El clan Ruiz-Mateos encaja otra condena por ventas ilegales a Froiz y Cash Galicia

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La Audiencia de Palencia confirma la pena de 15 meses de prisión para el benjamín de la saga empresarial por comercializar de forma ilícita en supermercados gallegos

Álvaro Ruiz-Mateos al lado de la imagen de un Froiz

16 de octubre de 2014 (21:13 CET)

El extenso expediente judicial de la saga Ruiz-Mateos ha añadido un nuevo capítulo por una condena relacionada con la comercialización fraudulenta de productos alimentarios en la red gallega de supermercados Froiz y Cash Galicia, a través de unas operaciones materializadas por Nueva Rumasa a espaldas de las empresas propietarias de las marcas y de los propios establecimientos receptores de la mercancía. El nuevo borrón en la hoja de servicios del conocido clan empresarial afecta directamente al benjamín de la familia, Álvaro Ruiz-Mateos, protagonista de un fallo confirmatorio de condena por la Audiencia Provincial de Palencia a 15 meses de prisión y de multa, y también a indemnizar a las marcas de las que se aprovechó en su fallido plan empresarial.

La sentencia considera probado y confirmado que el hijo de José María Ruiz-Mateos hizo la vista gorda a las resoluciones judiciales que le vetaban para la comercialización de tabletas de chocolate de las marcas La Perfección y Viso. Estas enseñas son, por resolución judicial, propiedad exclusiva de los extrabajadores de tres firmas chocolateras que en su momento habían estado en la órbita del clan Ruiz-Mateos, a quienes, precisamente, los ex empleados acabaron embargando los bienes industriales de estas compañías en contraprestación a los derechos económico-laborales no satisfechos por Nueva Rumasa.

Arquitectura empresarial

Chocolates Atlántico, Intercao y Chocogalicia, todas ellas de la galaxia Ruiz-Mateos, fueron constituidas en su momento para volcar todo el patrimonio empresarial de una empresa viguesa anteriormente comprada por Nueva Rumasa, muy debilitada hasta que acabó en un callejón sin salida. Las tres firmas citadas, que heredaron el patrimonio troceado de la compañía viguesa, fueron utilizadas de forma instrumental con vistas a un proceso controlado de autodescapitalización, así como para apropiarse de las marcas de los productos --en aquel entonces bastante conocidas en el sector-- y, finalmente, manejar los terrenos de la fábrica, situados en Vigo, dentro de una utópica operación urbanística.

Con el tiempo, el sesudo plan de los Ruiz -Mateos hizo aguas. Nueva Rumasa --tras vaciar financieramente las tres compañías de las que había servido para hacerse con las marcas-- trasladó la producción de los chocolates a una fábrica de Palencia, y creó una nueva e intrincada arquitectura empresarial para darle cobertura a la nueva producción. Algunas sociedades que sostenían el entramado estaban radicadas en paraísos fiscales. En paralelo, las marcas La Perfección y Viso fueron finalmente adjudicadas a los ex trabajadores, que asumieron los derechos de su fabricación exclusiva por ser los legítimos titulares de la enseñas. Una resolución judicial prohibió expresamente a Nueva Rumasa fabricar estos productos.

Transacción


Sin embargo, aunque el plan ya hacía aguas desde hacía años, el clan familiar no se dio por vencido. Decidió aprovechar un remanente de lotes de tabletas de chocolate ya fabricadas en la planta industrial de Palencia. Pero sobre estos productos seguía pesando el veto absoluto para su uso posterior por quienes no fuesen los extrabajadores de las tres compañías viguesas ya extinguidas. A pesar de la prohibición para poder disponer de los lotes, el ahora condenado vendió cientos de estos productos de forma ilícita a través de la empresa Soluciones Comerciales La Trapa a los supermercados Froiz y Cash Galicia, sin estos conocer su origen y la irregularidad de la transacción diseñada por Álvaro Ruiz-Mateos.

Fallo garrafal

La condena al benjamín de la saga del empresario jerezano por parte de la Audiencia Provincial de Palencia, que confirma la del Juzgado de lo Penal de Palencia de febrero de 2014, no es si no la rúbrica de una forma de hacer negocios que tenía como telón de fondo aprovechar las cenizas empresariales de Rumasa en el proyecto igualmente fallido llamado Nueva Rumasa. Lo paradójico del asunto es que el inicio de la investigación que dio lugar al procesamiento y posterior condena del hijo de Ruiz-Mateos se origina por el efecto combinado de una casualidad y un error garrafal de planificación por parte del empresario: los extrabajadores propietarios de las marcas localizaron las tabletas a la venta en supermercados gallegos. Solo tuvieron que tirar del hilo.
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