio del que no posee contrato en vigor.

"Sea como fuere, lo que parece claro es que el nuevo casero no tiene intención, tal y como están las cosas, de mantener el contrato del Club Financiero en el inmueble, algo que parece fundamental a la hora de decantar el futuro de la entidad", indican otras fuentes conocedoras de las negociaciones consultadas por este medio.

Una alternativa que no fue

"Llegar a un acuerdo con el arrendador es muy complicado, ya que parece que su intención pasa por vender el inmueble. Por otro lado, mientras el concurso avanza, la deuda de la entidad sigue creciendo", apuntan estas mismas voces. "Se comenta que, precisamente debido a la entrada en concurso, hubo muchos problemas para que las entidades bancarias pasasen las cuotas a los socios, motivo que derivó, entre otras cuestiones, en los impagos a la plantilla", añaden.

"La situación es muy complicada", convienen estas mismas fuentes del entorno empresarial coruñés. "En las últimas semanas hubo un grupo de empresarios que intentaron buscar abrir una nueva vía de negociación y tratar de salvar la situación mediante la compra del edificio, pero esa opción no salió adelante", dicen.

Así se dibuja el escenario sobre el que discurre el concurso de acreedores de la entidad empresarial que, para muchos, se hizo conocida por ser el lugar al que acude a desayunar y charlar, con un reducido grupo, el fundador de Inditex, Amancio Ortega.

 

 

 

Un artículo de C. Díaz Pardo

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